El escritor reivindica una cultura accesible desde el origen y convierte la salud mental, las habilidades sociales y la inclusión en herramientas para la vida cotidiana
Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada
Su próximo proyecto nace en un territorio donde todavía existen muchas barreras: el de la salud mental, las habilidades sociales y la accesibilidad. ¿Qué le llevó a pensar que un libro también podía convertirse en una herramienta para derribar esas barreras?
Llegué a esta idea por la confluencia de dos recorridos. Por un lado, llevo más de una década investigando cómo incorporar la accesibilidad desde el origen de los proyectos culturales. Por otro, he comprobado que muchas conversaciones sobre salud mental, límites o relaciones oscilan entre el lenguaje técnico, las etiquetas y los mensajes excesivamente simplificados. Cuando el mar se alza me ofrecía un espacio para ordenar ese conocimiento, relacionarlo con situaciones cotidianas y ofrecer recursos para que cada persona avance a su propio ritmo.
Al final, creo que el formato libro contribuye a reducir muchas barreras pedagógicas y culturales si combina rigor, claridad y diferentes formas de acceso. Por eso mi proyecto no solo habla de salud mental; también integra la accesibilidad en la propia experiencia cultural.
Hablar de asertividad y habilidades sociales suele hacerse desde un lenguaje técnico que no siempre está al alcance de todos. ¿Qué ha aprendido durante este proyecto sobre la necesidad de hacer que el conocimiento sea realmente comprensible para cualquier persona?
He aprendido que hacer comprensible un contenido consiste en ordenar bien las ideas, explicar los supuestos que suelen darse por conocidos y relacionar la teoría con experiencias reconocibles. El reto ha sido traducir marcos complejos a casos, metáforas, preguntas y herramientas prácticas, sin convertirlos en recetas universales ni prometer soluciones inmediatas.
También me gustaría matizar que ningún formato, por sí solo, puede resultar plenamente comprensible para todas las personas. El diseño universal —crear desde el origen teniendo en cuenta la accesibilidad— no busca una solución uniforme, sino ampliar las vías de acceso. Por eso Cuando el mar se alza reúne la edición impresa, la adaptación a lectura fácil, resúmenes en lengua de signos española, un audiolibro inmersivo en formato DAISY, audiodescripciones, una edición digital accesible y recursos audiovisuales inclusivos. La colaboración con profesionales y con personas con experiencia propia ha sido esencial. La comprensión y el acceso condiciona la escritura, la estructura, los ejemplos y el ritmo de la obra desde el principio.
Su propuesta incorpora recursos inclusivos para que personas con discapacidad puedan acceder y beneficiarse de los contenidos. ¿Estamos ante una nueva manera de entender la creación literaria, en la que la accesibilidad deja de ser un añadido para convertirse en parte de la propia obra?
Más que una manera nueva, la entiendo como una propuesta que puede ofrecer ejemplos de prácticas trasladables a otros trabajos. Para mí, lo importante es ir generando obras que, primero, contribuyan a la sociedad y, al mismo tiempo, aterricen ideas que muchas veces se quedan sobre el papel.
En el trabajo audiovisual que realizo desde Mi Cine Inclusivo aprendí que la accesibilidad ofrece mejores resultados cuando se incorpora desde el guion y acompaña todo el proceso creativo. Con este libro he trasladado el mismo principio al ámbito editorial.
Además, la inclusión también tiene en cuenta la participación. En este sentido, cuarenta y cuatro personas han participado en la creación, revisión, adaptación y producción del proyecto; veintidós de ellas son personas con discapacidad. Esa participación también modifica las decisiones y los resultados.
Hay una pregunta incómoda detrás de todo proyecto accesible. ¿Cuántas personas han quedado históricamente fuera de los libros porque no podían acceder a ellos en igualdad de condiciones? ¿Qué realidad le gustaría que este proyecto ayudara a cambiar?
No podría ofrecer una cifra rigurosa sin un estudio específico, pero supongo que muchas más de las que debería. Las barreras visuales, auditivas, cognitivas, digitales, educativas o económicas han limitado durante mucho tiempo el acceso a la cultura. Además, quedar fuera también ocurre cuando la versión accesible llega tarde: una adaptación aplicada a una obra ya desarrollada resulta más pobre que crear desde el inicio teniendo todo en cuenta.
Me gustaría contribuir a que las personas pudieran elegir cómo relacionarse con una obra y compartir una misma conversación cultural. Quien accede mediante lengua de signos, lectura fácil, audiodescripción o formato DAISY no debería recibir un proyecto secundario, sino otra vía de entrada a la misma experiencia. El cambio de fondo consiste en sustituir la pregunta «¿cómo adaptamos esto cuando ya está terminado?» por otra anterior: «¿quién podría quedar fuera a causa de las decisiones que estamos tomando ahora?». Esa pregunta transforma la escritura, la producción y también la responsabilidad de quienes creamos cultura.
En este sentido, pienso que Cuando el mar se alza es un «libro libre» por la diversidad de formatos que incluye, gracias al respaldo de instituciones y entidades como el Ayuntamiento de Valencia y Caixa Popular.
Usted procede también del cine como director y guionista y trabaja desde la perspectiva del cine inclusivo. ¿Qué ha trasladado de ese lenguaje audiovisual a este proyecto literario y qué posibilidades le ha descubierto el libro que quizá el cine no le permitía explorar?
Del cine inclusivo he trasladado la construcción narrativa, el pensamiento visual, el ritmo, el valor del sonido y el uso de la metáfora como estructura. Por ejemplo, en Cuando el mar se alza, el mar es más que un simple adorno: los mapas, las tormentas, la tripulación, el astillero y el rumbo organizan el proceso de aprendizaje y la narrativa. También he llevado al proyecto la idea de que una obra puede expandirse a través de imágenes, música, piezas documentales y recomendaciones audiovisuales.
