Media vuelta

Por Noeargar
Singapur. 1 de noviembre 2011
Hemos subido a lo más alto del continente africano, nos hemos perdidos en la desconcertante India, hemos rodeado las montañas más altas de la tierra bajo el monzón, atravesado de Sur a Norte la gigantesca China y sentido el infinito en el desierto del Gobi. Hemos visitado fugazmente la capital de Corea, lidiado con el turismo más rancio en Vietnam y explorado en moto pequeños y encantadores poblados en Laos. Nos hemos “sumergido” en los templos de Angkor, buceado por primera vez entre corales y peces de colores y paseado junto a las tiendas más exclusivas (?) de Singapur… y lo que nos queda.Hemos recorrido miles de kilómetros y empleado muchas, muchas horas de viaje. Recordamos con especial cariño el interminable viaje de regreso a través de los valles de los Annapurnas con la montaña desmoronándose a nuestro paso, las 20 horas hacinados en un autobús metropolitano camino del lago Khosvol transitando sin parar por inexistentes caminos con menos de 0 grados en el exterior, o las 32 horas para cruzar los escasos 600 kilómetros que separan Hanoi de Luang Prabang entre averías y fronteras. Duros trayectos que siguen sin superar aquellas 48 horas de nuestro primer viaje a Nepal desde Nueva Delhi, donde finalmente llegamos tras dos horas de caminata con las pesadas mochilas remontando las laderas de acceso al valle de Kathmandu. Pero el camino es parte del viaje y es precisamente en esos lugares, donde más esfuerzo nos ha costado llegar, de donde mejores recuerdos guardamos.Hemos visitado milenarios templos y modernos edificios, hemos recorrido desolados paisajes y concurridas ciudades, hemos visto y oído muchas cosas, pero sobretodo hemos conocido a mucha gente. Algunos con los que tan solo hemos coincidido horas, otros que han formado parte de nuestro viaje. Algunos serán amigos para siempre, a otros posiblemente no los volveremos a ver. Muchos realizando viajes realmente increíbles que nos recuerdan que todo es más sencillo de lo que creemos, personas que no quieren ser simples espectadores consolándose mientras piensan que siempre son otros los que tienen la suerte, que hace tiempo desenterraron de su vocabulario las escusas del dinero y la inseguridad, que se niegan a que su vida sea exclusivamente trabajar con las falsas promesas que una vez jubilado harán todo aquello que no pudieron. Llegados a la mitad del recorrido, dos cuartos, una docena o cuarto y mitad… quien sabe, estamos más convencidos que nunca de la decisión que hemos tomado. Es ahora, cuando el cuerpo y la mente lo permiten, cuando estás dispuesto a recorrer carreteras pedregosas durante días para llegar a donde sea, cuando tienes la fuerza de subir montañas, es ahora, no después.“Nunca podrás cruzar el océano si no tienes el coraje de perder de vista la orilla”

GALERIA DE IMAGENES: VISITA NUESTRA PAGINA DE FACEBOOK