Revista Salud y Bienestar

Mas de un año de pandemia y seguimos con la misma «brecha digital»

Por Pedirayudas @Pedirayudas

La pandemia ha afectado tanto a la vida diaria, que incluso trámites que hasta hace un año concebíamos como físicos han pasado al ámbito telemático.

Así pues, la COVID-19 ha dejado al descubierto multitud de debilidades que tiene la sociedad en cuanto a su estructuración y priorización de necesidades, pero también nos ha mostrado desigualdades existentes, tanto a nivel social como territorial. Y es aquí cuando nos encontramos de frente con la llamada "brecha digital", y la "alfabetización digital".

¿Qué es la brecha digital y la alfabetización digital?

La desigualdad en el acceso a Internet y las TIC se conoce como brecha digital y afecta al 52 % de las mujeres y al 42 % de los hombres del mundo.

El acceso a Internet nos ha permitido a muchos seguir adelante con nuestras vidas a pesar de la pandemia gracias a modalidades como el teletrabajo o la educación online, pero la realidad no es igual en todo el mundo. De hecho, casi la mitad de los habitantes del planeta -alrededor de 3.600 millones de personas- no tiene siquiera acceso a la red, según advertía a finales de 2019 la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En este punto conviene matizar entre el acceso a Internet y la alfabetización digital. Es decir, el proceso de aprendizaje que permite a una persona adquirir competencias para entender y aprovechar el potencial educativo, económico y social de las nuevas tecnologías.

Causas y tipos de brecha digital

La brecha digital se atribuyó en un primer momento al subdesarrollo y se percibió como algo pasajero que desaparecería con la popularización de la tecnología. En cambio, la fractura persiste hoy a pesar de la comercialización masiva de dispositivos electrónicos con acceso a Internet. Las causas pueden ir desde el alto precio de los dispositivos mencionados, a la falta de conocimientos sobre su uso o al déficit de infraestructuras para su acceso.

Estos son los tipos de brecha digital:

Brecha de acceso: Se refiere a las posibilidades que tienen las personas de acceder a este recurso. Aquí entran en juego, entre otras, las diferencias socioeconómicas entre las personas y entre los países, ya que la digitalización requiere de inversiones e infraestructuras muy costosas para las regiones menos desarrolladas y para las zonas rurales.

Brecha de uso: Hace referencia a la falta de competencias digitales que impide el manejo de la tecnología. En este sentido, y por poner un ejemplo, hay 40 países en los que más de la mitad de sus habitantes no saben adjuntar un archivo a un correo electrónico.

Brecha de calidad de uso: En ocasiones, se poseen las competencias digitales para manejarse en Internet, pero no los conocimientos para hacer un buen uso de la red y sacarle el mayor partido posible. Por ejemplo, en lo relativo al acceso a información de calidad.

Consecuencias de la brecha digital

La discriminación tecnológica constituye una forma de pobreza y exclusión social, al privar a una parte de la ciudadanía de recursos esenciales para desarrollarse y generar riqueza. Lo hemos visto con frecuencia durante la pandemia de COVID-19, al encontrarse numerosos estudiantes y trabajadores con dificultades para teletrabajar y seguir las clases online. Y no solo eso, si no que a afectado a la gran mayoría de la población, ya que, para realizar cualquier tipo de trámite, era necesario tramitarlo a través de internet, o bien esperar durante semanas o meses para que nos pudiesen atender de manera presencial.

A raíz de esto, se comenzaron a vislumbrar ciertos efectos a consecuencia de las diferencias a la hora del acceso a internet, como, por ejemplo:

Incomunicación y aislamiento

Los habitantes de áreas remotas a las que no llega Internet están incomunicados. Algo parecido les ocurre a los residentes de zonas urbanas que viven desconectados al provocar aislamiento social.

Barrera al estudio y al conocimiento

La crisis del coronavirus ha mostrado los efectos de la brecha digital en la educación: profesores y alumnos en fuera de juego por carecer de la tecnología y las competencias digitales suficientes. También aumenta la ignorancia al limitar el acceso al conocimiento.

Acentúa las diferencias sociales

El analfabetismo digital disminuye las opciones de encontrar trabajo o de acceder a un empleo de calidad, lo que repercute negativamente en la economía de los trabajadores.

Discriminación sexual

Como vimos al principio, la brecha digital perjudica más a las mujeres que a los hombres, lo que vulnera los principios de igualdad de género.

Cómo se ha adaptado la ciudadanía a la nueva realidad

En materia de educación el alumnado tuvo que adaptarse rápidamente para poder continuar con las clases desde casa. A priori podemos pensar que no fue muy difícil, ya que hoy en días todos los hogares parecen contar con internet y dispositivos. Pero esto queda lejos de la realidad. Existen muchos hogares que no cuentan con los medios necesarios para poder tener una conexión a internet estable, que haga frente a horas de clases online.

Muchas familias se han visto obligadas a trasladarse a casa de familiares o conocidos que contasen con los medios para que sus hijos pudiesen seguir el ritmo escolar. Incluso a pedir prestados ordenadores, en el caso de no poder desembolsar la cantidad necesaria para poder adquirir los equipos necesarios.

Pocos han sido los centros escolares que han facilitado los recursos a las familias más desfavorecidas, y pocas o nulas han sido las ayudas por parte de las entidades para hacer frente a este tipo de gastos.

