Dejen que les de un poco la tabarra apartándome de las temáticas clásicas de estas fechas, aunque ello no signifique que no me apetezca desearles buenas fiestas: ¡Feliz Navidad!
El otro día andaba pensando una entradita y de repente afloró la sensación de extrañeza por un hecho que puede se deba a mi ignorancia y me ha parecido que, en estos días de bondadosas intenciones, si lo presento medianamente bien, no se reirán y puede que incluso aclaremos conceptos.
Me refiero a la presencia femenina en el cine como reflejo de la sociedad y mi neurona lleva ya unos días alborotada intentando interpretar esa presencia en términos inteligibles: hagamos un poquito de historia, forzosamente subjetiva ya que se basa en mis propios recuerdos, con lo que las ausencias pueden ser clamorosas y ahí es donde puede colocarse la primera pica.
Miss Marple, como todos saben, es una viejecita entrañable, capaz de observar sin pestañear los más horrendos crímenes fruto de los malos instintos de las personas, y es una mujer solitaria que no teme a nada: su arma es su tenacidad y constancia para satisfacer su curiosidad por saber la verdad. El éxito de esa primera película promovió otras adaptaciones al cine del mismo personaje, hasta un total de cinco ocasiones.
Dejando aparte contadas películas en las que las mujeres son realmente las protagonistas y no siempre en todos los casos, salvo que mi memoria falle estrepitosamente el porcentaje de mujeres que en una trama alcancen no ya preponderancia sino incluso posición dominante con respecto a los varones no alcanza dos dígitos.
Hagan memoria: ¿Ripley? Vale. ¿Otra?
En la televisión, abarcando un período de casi cuarenta años, me parece observar una interesante evolución que no percibo en el cine:
A mediados de los ochenta (1984) aparece el fenómeno de Jessica Fletcher
(Murder she wrote) una especie de reencarnación de Miss Marple a la americana, una mujer solitaria que no necesita de varón para llevar adelante sus pesquisas; inmediatamente, en 1986, la verdadera Mis Marple apareció en la tele británica y de allí ya no se ha movido, siendo Joan Hickson
Una década más tarde, en 2001, aparece la Dra. Jordan Cavanaugh
Coetánea, aparece en 2005 Brenda Lee Johnson
Esa integración de la mujer en tareas protagónicas policiales ya no es extraña en la televisión y prueba de ello es Sarah Lundt
Todos habrán observado que en los carteles de las series, el personaje protagónico femenino aparece destacado en solitario, despejando dudas.
Por último, este año 2011 aparece una nueva pareja de colegas, Rizzoli & Isles en la que, treinta años más tarde, son dos mujeres las que se ocuparán de trabajar, codo con codo, para averiguar culpables, esclarecer casos criminales, y desarrollar sus vidas sin apagar sus móviles pendientes de una llamada, ya no tan solo observadas con total normalidad en sus funciones de jefa de detectives o forense sin que se oiga mención alguna a su condición femenina salvo que sea por incidentes de contenido sexual festivo, contemplado por la forense Isles como una necesidad fisiológica más, en una actitud que hubiera levantado alaridos treinta años antes.
Estas perlas aisladas me parecen representativas del avance de la presencia femenina en un género habitualmente masculino en el que la mujer aparece las más de las veces como simple decoración, objeto de deseo, si acaso maligna impulsora de pasiones nefandas, pero casi siempre sometida al varón y, o mucho me equivoco, o en el cine ése desarrollo está por llegar: incluso a la vista de la cartelera diría que hay un cierto inmovilismo y me sorprende no escuchar voces al respecto.
Su turno....