Finalizada la Segunda Guerra Mundial los estudios cinematográficos se volcaron en toda clase de productos y géneros y el de la comedia amable con toques optimistas en relación a la condición humana fue uno de los más transitados y la RKO no perdió la oportunidad de hacerse con los derechos de una novelita publicada años antes, en 1928, en la que se explicaban los quehaceres de un angel de la guarda que debía ocuparse de ayudar a un obispo episcopaliano que tiene serios problemas mśa allá de lo que le preocupa, que es construir una catedral.
La dirección se encomendó a Henry Koster tras unas dudas y el reparto se completó un poco a trancas y barrancas con la participación final de Cary Grant (como angel de la guarda), David Niven (como el obispo) y Loretta Young (como la esposa del obispo)
La película tiene algún detalle sorprendente, cual es el semi abandono en que se cría la hija de ese matrimonio clerical, cuidada por la fámula (Elsa Lanchester), y se tiene la sensación de una evidente falta de química entre Julia y Dudley, tanta como entre Henry y Julia.
Puede que fuera porque David Niven había enviudado trágicamente hacía poco y porque hubo un cambiazo de papeles con Cary Grant a última hora, y puede también que porque Loretta Young siempre actuaba por impulsos y Cary Grant era metódico y perfeccionista hasta decir basta: él mismo ordenó cortar una escena porque advirtió que los cristales de la habitación no estaban siquiera empañados, cuando se suponía que fuera estaba nevando....
El perfeccionismo de Cary le llevó a practicar los movimientos propios de quien sabe tocar el arpa, para hacer frente a esta escena, en la que Dudley acude a casa de la mecenas Sra. Hamilton (Gladys Cooper) y descubre que a ésta, hace años, un amante oculto le dedicó una composición: Lost April
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En la película, es decisiva la contribución de Harry Redmond Jr. y John P. Fulton que son los responsables de los efectos especiales y trucos visuales que complementan el buen trabajo de Cary Grant.
El arpa que hemos visto la construyó Gail Laughton, que además fue quien le dió lecciones de arpista a Cary.
Y por si fuera poco, en algunos momentos son las manos del propio Gay Laughton las que tocan el arpa, en directo.
Sabiéndolo, es más fácil notar la inserción...