Había una vez una mujer que vivía sola. Un día, que trabajaba en el jardín, apareció una serpiente. Se dio tal susto, que dio un salto hacia atrás, pero el animal seguía inmóvil, observándola. La mujer, algo más tranquila, también la miró y le pareció que la serpiente estaba embarazada. Y sin ningún ruido, ésta se marchó.Al poco, la mujer sintió que estaba embarazada, con el asombro consecuente, pues no había yacido con hombre alguno. Al ir a dormir, tuvo un extraño sueño en el que aparecía aquella serpiente del día anterior hablándole. El animal le decía que había sido él quien la había dejado encinta. Esta noticia provocó que despertara de golpe.Pasaron los meses y la mujer dio a luz a dos hijas, pero, ante su horror, no ambas eran humanas. ¡Una de ellas tenía forma de serpiente! Sin embargo, una noche soñó que la hija serpiente le hablaba para decirle que ella no debía vivir allí, sino que había de dejarla en el jardín, en el mimo lugar donde había sido concebida.La mujer, bastante aliviada por poder solucionarlo así, sacó a la pequeña al jardín y su hija serpiente se marchó rectando.
Sólo entonces la joven descabalgó y condujo hacia el interior del jardín al asno, a quien acariciaba el hocico. De pronto, el animal desapareció y en su lugar surgió la serpiente, que era quien siempre la había acompañado. Le aconsejó que la próxima vez se casara con alguien que conociera bien y se marchó.
Si te gusta la entrada, suscríbete a El ballet de las palabras: el blog cultural. by Email