Hace mucho tiempo que este blog evita meterse en política, prefiriendo centrarse en cuestiones de creación artística o culturales, que son bastante más gratas y productivas.
Pero la invasión de nuestro país a través Melilla, y sobre todo por Ceuta ya es el colmo (el enésimo). Todo mi apoyo a los compatriotas españoles que están viviendo una situación indignante, intolerable e ignominiosa en su propia tierra, en su propia nación, inconcebible para esta época, el país que se supone que somos y el lugar que ocupamos en el mundo (o deberíamos).
Hay quienes, con motivo de esto están rememorando la marcha verde, y quizás no les falte razón; pero a mí me está recordando a otros episodios históricos nuestros bastante más preocupantes: como las continuas razias de Al-Ándalus que sufrimos constantemente antes de conseguir culminar la Reconquista y lograr la expulsión de los invasores, o peor… a como cayó el gran Reino Visigodo de Toledo, ya sabéis, ese en el que un monstruo traidor sin escrúpulos, lleno de maldad, odio, resentimiento, oportunismo y egoismo, permitió entrar, precisamente a través de Ceuta, a unos intrusos que acabaron por destruirlo todo.
Sin embargo, para evitar hacerse demasiada mala sangre, vamos a recordar algo positivo, una publicación mía con casi una década, motivo de este memorándum, que habla de cuando el pueblo de Ceuta y Melilla demostraron, de forma pública y notoria, lo españoles que son con motivo de la visita oficial de S.S.M.M. Don Juan Carlos I y Doña Sofía… está claro que urge otra visita de la Familia Real al completo, aún llegaré más lejos: Su Majestad el Rey Don Felipe VI debería plantearse seriamente convertir las Ciudades Autónomas en su nuevo destino de veraneo, como mínimo este año.
Cuando Ceuta y Melilla nos dieron una lección de españolismo
