Mendoza, y sus rutas del vino, otra vez, nos regalan momentos inolvidables.

Por Alejandra Naughton Alejandra Naughton @alenaughton


Mendoza, por segunda vez en el año, nos regala días inolvidables. Durante la Vendimia fue el sol y la fascinación de la cosecha. Por estos días, en cambio, el aire frío insinúa el preludio de lo que en unos pocos meses renacerá. Confirmamos, como nos contaban los mendocinos en Marzo, que la belleza dura todo el año. Entre estaciones, su paisaje cambia la fisonomía virtuosa y cíclica: en verano verde pleno, con el color de los racimos contrastando con las hojas, las mismas que se deshojan con el frío del invierno cuando los cultivos se repliegan, y duermen, custodiados por los picos helados de la Cordillera de Los Andes. 

Haciendo base en el recientemente relanzado Gran Hotel Potrerillos distinguido por su porte tradicional, su emplazamiento, y la hospitalidad de su equipo, visitamos las Bodega Viña Cobos y Lagarde. En Viña Cobos, el protagonista indiscutido fue el vino. En Lagarde, al vino, se le sumó el predio, el concepto industrial que nos remonta a la tradición, con techos altos revestidos en el interior por cañas. El restaurant es un encanto, deliciosamente decorado, mezcla moderna y retro. El menú de cinco pasos regado de vinos premium, delicioso. Ocupamos la mesa "Henry" en honor a su marca de mayor gama. Nuestra recorrida por esta Mendoza en Agosto, siguió en Casa de Uco, un lugar muy cerca de la cordillera emplazado entre viñedos, como no podía ser de otra manera. Los grandes ventanales y dobles alturas nos dan la sensación de estar suspendidos en la naturaleza, adentro y fuera a la vez. No hay ventana que no regale un paisaje de excepción. La decoración interior solo genera sensación de refugio, relax, y buen gusto. Muebles y objetos color pastel, cálidos, elaborados en materiales nobles conviven en armonía con la estructura de cemento alisado. Todo está dispuesto para el disfrute. A las espectaculares vistas se suman una oferta culinaria variada que, flexible, se adapta a los vinos de su cava generosa, y una atención absolutamente personalizada de su House Team siempre al servicio del bienestar del huésped. El buen vivir sencillamente, fluye. Los sentidos se regocijan con distintas propuestas, desde caminatas, paseos apacibles a caballo, arquería, el spa o... una cena acompañada con la charla de un enólogo. Tuvimos el gusto de ser guiados por Andrea Mufatto y Gerardo Michelini quienes generosamente compartieron la magia detrás de algunas de sus marcas de Bodegas Gen del Alma. Empezamos con su JiJiJi, terminamos con su exclusivo SuperUco. Una propuesta diferente, soñadora y de calidad de "La enóloga y el otro Michelini" (me encantó esa bajada de sus etiquetas).


Casa de Uco se emplaza, como su nombre lo indica, en el Valle de Uco, al pie de los Andes. La elevación del Valle, sus suelos, sus microclimas con lluvias y sol exactos, con amplitud térmica ideal, son propicios para el cultivo de la vid. Desde hace más de 10 años que se instalaron los primeros establecimientos en el Valle, la zona no ha dejado de consolidarse y crecer en infraestructura al servicio de la industria vitivinícola argentina destacada por su excelencia. 
Entre tantas bodegas de la zona, tal vez sea Salentein la más espectacular. Allí, se combina el fruto de la tierra, el valor agregado de la producción industrial a gran escala y de última generación, y... una arquitectura muy singular. En su Espacio Killka, se puede disfrutar de degustaciones ofrecidas sobre trozos de mármol tan enormes que por su peso han sido ubicados allí incluso antes de elevar los techos. A pocos metros de las salas de degustación se ubica el epicentro del complejo: la catedral del vino, la cava con forma de anfiteatro. Bastará para despertar la curiosidad contarles que destaca en su centro un piano de cola, sobre un piso de marmol que dibuja una rosa de los vientos y sus puntos cardinales, representando la conexión de la bodega con el mundo. Allí se celebran conciertos (ya vemos que la ruta del vino, deviene de tiempo en tiempo en ruta de la música...).
El recorrido siguió en Siete Fuegos, de Francis Mallman, gastronomía argentina de excelencia. Sus fuegos, que nos acariciaron en un día con agua nieve hicieron magia con el pan, con las carnes diversas y vegetales que cada uno eligió y unos ñoquis que, en mi opinión, son los mejores del mundo.
De vuelta en Casa de Uco y a horas del regreso a Buenos Aires, nos espera un rico asado a leña. Me quedo pensando en lo hermoso y variado que es nuestro país, en su evolución, en su enorme potencial. Mendoza, en invierno o en verano, siempre hace bien a los sentidos! Aunque...para ser sincera, lo que hace a este viaje especialmente inolvidable es haberlo hecho en familia, completa, las tres generaciones juntas, celebrando. Salud!
PD. Elegimos Mendoza para celebrar a Papá cumpliendo sus 80 años y a Mamá que lo acompaña formando un dúo que nos enorgullece. Nosotros soñamos estos días para ellos y @hontravel Wine Tours con @marsusmarcelo cuidando todos los detalles lo hicieron posible. Gracias!