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Memorias de Cannes (o dos pardillos en la tierra de la opulencia)

Publicado el 08 junio 2013 por Fimin

08 de Junio del 2013 | etiquetas: Festival de Cannes, Cortometrajes, Humor

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Después de 7 horas de coche, con el maletero lleno de jamón, pan de molde y dvd’s de nuestro corto, llegamos a Cannes… y está diluviando. La imagen idealizada de la alfombra roja, y las estrellas sonriendo a los flashes, queda diluida por un chapuzón que hace que los paraguas sean los protagonistas de la escena.

Memorias de Cannes (o dos pardillos en la tierra de la opulencia)

Nosotros, equipados con nuestros chubasqueros rotos de “laCaixa” y las zapatillas deportivas empapadas, veníamos dispuestos a cumplir con un claro objetivo: ¡dar un dvd a Steven Spielberg! Por muy ET’s que fuéramos en Cannes, iríamos a lo tiburón, jugando con nuestra inteligencia artificial para provocar un encuentro en la tercera fase y así poder regalar nuestro humilde trabajo al maestro…Decidimos jugar al Atrápame si puedes, pero tendréis que llegar al final de nuestro Minority Report para saber el desenlace.

Memorias de Cannes (o dos pardillos en la tierra de la opulencia)

Sin ropa de gala, ni contactos. Con la pertinente acreditación alrededor del cuello, te predispones para fiestas, glamour y yates. Crees que con tu condecoración, las puertas de Cannes están más que abiertas. Pero la ilusión va a durar pocos minutos de metraje. Has venido preparado con tu indumentaria más formal, usada por última vez en la BBC más próxima (ya sea una Boda, un Bautizo o una Comunión), y que pretendes reciclar para las proyecciones de gala. Primero, descubres que las invitaciones vuelan. Entrar en el Grand Théâtre Lumière es un reto al alcance de los más madrugadores (o de los más “enchufados” de la industria). Una vez pasada esta primera criba, descubres que tu concepción de elegancia, diverge un poco del que exige la organización. Tu americana barata y tus zapatos de domingo, no cuelan como esmoquin.

(Nota: Propuesta de negocio para los más emprendedores. Montar un chiringuito en la Croisette de alquiler de esmóquines (¡TE FORRAS!). Ah, y no olvides el servicio de “pajaritas”.)

El glamour del festival dura dos representaciones a las 19.30 y a las 22.30. Pero en las veinte horas restantes, la obra se interpreta como un mercado en el que cada uno ha venido a “hablar de su libro” y todo el mundo está en venta. Reuniones en los stands, encuentros inesperados en cafés cerca del Palais comidas de trabajo de mala digestión. Una especie de “Mobile World Congress” filtrada por trailers, pósters y presupuestos.

Memorias de Cannes (o dos pardillos en la tierra de la opulencia)

Todo transcurre en el Palais del Festival. Si tienes acreditación, estás dentro y eres parte de la industria. Si no, estás fuera. En la salida es dónde confluyen los dos mundos. Y ahí se da cita a una competición del cartel más ingenioso. Una auténtica aglomeración de “busca-invitaciones”; gente que quiere ganarse la simpatía del conferenciante, demasiado cansado para asistir a los cómodos cines del festival, y que con cartelitos pretenden intercambiar besos, abrazos o la mejor de las sonrisas, por entradas. (Por cierto, la caligrafía de algunos delata que hay gente que no completó el mítico “Cuaderno 1 Santillana - Pauta y cuadrícula. Grafomotricidad: trazos preparativos para la escritura” de cada verano).

Llega la noche, y con invitación o sin invitación, esperas entrar en alguna de las numerosas fiestas que suceden a tu alrededor. Pero no pasa de ahí: de tu alrededor. Unos guateques en los que nunca serás invitado. Las fiestas de nunca jamás. Te conformas con acabar los días a 6€ la pinta, en “Le Petit Majestic”, centro neurálgico de la noche que reune una mezcla ecléctica de cinéfilos. Desde peces gordos, que tienen encuentros fugaces en la terraza, hasta los más pardillos (leáse nosotros), que a falta de acceso a fiestas ocupan mesas a la caza de contactos.

Reavivas los conocidos de la noche, la mañana siguiente. Bajando a las catacumbas del Palais, se encuentra el Marché du Film, y en un rinconcito el “Short Film Corner”. Un espacio con tropecientos pamfletos, de un montón de cortometrajes, que se dan cita en Cannes para promocionarse. Entre tanto ego y autobombo, vas encontrándote con un reducto de cineastas molones con los que las conversaciones pueden acabar en colaboración.

Estar en Cannes supone una gran oportunidad, ahí se cuece todo. Pero una gran ventaja, conlleva un gran inconveniente. Todo el mundo lucha para ser el centro de atención, convirtiendo la ciudad en una jungla. Los creadores se pelean entre ellos para secuestrar la presencia de distribuidores, compradores y festivales para que asistan a su proyección o conozcan su proyecto.

Nuestra particular pelea. El objetivo número 1 en nuestra lista de schindler era darle el corto al bueno de Steven Spielberg. Estábamos en Cannes, teníamos acreditación, llevábamos siempre dvd’s encima, transitábamos por las arterias más secretas del Palais… lo teníamos todo a nuestro favor. Así que cuándo llegó el momento, estábamos preparados. Nuestro encuentro fue como estar en una peli de dibujos. Efímero, de trazo grueso, pero de lo más animado.

Memorias de Cannes (o dos pardillos en la tierra de la opulencia)

Artículo escrito por Betu Martínez y Víctor Sala, basado en su experiencia en el Festival de Cannes, actuando como auténticos pardillos en un lugar de la Costa Azul, de cuyos precios no quieren acordarse. No hemos dicho, por autocensura: que alguna noche se ha dormido en el coche, que no ducharse cada día es andrajoso, y que comer latas de atún en la playa, no es recomendable. Así como tampoco hemos dicho el corto que presentábamos: ROBOTA


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