Teletrabajo

Han sido muchos los empleados que a raíz del estado de alarma comenzaron a teletrabajar. Si bien al comienzo se pudo entender que no todos contasen con el equipo adecuado, y tuviesen que ponerlo de su parte. Pasado un año, son muchos los que aún no cuentan con los recursos materiales necesarios para realizar correctamente su labor.

Los trabajadores tuvieron que adaptar sus equipos y sus conexiones a internet para poder hacer frente a sus tareas y a los programas informáticos que se necesitan, los cuales suelen necesitar de ciertas condiciones y características que no todos los pc a nivel usuario tienen.

En las zonas más rurales, o desfavorecidas, numerosos trabajadores han tenido que desplazarse para poder desarrollar su labor. Puesto que la calidad de conexión con la que contaban, no permitía realizarla por vía telemática. A pesar de que muchas de estas empresas han procurado dotar a sus empleados de los medios necesarios para realizar este teletrabajo. Finalmente no ha sido posible por la escasa potencia de la red, o equipos insuficientes.

Trámites administrativos online

Y aquí entra el conjunto completo de la población, ya que hemos tenido que adaptarnos y ponernos las pilas con las tecnologías para poder gestionar los trámites cotidianos. Desde tramitar una prestación o ayuda, como gestionar demandas de empleo, o pedir cita en el médico, acciones que antes se podían hacer de manera presencial, y que la pandemia nos dejó sin esa opción de un día para otro.

Desde las distintas administraciones y entidades, han intentado facilitar dichos tramites, ofreciendo guías, tutoriales e información dirigida a la población. Sin embargo, todo ello ha resultado muy insuficiente.

Métodos de identificación digital

Y es que no solo encontramos dificultades con respecto a la falta de conexión a internet, o por no contar con dispositivos adecuados para el acceso y gestión. Uno de los problemas más frecuentes fue el no contar con certificado electrónico, o algún método de identificación telemático, y que era necesario para casi la totalidad de los trámites.

Además, adquirirlo resultaba casi imposible durante los meses de estado de alarma, ya que los lugares destinados para conseguirlo estaban cerrados al público, y no existía alternativa para ello.

Población en riesgo de exclusión social por partida doble

Gestionar online hasta el más mínimo detalle se ha convertido en un autentico quebradero de cabeza. Especialmente, para la población en riesgo de exclusión, debido a la carencia de medios materiales y conocimientos del manejo informático. Ante la evidente necesidad tras la pandemia de tramitar y solicitar ayudas para poder sobrevivir.

Es así como su situación socioeconómica ha empeorado notablemente, sin olvidarnos del perjuicio emocional y de salud mental que esto acarrea. Han tenido que valerse de paciencia y esperar largos periodos de tiempo para ser atendidos y orientados por teléfono.

Incluso, se han visto perjudicados al realizar las gestiones con algún error, por la falta de apoyo profesional y la información necesaria, teniendo como resultado la denegación de la ayuda, o tener que esperar el doble de tiempo hasta corregirla.

Población de edades avanzadas

No pensemos que hablamos solo de personas de más de 80 años, la población de mediana edad también ha sufrido esta brecha digital durante la pandemia de manera significativa.

Son personas que siempre han realizado sus trámites, tales como ir al banco, pedir cita para el médico, o tramitar alguna documentación, de manera presencial. Y de pronto, vieron como perdían esa opción, y al parecer todos debíamos saber cómo realizar los trámites de manera telemática, sin importar edad, condición, género o procedencia.

Estas personas perdieron durante meses su autonomía, ya que debían delegar estas tareas a familiares y conocidos para que lo hiciesen por ellos.

Un bien necesario y básico

En el siglo XXI es necesario que el acceso a una conexión de Internet de calidad sea entendido como un bien necesario y básico para el desarrollo de cualquier entorno. Y cuanto más tiempo se deje pasar en dotar de las infraestructuras necesarias para ello a todas las zonas de nuestro territorio, mayor será la brecha que se genere.

Por todo ello, es necesario entender este tema con una visión global que afecta a todo el territorio, tomando medidas globales y planteando soluciones que acoja a toda la ciudadanía.

Centrándose en dos aspectos clave:

  • Hacer hincapié en proyectos educativos que doten de habilidades para el correcto manejo de las páginas web, aplicaciones y sedes electrónicas que ofrecen los servicios telemáticos.
  • Dotar a las entidades sociales de presupuestos y fondos suficientes destinados a cubrir las necesidades materiales en cuenta a dispositivos e instalación de conexión a internet, necesaria para hacer frente a estas actividades.

Como ya hemos mencionado al principio, la brecha digital ya existía, y a raíz de la pandemia se ha agravado y se ha hecho más evidente.

La nueva normalidad nos traerá una realidad donde la presencialidad en las gestiones disminuirá, e irá ganando terreno los trámites telemáticos. Los cuales por otro lado, resultan más cómodos y rápidos, mientras que se cuenten con los recursos necesarios.

Es por ello que urge implantar más medidas de apoyo para paliar estas grandes deficiencias. Que no hacen más que empobrecer y desfavorecer en todos los sentidos a la población que no pueda acceder a estos recursos.
Mas de un año de pandemia y seguimos con la misma «brecha digital»

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