Lo más recordado de esta película de Eduardo De Filippo, coescrita con un terceto junto al que prácticamente llegó a formar equipo habitual de guionistas, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano y Federico Fellini, es que su música provocó la retirada de la nominación de Nino Rota al Oscar a la mejor banda sonora por El padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), al entender la Academia que la partitura de esta última no podía considerarse original (sin embargo, tras el revuelo formado, nada impidió su triunfo con la segunda parte, dos años más tarde, por la misma composición). Las similitudes, sin embargo, entre sus temas principales son obvias, como también lo eran las normas de la Academia.
En todo caso, la película de De Filippo, protagonizada por Giulietta Masina, Paul Douglas y Alberto Sordi, la historia de una pobre muchacha, amante de un basurero, que acepta por amor la culpa de un delito cometido por él para librarle de la cárcel y que luego se ve relegada y abandonada, mientras alimenta la fantasía de ser la hija ilegítima de un príncipe, merece estima por sí misma.