Sin embargo, frente a la inmediatez del lenguaje audiovisual, el libro me ha ofrecido una relación más íntima y pausada con quien lee. Permite detenerse, releer, subrayar, comparar situaciones y volver a una herramienta en el momento en que se necesita. Por eso también hemos cuidado mucho el diseño de cada página junto con la editorial Vinatea.
La salud mental suele abordarse desde el diagnóstico, el tratamiento o el problema, mientras que su proyecto pone el foco en herramientas para relacionarnos mejor y desenvolvernos en sociedad. ¿Por qué considera importante hablar también de prevención, autonomía y habilidades para la vida cotidiana?
Porque la salud mental no empieza únicamente cuando aparece un diagnóstico. Una parte importante del malestar se acumula en situaciones ordinarias: no saber decir que no, temer cualquier desacuerdo, confundir un límite con una amenaza, normalizar conductas de control o no revisar la propia responsabilidad en un conflicto. Disponer de un lenguaje para reconocer estas dinámicas puede ayudar a actuar antes, construir una red de apoyo y tomar decisiones con mayor criterio.
La autonomía tampoco significa tener que resolverlo todo en soledad. Significa comprender mejor lo que ocurre, distinguir qué depende de uno mismo y saber cuándo es necesario recurrir a otras personas o a profesionales. El libro observa los límites en dos direcciones: qué hacen los demás y qué hacemos nosotros. Esa doble mirada evita colocar automáticamente al lector en el papel de víctima o de culpable.
En el fondo, Cuando el mar se alza es una propuesta cultural y divulgativa; no diagnostica, no sustituye la terapia ni reemplaza los protocolos de protección. Su función es aportar vocabulario, perspectiva y herramientas para la vida cotidiana, y señalar cuándo la seguridad o la ayuda especializada deben ocupar el primer lugar.
Conocer nuestro entorno y conocernos mejor favorece el bienestar emocional, y creo que ahí es donde había que hacer mayor incidencia.
Si este libro consigue convertirse en un referente de accesibilidad literaria, podría abrir la puerta a que otros autores se planteen sus obras desde el principio para públicos mucho más diversos. ¿Qué cambio le gustaría provocar en la industria editorial y en la manera en que concebimos un libro?
Me alegraría que el proyecto pudiera servir de referencia, aunque eso deberán decidirlo con el tiempo los lectores, los profesionales y las entidades que lo utilicen. El cambio que me gustaría favorecer es muy concreto: que la accesibilidad aparezca en la primera conversación sobre una obra y se refleje desde entonces en el calendario, el presupuesto, la escritura, el diseño, la producción, la distribución y la comunicación.
Eso no significa que todos los libros deban desplegar exactamente los mismos recursos, ni que haya que caer en un sobreesfuerzo o sobrecoste inalcanzable para el contexto de cada proyecto. Cada trabajo necesita una respuesta proporcionada, coherente y sostenible por parte de cada profesional involucrado en el proceso.
Consideraría que Cuando el mar se alza ha dejado una huella útil si, ante una nueva obra, un autor o una editorial se preguntan desde el comienzo quién podrá experimentarla, de qué manera y qué decisiones creativas pueden ampliar ese acceso. Que conviertan la accesibilidad en algo más que una obligación: en una oportunidad.
Y mirando hacia adelante, ¿en qué momento se encuentra ahora el proyecto y qué le queda todavía por resolver antes de que pueda llegar a los lectores?
El proyecto se encuentra en su tramo final de impresión y lanzamiento.
La presentación oficial tendrá lugar el 7 de octubre de 2026, a las 18:00 horas, en el Centre Cívic El Cabanyal de Valencia. El acto incluirá la inauguración de una exposición cerámica inclusiva sobre los contenidos del libro.
Creada por ceramistas profesionales y usuarias de la asociación ACOVA Salud Mental, la exposición traduce en formas físicas y táctiles algunos de los conceptos presentes en Cuando el mar se alza: los vínculos afectivos, los conflictos internos, el miedo, la resiliencia o la construcción de la identidad.
Estoy muy contento con el trabajo que están realizando —el equipo espera terminar las esculturas en septiembre—, porque además dispone de un sistema autónomo de iluminación y cada una de las más de quince piezas cuenta con audiodescripción. Esta exposición supone la primera acción que se lleva a cabo para hacer que el trabajo del libro salte de las páginas a la realidad, y me hace mucha ilusión.
Por último, ¿hay algún nuevo proyecto cinematográfico o literario en el que ya esté trabajando y que pueda adelantarnos?
En este momento estoy centrado en ampliar el universo de Cuando el mar se alza hacia otros lenguajes y edades. Una de esas líneas es El enigma del barco hundido, un cuentacuentos que he escrito para llevar los contenidos del libro a un público a partir de seis años. Este espectáculo escénico tendrá aproximadamente una hora de duración y sigue la estructura del libro, aunque cuenta una historia de piratas que juega con el humor, las aventuras y la interacción con el público.
También estamos desarrollando conciertos-taller con la banda sonora original del libro, en colaboración con el pianista Antonio Moya-Latorre, y un programa de talleres psicoeducativos para público a partir de trece años. A ello se suman la exposición cerámica y los documentales accesibles vinculados al proyecto, que vamos realizando conforme suceden nuevas acciones alrededor de la obra.
Por tanto, la siguiente etapa de Cuando el mar se alza consiste precisamente en comprobar cómo una misma propuesta puede convertirse en lectura, música, audiovisual, actividad educativa y experiencia comunitaria.
