Esta respetuosa adaptación (guion de Larry Kramer) de la novela de D. H. Lawrence es recordada primordialmente por la famosa secuencia en la que Alan Bates y Oliver Reed luchan desnudos delante de la chimenea del gran salón de la mansión familiar de los Crich, fragmento que contribuye no poco al prisma homoerótico de buena parte de un argumento que rezuma sensualidad y sexualidad: dos hermanas, Gudrum (Glenda Jackson) y Úrsula (Jennie Linden), emprenden sendas aventuras amorosas de carácter tórrido, respectivamente, con Gerald Crich (Reed), magnate dueño de unas minas, y Rupert Birkin (Bates), mujeriego de mala reputación y en exceso liberal. No todo, sin embargo, es rijoso en la película, que cuenta también con una magnífica fotografía de Billy Williams y con una estupenda partitura de Georges Delerue.
Más sutil (no mucho más) que la célebre lucha en pelota viva es este monólogo de Rupert acerca de cómo resulta apropiado comer higos en sociedad (pueden activarse los subtítulos en español).
