Revista Cultura y Ocio

María del Mar Escobedo desvela los secretos del amor y el miedo en ‘Tu sombra de pájaro’

Publicado el 26 marzo 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

Entre la delicadeza y la amenaza, la escritora colombiana nos habla de cuerpos, afectos y ciudades heridas, explorando cómo el amor y el terror íntimo se entrelazan en su obra.

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

María del Mar Escobedo desvela los secretos del amor y el miedo en ‘Tu sombra de pájaro’

En Tu sombra de pájaro el cuidado y la amenaza parecen dos caras de la misma moneda. ¿Cree que todo acto de amor encierra inevitablemente una dosis de violencia?
No. Precisamente creo que un acto de amor implica renunciar a la violencia. Si entendemos la violencia como el uso de la fuerza en contra de otro (o de uno mismo), el amor implica una transformación de la fuerza en favor del otro. No veo el cuidado como el otro lado de la moneda de la amenaza, sino como una respuesta a su existencia: necesitamos que nos cuiden cuando algo nos amenaza, o bien cuidamos a quienes amamos cuando algo lo hace. El amor encierra, eso sí, una fuerza enorme, que fácilmente se transforma en otras cosas: en ilusión, en pasión, en confianza, en sacrificio, y sí, a veces, también, en violencia. Depende de cómo cuidamos de ese amor, en qué dejamos que se convierta. Lo que pasa es que mis personajes tienen los dos roles: ambas son una amenaza para la otra, y no tienen a nadie más que pueda cuidarlas. 

Isabel se convierte en guardiana y víctima de su prima Lorena. ¿Quiso retratar en esa relación el lado oscuro de la dependencia afectiva?
Por un lado, sí. Pero, más que retratar el lado oscuro, me interesaba explorar la decisión consciente de la dependencia. Isabel decide estar con Lorena, decide quedarse con ella, decide aceptarla como es, independientemente de que, al final, no tenga opción. Es, en ese sentido, un acto de amor: ella elige esa vida compartida con Lorena por encima de cualquier otra vida que pudiera tener. Elige depender de ese amor nuevo y difícil. Creo que todos dependemos de algo, adoramos algo, y en ello pones nuestros afectos. Un dios, una ideología, una convicción… y creo que lo que sea que adoremos acaba por devorarnos. 

    Los pájaros atraviesan la novela como símbolos de fragilidad y de destino. ¿Qué le asusta más, la idea de volar o la de no poder hacerlo nunca?
    Creo que ambas posibilidades son igualmente aterradoras, pero lo que más me asusta a mí es haber volado una vez y no poder hacerlo de nuevo. Volar implica una valentía de desapego, de dejar las cosas atrás, de enfrentarse al mundo sin nada que nos sostenga o nos proteja; no volar implica la valentía de la quietud, de mantenerse fijo en un lugar y lidiar con el peso del día tras día, de la posibilidad inalcanzable, de la frustración. Sin embargo, haber volado y no poder volver a hacerlo implica perderlo todo. Una vez volamos ya no podemos quedarnos en tierra, no podemos volver a la quietud porque nunca será igual, y extrañar el cielo es una forma terrible de prisión. 

      Medina es un territorio de sombras, casi un espejo de Bogotá. ¿Cree que las ciudades latinoamericanas enferman a sus habitantes o simplemente reflejan sus heridas?
      Creo que las ciudades en general están enfermas y llenas de heridas. Y, como los espacios son extensiones físicas de quienes los habitan, si la ciudad está herida, es porque sus habitantes también lo están. Y la tierra latinoamericana tiene la herida de la memoria perdida, de la sangre acumulada, de la negación de su magia. ¿Dónde están nuestros dioses? ¿Dónde quedaron nuestros espíritus, nuestros fantasmas, nuestras criaturas, nuestros espantos? Y creo que es ese desarraigo, esa sensación de maltrato y abandono, la sombra que llena Medina. 

