Lagrimas por Susan.
Bajo la silueta de todas las sombras que inundaban, las aceras de mi plazoleta. Siempre encontraría el borroso nombre, la esbelta silueta de Susan. Implacable, sonriente, y dulce como los panecillos. Que el viejo pastelero impregnaba de rica naranja, con ese toque suave a chocolate. El olor a su colonia, una de esas que salen en todas las televisiones. Y que un buen día ella, la puso como color a su aroma, a su esencia. Desde aquel mismo momento, pensé que era la fragancia de los dioses, y en muchos cuerpos, puso sabor a alguna que otra burra. Y ahora me acuerdo. Fue en un día claro de verano... o ¿tal vez fue una recién restaurada primavera? que aunque el olor sus labios, me calentasen el alma. Por algún invierno ya habríamos pasado. Tu entonces nunca me llegaste a mirar. El huracán con el que se asomaba de vez en cuando. Un buen día se asomo para llevarse todo lo que fue gloria y paz. Pero la naturaleza es más savia. Y el invierno volverá a terminar. Y su figura, volverá a mostrarse tan grande. Delante de mi, esplendida siempre quedará.
Con cariño, para Japón.