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Mensajes a las estrellas

Publicado el 16 octubre 2020 por Jorge Maqueda @jorgemaqueda

Ciencia  ― Astronomía ―AstrobiologíaS.E.T.Y.


Mensajes a las estrellas     A razón de terminar de escribir el texto anterior: Lo de Venus me huele fatal, recordé este otro, escrito ya hace algunos años; si bien, tan vigente hoy como entonces ―y al que después de hacerle una muy pequeña revisión― decido publicar de nuevo; y en el que me hago ciertas preguntas acerca de cuestiones, digamos, más que sugestivas entorno a Qué hacen los astrónomos ¿Buscan respuestas? o están abriendo puertas hacia  lo desconocido: desafiando la suerte de todos nosotros
     La curiosidad y el deseo de comunicarnos parece ser un aspecto ligado a la humanidad. Desde el primer momento en que el ser humano adquiere conciencia de sí mismo y de su entorno, un irrefrenable deseo de entablar contacto con los demás y de conocer nuevas fronteras parece apoderarse de éste; muchas veces, sin tener en cuenta las consecuencias dramáticas que dicho deseo pueda acarrear. El ansia por avanzar, conocer comprender, nos lleva en más de una ocasión a tomar decisiones equivocadas relacionadas con temas que precisan de mayor detenimiento y estudio, antes de llevarlos a fin. Sin embargo, después de haber cometido y, seguir cometiendo errores, el hombre hasta ahora parece salir adelante, indemne, de su necesidad ancestral de ir por delante, de aventurarse a nuevos proyectos. Pero, la cuestión merece de atención, cuando el interés va mas allá de la tierra, y se vuelve hacia lo desconocido, lo inexplorado: hacia la profundidad del cosmos y sus misterios y, cómo no, sus peligros. Pero mi inquietud se agrava más, al observar la ingenuidad mostrada por algunos científicos a la hora de desarrollar proyectos con fines más que impugnables. 
A lo largo de nuestra existencia, la humanidad no ha dejado de hacerse preguntas acerca del inmenso universo que le rodea. Preguntas que en la mayoría de ocasiones no llevan más que a otras preguntas, aún mayores, acrecentando o evidenciando nuestro enorme desconocimiento. Poco sabemos aparte de que esta historia ―del universo― comenzó hace muchísimos millones de años y, que desde entonces se desarrolla de manera ininterrumpida, sin que el hombre parezca haber sido ni ser un elemento importante hasta el momento. Sin embargo, desde hace décadas e, igualmente, en la actualidad, algunos científicos han optado por volcar enormes esfuerzos en diferentes proyectos de búsqueda de inteligencias extraterrestres, incluso, intentando entablar contacto y, así encontrar respuestas a esa única duda que para algunos parece ser tan trascendente, que les hace olvidar lo más importante para el conjunto de la humanidad. Pero ¿hacia llevaran esos intentos por contactar con civilizaciones extraterrestres? ¿Qué futuro nos depararía tomar contacto con culturas extraordinariamente diferentes a la nuestra? Lo cierto es que nadie lo sabe, no hay una repuesta a esa pregunta, o al menos una que este más allá de toda duda razonable. En mi caso, y como ya dijese algún científico, me aterra tanto el que estemos solos, como el que no lo estemos. 
En la reunión de astrónomos y científicos de diversas ramas, celebrada en 1971 en el Observatorio Astrofísico de Byurakan (Armenia) en la que participaron 54 expertos con el objeto de estudiar la posibilidad de comunicación con inteligencias extraterrestres, alguno de ellos dijo textualmente, que tal comunicación sería "un terremoto para la cultura humana y ésta correría el peligro de desintegrarse". En este sentido, no son pocos los que opinan que caso de darse tal circunstancia los gobiernos lo ocultarían al grueso de la sociedad. Luego, y parafraseando a George Wald, premio nobel de biología y sobradamente cualificado para dar una opinión al respecto dijo: “no puedo concebir una pesadilla mas terrorífica que establecer una comunicación con una civilización superior, en el espacio”. Entonces ¿deberíamos hacer caso a este bienintencionado caballero? Yo creo que sí. Llegado el momento quién garantiza que el establecer contacto con otras civilizaciones, no abocara a la humanidad a una inminente destrucción esclavizaron o sumisión, frente a los nuevos vecinos. La influencia y el dominio de una sociedad más avanzada sobre otra menos desarrollada siempre trajeron consecuencias funestas para esta última. 
De otro lado y, dirigido a aquellos que pueden sonreír al leer estos párrafos les interesará saber que: en una escala cósmica, aquello que hoy nos parece improbable dentro de varios cientos, miles o millones de años será algo inevitable. Así, y del mismo modo que no podemos ignorar el hecho de que un gran cuerpo impacte sobre la superficie del planeta en un futuro, igualmente no podemos evitar que aquellos peligros que desconocemos existentes en el cosmos se abalancen sobre nosotros en cualquier momento, con consecuencias inimaginables: quizá trágicas para todos nosotros. Pero lo peor de todo, es que muy probablemente con la puesta en marcha de tales programas no estamos habiendo otra cosa que acelerar futuros acontecimientos, acontecimientos de los que desconocemos sus consecuencias, en lugar de solventar nuestros más apremiantes problemas en la Tierra. 
