Me llamo lucy barton

Publicado el 20 septiembre 2016 por Aleon @Aleonpizarro
de Elizabeth Strout.

Título: Me llamo Lucy BartonAutora: Elizabeth StroutEditorial: Duomo Editorial, 2016Páginas: 224.
Resumen oficial.
En una habitación de hospital en pleno centro de Manhattan, delante del iluminado edificio Chrysler, cuyo perfil se recorta al otro lado de la ventana, dos mujeres hablan sin descanso durante cinco días y cinco noches. Hace muchos años que no se ven, pero el flujo de su conversación parece capaz de detener el tiempo y silenciar el ruido ensordecedor de todo lo que no se dice.
En esa habitación de hospital, durante cinco días y cinco noches, las dos mujeres son en realidad algo muy antiguo, peligroso e intenso: una madre y una hija que recuerdan lo mucho que se aman.
Impresión personal.
A veces nos gustaría dar marcha atrás y poder tener la oportunidad de hacer las cosas que hicimos o que nos hicieron de otra manera. Pero el trabajo de crecer consiste precisamente en darse cuenta de que volver atrás es imposible y que tenemos que seguir viviendo sin intermedio que nos ayude muchas veces a repensar nuestras vidas: lo que fue, lo que es y lo que nos gustaría que fuera. Es curioso, pero las largas estancias en un hospital, al margen de lo insano que significa la enfermedad física, en muchas ocasiones es también un punto de encuentro tranquilo y sosegado donde, si las condiciones físicas lo permiten, se tienen vivencias especiales con tus familiares más cercanos que el día a día no permite.
Me ha encantado este libro. Me he identificado mucho con Lucy y con la situación de encuentro sosegado con su madre. Y he tenido la suerte de vivirlo hace ya demasiados años, con independencia de que nuestra vida sea diferente. Esa comunión madre-hija, en un semi-silencio donde las palabras sobran porque sólo con mirarnos se consigue ese punto de comprensión y entendimiento que sólo puede producirse entre dos personas que se aman desde siempre e incondicionalmente. Mi madre fue enferma de diálisis y yo hacía esa diálisis en casa tres días a la semana durante cuatro horas en que su sangre circulaba por largos tubos para purificarse y purificarnos. Cuatro horas en días alternos donde en una habitación las dos solas charlábamos de los divino y de lo humano y donde las cuestiones o las cuentas pendientes entre las dos, las sentíamos sin decirlas. No hacía falta. Flotaba en el ambiente la comprensión, el perdón y el "ya pasó" y "un siempre te querré" que era la mejor medicina. Y las estancias hospitalarias, siempre largas, eran toda una comunión silenciosa, tranquila y ... maravillosa. ¿Raro no? Pues ya veis, yo echo mucho de menos esos días. Nunca me sentí más tranquila y más... segura.
La relación de Lucy Barton, una mujer que ha conseguido salir de una vida de pobreza predeterminada por su situación social, y de su madre es un poco así. Una relación de cuentas pendientes, de penuria y pobreza extrema pero de un amor sin medida de la una por la otra que nunca las abandonará. Y cuando hay tanto amor, todo lo demás sobra, sobran las palabras y sobra hasta la presencia. Porque Lucy quiere a su madre incluso después de la cantidad de años que han pasado desde que se fue de su casa, unos años en los que no se han visto, su madre no ha contactado con ella nunca y cuando Lucy lo hacía, incluso, notaba que sus llamadas no eran bien recibidas. Pero nada de todo eso ha conseguido a lo largo de los años romper ese fuerte vínculo entre madre e hija. Por ese vínculo está su madre esos días con ella en el hospital, charlando como si nada hubiera pasado, cotilleando sobre las personas que ambas conocían como si les fuera la vida en ello y nunca se hubiera interrumpido su relación.
Y es que el pasado de Lucy y el presente aún de su madre esta lleno de miseria extrema, como el de tanta gente en Estados Unidos y en el resto del mundo. En el país de las oportunidades, la autora nos trae al presente la situación extrema de familias como la de Lucy; una familia que vivía en un garaje sin calefacción, sin agua caliente y hasta sin un baño donde realizar las necesidades básicas; una infravivienda que provocó que Lucy, para evitar el frío extremo en su "casa" se quedara más tiempo en el colegio para hacer los deberes sin pasar tanto frío y ello acabó orientándola hacia la literatura y terminó haciéndola una escritora de éxito al margen de la miseria en que se había criado. Por eso conoceremos a dos Lucys: la del pasado miserable y la del presente, una mujer de éxito, independiente, que vive en el Nueva York afortunado pero con grandes heridas abiertas por un pasado imposible de olvidar. He tenido todo el rato la sensación de encontrarme a una Lucy que, aún estando acompañada, ha llevado siempre una vida donde la soledad ha primado frente a otras cuestiones. Seguramente por eso llega a valorar tanto los pequeños detalles que tienen con ella su médico, las enfermeras, sus hijas o su madre. Se conforma con poco porque nada ha tenido nunca.
Por resumiros, Me llamo Lucy Barton es un libro intimista, preciosamente intimista y profundo que me ha tocado un buen "cachito" de corazón. Una lectura que necesita sosiego y calma para paladearla y extraerle el jugo a todos aquellos huecos que no se nombran pero que se leen entre líneas y casi se sienten. Cinco días que son toda una vida para ponerse en paz y cerrar viejas heridas.