Revista Solidaridad

Miguel Coca (esclerosis múltiple) y Domingo Carretero (10% de visión) coronan el pico más alto del norte de África

Por Aparcamientodiscapacitados

«Simplemente». Se le pregunta a Domingo Carretero cómo hace para subir a un pico de cuatro mil metros teniendo solo un diez por ciento de visión, y dice que «simplemente, teniendo a alguien por delante cuando vas subiendo y a alguien por detrás cuando vas bajando». Se le plantea qué le diría él -que en un macizo mexicano tuvo los pies a casi seis mil metros del suelo-, a las personas con discapacidad que miran al deporte y ven una montaña insalvable, y responde que «simplemente, el deporte es arrancarse a hacerlo».
De izquierda a derecha, Javier Gil, Domingo Carretero, Miguel Coca y Alberto García, en el pico Toubkal (Marruecos), a 4.167 metros. :: hoySimplemente, Domingo Carretero Campón (54 años, Casar de Cáceres) ha vuelto a romper una barrera. Lo ha hecho junto a un paisano que, como él, va por el mundo desmontando mitos. A Miguel Coca Sánchez, placentino de 37 años, su esclerosis múltiple tampoco le ha impedido subir con Domingo hasta el pico Toubkal, el más alto del norte de África, en pleno Atlas marroquí, en una expedición organizada por la Federación Extremeña de Montañismo y Escalada (Fexme) y enmarcada en el Programa Objetivo Río, de la Fundación Jóvenes y Deporte, adscrita a la Dirección General de Deportes de la Junta de Extremadura.
El pasado 16 de diciembre, los dos protagonistas, que acumulan en su mochila deportiva -o sea, vital- una buena carga de éxitos, se subieron a un avión en Sevilla y se bajaron de él en Marrakech. Les acompañaban Alberto García y Javier Gil, de la Fexme, que hace dos años creó un grupo de deportistas con distintas discapacidades.
Desde Marrakech, el equipo viajó hasta la localidad de Imlil, punto de inicio de la ruta de ascensión al Toubkal. «Unos días antes, había tenido un brote y no pude entrenar todo lo que me habría gustado», cuenta Coca, a quien a los 26 años le diagnosticaron esclerosis múltiple del tipo recurrente-remitente, una enfermedad neurológica que afecta al cerebro y a la médula espinal, y que es la segunda causa de discapacidad entre los jóvenes, solo superada por los accidentes de tráfico. Quienes la padecen tienen alterada la mielina, que es la sustancia que envuelve los nervios y facilita que el brazo, la mano, la pierna o los ojos hagan caso al cerebro.De Sevilla a Marrakech
Miguel ha aprendido a convivir con los espasmos musculares, el hormigueo en las articulaciones, la falta de sensibilidad en las extremidades, los dolores de cabeza, la fiebre, el agotamiento y los brotes periódicos, que aparecen sin avisar y que pueden dejar diferentes secuelas, entre ellas el empeoramiento de la movilidad en las articulaciones.
En esos momentos de duda, en los que llega a plantearse si seguir o renunciar, él explica que no hay más factor de decisión que «el sentido común». «Hay que conocer los límites de cada uno, saber hasta dónde puedes llegar, y yo creo que soy quien mejor conoce los míos», reflexiona Coca, que admite que hace unos años, «ni podía imaginar los logros deportivos que iba a conseguir». 
Logrado el último, ya piensa en la expedición del año que viene. «Nos gustaría ir a Sudamérica, a hacer algún pico de cinco mil metros», anticipa.Desde que fue diagnosticado, Miguel se reveló contra la enfermedad. Empezó a andar sin ayudas cuando lo normal es que siguiera necesitándolas, corrió cuando lo previsible es que estuviera empezando a andar... Y luego comenzó a montar en bici. Y a nadar. Y a montar en piragua. Y a escalar. Ha completado duatlones, triatlones y raids de aventuras, y el pasado día 20 se hizo una foto con la bandera de Extremadura en el pico Toubkal. «A pesar de los problemas físicos y de adaptación a la altura que acusé durante la aproximación al refugio, y también durante la primera noche en altura -recuerda el deportista placentino-, que hicieron que incluso tuviera dudas de cara a la ascensión, seguí hacia adelante, ni las malas condiciones de la nieve pudieron con las ganas de superar un nuevo reto».
Eso ya lo ha hecho su compañero Domingo, que en el año 2004 coronó el Orizaba, en México, a 5.754 metros. Tanto él como Miguel Coca acumulan campeonatos nacionales y participaciones exitosas en competiciones fuera de España. Y probablemente, tampoco Domingo podía imaginar hasta dónde podía llegar cuando le concedieron la invalidez absoluta, el punto de inflexión en la historia de su vida.
Un diagnóstico equivocado
«Con cuatro años, mi madre me llevó al oftalmólogo porque me quejaba de la vista y le dijeron que no tenía nada, que eran cosas normales de críos, que ni siquiera me hacían falta gafas», recuerda Carretero. «A los seis años -continúa-, me volvieron a llevar al especialista, y ya le dijeron que tenía un problema grande de nacimiento, que se me había agravado en los pocos años que tenía, que había perdido muchísima visión». Su diagnóstico actual es el de una persona con deficiencia visual. «En el ojo derecho no llego al diez por ciento de visión, y en el izquierdo, no sabría decir el porcentaje exactamente, pero es muy poquito más del diez por ciento».
Nada le ha impedido, sin embargo, destacar como uno de los mejores montañeros y alpinistas españoles con deficiencia visual. «Es la tercera vez que subo al Toubkal -cuenta el deportista de Casar de Cáceres-, pero las dos escaladas anteriores las había hecho en el mes de septiembre, con buen tiempo, mientras que ahora había mucha nieve, tanta que si no seguías las huellas, las piernas se te hundían hasta las rodillas». La meteorología, con temperaturas de diez grados bajo cero y mucha nieve y hielo, impidieron a la expedición extremeña realizar algunas de las actividades que habían previsto, pero no fueron obstáculo suficiente para evitar que alcanzaran también otras dos cumbres del Atlas marroquí: la del Ras (a 4.083 metros) y el Timezguida (4.089).
O sea, una nueva barrera que han roto Domingo Carretero y Miguel Coca. «Yo trabajaba de tornero fresador -recuerda el primero-, y cuando me dieron la invalidez absoluta, empecé a hacer deporte». Primero fue el senderismo, luego el montañismo y más tarde el alpinismo. «La mayoría de las personas, tengan o no alguna enfermedad, pueden hacer aquello que se proponen», asegura Carretero, que anima a todos los discapacitados extremeños a que sigan su ejemplo. «Yo ya tengo una edad, pero Miguel es joven -dice-, y me gustaría que otros hicieran como él y como yo, que hicieran deporte y que se formara un grupo bueno, para que Extremadura pueda seguir destacando en España en esta disciplina». Y por algo más importante: por salud. «A mí -dice Domingo Carretero-, el deporte me ha curado de todo». «Cuando me quedé sin trabajo -concluye-, que te piensas que no vales para nada, el deporte me ayudó; me ayudó tanto que me sacó de una depresión de caballo y gracias a él no me volví a tomar una pastilla».
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