Revista Opinión

Millones de españoles somos sospechosos de haber enviado las cartas con balas

Publicado el 02 mayo 2021 por Franky
Millones de españoles somos sospechosos de haber enviado cartas amenazantes a los políticos. La policía lo tiene difícil para descubrir a los autores porque somos millones los que nos gustaría ver como los políticos sufren, como ellos nos han hecho sufrir a nosotros. Son millones los españoles que se consideran víctimas del gobierno de Pedro Sánchez, al que esperan agazapados para vengarse. En esa marea del odio están ya demasiados españoles, mas que en ningún otro momento histórico desde la Guerra Civil: los que acusan al gobierno por la muerte de sus familiares, víctimas de una pandemia que el gobierno no ha sabido gestionar, los que han perdido sus trabajos, los que han tenido que cerrar sus empresas, los que han sido expoliados por impuestos abusivos, los que nutren las colas del hambre y otros muchos damnificados del gobierno de Sánchez y de la clase política en general, a cuyos miembros contemplan cada día, en la televisión, llenos de dinero, de privilegios inmerecidos, sin renunciar a privilegio alguno y comportándose como si la tragedia en lugar de afectarles les hubiera regalado más poder y ventajas. —- Millones de españoles somos sospechosos de haber enviado las cartas con balas El odio es una tragedia que lo destruye todo, sobre todo al que lo siente de manera intensa y obsesiva. Es un terrible caldo de cultivo donde germinan las venganzas, las amenazas y el rencor. El odio daña a los países que están infectados por ese sentimiento, acelera la decadencia y conduce a los pueblos hacia el retroceso y el envilecimiento.

Lo que ocurre con el odio es que algunos gobiernos, como el actual de España, lo provocan en cantidades industriales con sus abusos, injusticias, arbitrariedades, corrupciones y agresiones concretas a individuos, a los que acosan, maltratan y sitúan en la ruina y la desesperación.

Las amenazas por correo que son actualidad en España son hijas del odio que genera el poder político injusto y que anida en millones de ciudadanos que se sienten vapuleados por los gobernantes. Hace muchas décadas, por lo menos desde la guerra civil, que en España no se acumulaba tanto odio, una verdadera pandemia que las izquierdas han alimentado irresponsablemente con su memoria histórica, cuyo objetivo es dividir y resucitar los odios mortales entre las derechas y las izquierdas.

De todas las barbaridades que ha hecho la izquierda en España, la peor de todas ha sido generar odio en la sociedad y resucitar aquel espíritu de enfrentamiento que generó la guerra civil de 1936. Haber llenado España de odio es más sucio y grave que la corrupción, el abuso de poder, la ruina económica, el desempleo y otras maldades de la izquierda gobernante.

Algún día España tendrá que realizar un examen de conciencia, previo a una regeneración y una catarsis, de la que surgirán señalados personajes tan sucios y promotores del odio como Zapatero, Sánchez e Iglesias, asesinos de lo mejor que han creado los españoles en los últimos tres siglos: el perdón y la reconciliación que se instaló en la sociedad tras morir Franco.

Otros muchos españoles odian al sanchismo por haber acuchillado al viejo PSOE, que al menos conservaba algunos rasgos de respeto a la democracia. Otros lo odian por haber asesinado la democracia, por haber empobrecido a España y por la enorme pérdida de prestigio y peso que ha sufrido España en el concierto mundial desde que Sánchez llegó al poder. También los hay que odian a Sánchez porque se ha aliado con la escoria antiespañola, porque beneficia a los independentistas y pro etarras, por su arbitrariedad en el reparto del dinero público, por su compra de medios de comunicación, por sus mentiras y un largo etcétera.

Decenas de miles de socialistas en Madrid van a quedarse en sus casas o votarán a otras formaciones porque les resulta imposible votar al sanchismo, al que consideran, además de asesino del verdadero socialismo, verdugo de España y acelerador de la peor degradación del país.

Francisco Rubiales


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