Dee Barton compone la partitura del primer western dirigido por Clint Eastwood, visiblemente deudor de la obra de sus maestros Don Siegel y Sergio Leone -a los que hizo constar su agradecimiento explícito en la dedicatoria de Sin perdón (Unforgiven, 1992)-, la historia de un pistolero que llega a la localidad de Lago y es contratado para defenderla de tres pendencieros forajidos que, recién salidos de la cárcel, han hecho promesa de volver a la ciudad para arrasarla hasta los cimientos y vengarse de quienes los delataron. Película de enrarecida atmósfera y de connotaciones más allá del género, conforma junto al resto de westerns realizados y protagonizados por Eastwood –El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976), El jinete pálido (Pale Rider, 1985) y la citada Sin perdón– una tetralogía que, con independencia del nombre y las circunstancias particulares de cada protagonista, parece referirse, en cronología desordenada, a un único personaje, un ciclo que se abre con el más fordiano Josey Wales, continúa con William Munny, el «asesino de mujeres y niños de Missouri», sigue con el forastero -hermano del difunto sheriff Duncan- de esta película y concluye con el Predicador sin nombre retornado de una imprecisa zona de paso entre la vida y la muerte.
Revista Cine
Música para una banda sonora vital: Infierno de cobardes (High Plains Drifter, Clint Eastwood, 1973)
Publicado el 15 mayo 2026 por 39escalonesSus últimos artículos
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