En esta ocasión no hay nada. Una de las médicos me comenta: "He visto un vértigo, pero le he puesto tratamiento y le he dado el alta" (ante una crisis aguda poco más se puede hacer, el enfermo mareado no está para soportar muchas exploraciones). "La paciente venía del ginecólogo, mientras estaba en la consulta se ha empezado a encontrar mal y le ha preguntado al ginecólogo si había un médico por allí. El ginecólogo le ha dicho que no, que tendría que acudir a su Centro de Salud, y de ahí, en un alarde de eficiencia, la han mandado a la urgencia."
Nos reímos. Es cierto que un ginecólogo poco va a hacerle a un vértigo, la especialización es lo que tiene, se te olvida el resto de la carrera, pero de ahí a decirle a una paciente que allí no había ningún médico... Ese ha sido el desencadenante para recordar batallitas, la medicina está llena, no se me olvidará el día que la residente de familia que estaba conmigo de guardia tuvo que salir pitando al box de enfrente a atender un dolor abdominal que resultó ser un dolor de parto. La paciente no sabía que estaba embarazada, y eso que no era el primero.
"Me acuerdo de la primera vez que en un viaje en avión pidieron un médico", contó la misma médico. "En el asiento de atrás iba un niño al que empezó a subirle la fiebre hasta que se puso malísimo. Yo venía de un congreso y me acompañaba una residente. Cuando pidieron un médico por megafonía, la residente, en su inexperiencia, hizo amago de levantarse. "Espera un poco", le dije, "seguro que aparece alguien". No tardo en acercarse por el pasillo una mujer contemporánea de Tutankamon, y cuyo aspecto poco tenía que envidiarle a la momia. "Yo soy anatomopatóloga", dijo. Mi residente me miró con cara de "el niño aún no está como para hacerle una autopsia". Aún así, la retuve. La patóloga miró al chiquillo, le tocó la frente y comentó "creo que le iría bien un poco de paracetamol." La madre debía llevar un bote encima y preguntó "¿Cuánto le doy?". "No sé, ¿qué cantidad suele tomar?" La madre no se acordaba y la patóloga miraba el bote sin saber. No pude contenerme, me di la vuelta y dije: "En el prospecto viene una tabla con la dosis según el peso del niño, solo hay que mirarla y ajustar la jeringa dosificadora". "¡Ah! ¿Es usted pediatra?" "No, soy internista, pero hágame caso".