En un artículo de I. Asimov que leí hace muchísimos años, el hábil divulgador se hacía eco igualmente de estas mismas preguntas, sin embargo, tras divagar acerca de las posibles consecuencias y beneficios de tales contactos, terminaba por resolver que el contacto sería favorable para nosotros. Perdonarán mi escepticismo, pero creo que tal resolución era consecuencia más del deseo, que de una profunda reflexión acerca de tan delicado asunto. Entrar luego en detalles en tanto a todo lo que representa la búsqueda de inteligencias extraterrestres, en el sentido del gasto económico y recursos seria otro asunto a tratar; vaya por delante que es muy superior de lo que la mayoría piensa. Sobre todo, cuando los problemas en casa, en nuestro hermoso planeta todavía siguen sin resolverse. De otro lado, en mi opinión no soy del todo escéptico sobre el asunto (seguro hay alguien ahí fuera) aunque, pienso que a corto y medio plazo una conversación con tales seres es más que improbable; sobre todo, debido a las enormes distancias cósmicas existentes ahí fuera y, la difícil tarea de descifrar señales extrañas sin saber que mismas lo son, y todos los problemas que surgen derivados de ambos. Recordemos que hay otras especies inteligentes en este planeta y somos del todo incapaces de comunicarnos con ellas: como los delfines por ejemplo 
Pero por encima de todo ello, no podemos olvidar las calamidades que siguen lastrando al hombre y las sociedades en su camino a las estrellas: el drama y la tragedia que encontramos a cada paso en este mundo debido principalmente a guerras y desastres naturales: hambre y otras monstruosidades y, mientras estas lacras no se solucione, encuentro absurdo entablar contacto con nadie, pues no tenemos peor carta de presentación, ni más desfavorable. Por no hablar de la falta de cercanía y proximidad hacia nuestros semejantes: buscando sonidos y mensajes de seres inteligentes en las estrellas, a la vez que no escuchamos los llantos y gritos de dolor de todos los olvidados, los apesadumbrados, los abandonados, los derrotados, los enfermos, los desplazados que lo perdieron todo: los huérfanos de la tierra que mueren de hambre. Y todo sumado al gasto ingente en programas, sin la certeza de que algunos de ellos puedan ser provechosos para todos nosotros, más pudiendo llevarnos al desastre o la extinción 
Si echamos un vistazo en la tierra y a nuestra propia evolución comprobaremos, lo que probablemente será ley en la totalidad del espacio y tiempo, esto es: la propia selección natural y la triunfo de los más fuertes y preparados, frente a los más débiles, o menos evolucionados, lo que nos deja por detrás de cualquier visitante ocasional. El espacio ―desgraciadamente para todos aquellos que creen lo contrario― no es ni de lejos todavía nuestro hogar, es más una amenaza si se quiere ver así. Y, ante todo creo que no deberíamos adelantar acontecimientos. Desgraciadamente, ya existen ondas de radio y Tv que desde hace varias décadas, casi un siglo, surcan el cosmos advirtiendo de nuestra inquietante presencia ―y lo digo por el contenido de estas― a cualquier espectador ocasional que se tope con ellas. Qué pensarán cuando tengan acceso a nuestra terrible historia, plagada de confrontaciones, guerras, genocidios, ensayos atómicos y de la total falta de respeto por todo aquello que nos rodea incluyendo a nuestros semejantes. Peor aún, que pasará por las analíticas mentes de nuestros futuros visitantes cuando vean lo hermoso, acogedor y fértil que es nuestro mundo y lo mal que lo gestionamos. Yo digo que no nos precipitemos enviando mensajes de buena fe a las estrellas pues, entre quienes los reciban posiblemente, existirán buenos entes pero seguramente también, y al igual que ocurre con nuestra especie, los habrá malos y perversos: Ávidos, por apoderarse de aquello tan hermoso que ahora poseemos y que nos rodea sin que le demos la importancia que tiene ¿Les corroerá la envidia? Quién sabe. Observemos, analicémonos nosotros mismos y posiblemente obtendremos la respuesta. 
En la antigüedad, para un observador cualquiera desde la tierra, el cielo claro de una cálida noche de verano podía parecerle un espectáculo maravilloso despertando en él sensaciones de curiosidad y misterio. Emociones, propias de la condición humana del momento, siempre al abrigo de saberse sobre la superficie de su firme, sólida e inmutable tierra la cual le protege de todo aquello que no sólo teme, sino que también desconoce. Pero hoy día, el hombre despierta a nuevas inquietudes despejando el camino a nuevas fronteras: desconocidas, pretendiendo ser partícipe de la profundidad y misterio que alberga el cosmos, sumergiéndose en el. Abriendo nuevas puertas a lo desconocido, puertas de una edad inmemorial. En definitiva, avanzamos hacia un colosal horizonte de incertidumbre, del que ninguno de nosotros por inteligente y diplomado que sea, desconoce la autentica y ultima realidad de aquello que ahí fuera nos está aguardando.

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