        ¿Escribir este libro fue una forma de desafiar los tabúes sobre el cuerpo y la intimidad femenina?
        De muchas maneras sí lo fue. Pero creo que, más que un desafío a un tabú (que implica una relación con un juicio o una mirada externa sobre el cuerpo), me interesaba explorar la desconexión con el propio cuerpo. Mis personajes descubren, en el cuerpo de la otra, su propio cuerpo; en los temores y los deseos de la otra, los propios. En ese sentido creo que este libro es más bien un estudio sobre la vida vicaria, sobre el vampirismo, sobre un canibalismo simbólico, sobre la dimensión especular del otro que es como yo, pero no del todo. Creo que nos acostumbramos a vivir con una imagen de nuestro cuerpo y no con la consciencia de ser ese cuerpo que imaginamos, y los momentos en los que logramos vivir dentro del cuerpo por completo son los más felices. Los más placenteros. Los más impactantes. El amor se vive más intensamente cuando se vive también en el cuerpo. Todo placer nace y muere en las posibilidades del cuerpo, tiene un efecto físico en nosotros, y a las mujeres en particular se nos ha negado esa conexión. Nos la hemos negado nosotras mismas, también. 

          La atmósfera gótica y el suspenso recuerdan a Poe o a Shirley Jackson. ¿Qué buscaba provocar en el lector: miedo, compasión o incomodidad?
          Lo que más me interesa es buscar la belleza que crece y resiste en medio del miedo, la compasión y la incomodidad. Provocar fascinación ante algo aterrador, ominoso. Creo que mis lectores pueden tenerle miedo a Isabel y a Lorena, que pueden sentir atracción, fastidio y hasta lástima por ellas. Pero creo, también, que no pueden evitar sentir amor. No creo que haya creado personajes fáciles de odiar, pero sí fáciles de amar de temer. Y esa ambigüedad de no poder evitar amar a quien le temes, sin que este temor pase por el deseo de hacer daño, me parece fascinante.

          María del Mar Escobedo desvela los secretos del amor y el miedo en ‘Tu sombra de pájaro’
          Escobedo nació en 1990, en Bogotá, y estudió cine, creación literaria y una maestría en Escrituras Creativas. Fuente: ElTiempo.com

          Si Tu sombra de pájaro fuera un espejo, ¿qué cree que verían primero sus lectores: una historia de amor, un relato político o un cuento de terror íntimo?
          Yo creo que lo que predomina es el terror íntimo, que se convierte en una historia de amor. El relato político siempre fue, para mí, un contexto silencioso, algo lejano, que parece no tocar a las personajes al principio, y que lentamente se va metiendo a la casa, por debajo de la puerta, como si fuera humo. Mi intención era darle a la realidad del relato el lugar que solemos darle a la magia o a lo sobrenatural: un lugar lejano y difuso, que casi podemos ignorar, hasta que se introduce en lo cotidiano. 

            Después de una primera novela tan intensa, ¿qué terreno le gustaría explorar ahora como escritora? ¿Tiene ya algún nuevo proyecto entre manos? 
            Estoy terminando un manuscrito nuevo, otra novela. Le digo novela porque no sé cómo más decirle, pero en realidad es un caleidoscopio de duelos y de amores. He estado pensando en la determinación de encontrar belleza, de mirar el mundo con amor sin importar la circunstancia. Creo en el amor como posición ética, estética y política, y en el libro trato de exponer a mi personaje a situaciones en las que sea casi imposible sentir amor por el mundo, para que ella tenga que seguir intentándolo a pesar de todo. Es una exploración poética sobre la muerte, sobre la enfermedad, sobre la volatilidad de las relaciones humanas, sobre la resiliencia y la obstinación, sobre la fuerza indomable de la vida. 

              Como lectora, ¿qué libro la ha sacudido recientemente hasta el punto de querer subrayar cada página o recomendarlo sin reservas para cerrar la entrevista?
              Te di ojos y miraste las tinieblas, de Irene Solà. Me parece un relato extraordinario, original, fascinante y difícil, y he disfrutado mucho leyéndolo.


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