La sala, con luz tenue, mostraba imágenes traslúcidas de varios fragmentos de grabaciones muy antiguas, a lo Melies. Coloreadas y con una melodía de fondo.
Atardece en Madrid y los sueños empiezan a brotar como pequeñas plantas que no sé identificar. Por un momento he dejado mi imaginación volar y esta vez lo haré hasta que la realidad me lo permita.
Nos hemos perdido por unas calles más que conocidas, pero en ellas siempre hay algo por descubrir, algo nuevo que hallar, algo bonito que vivir.
Y así, convertida en mariposa, vuelvo a casa, con la cabeza llena de ilusiones.