Naoero, de paraíso a cárcel

Por Lucpus @viajerosalabord

Si quieres un destino muy tranquilo y pocos turistas, la entrada de hoy va a ser ideal para tus pretensiones. Un país tan minúsculo que ocupa el bronce en el podio de los estados más pequeños del mundo, el único que no cuenta con capital y que, además, ha decidido cambiar su nombre para recuperar sus orígenes. Imagino que no sabréis de cuál estoy hablando porque es muy desconocido, pero por eso creé este blog, para que todos descubramos lugares que están en la otra punta del mundo. Y nunca mejor dicho, porque nos vamos a Nauru o, como se llama ahora, la República de Naoero.

Y llamésmolo Naoero, no seamos como con Países Bajos cuando la llamamos Holanda. Está ubicado en Oceanía, es decir, un poquillo lejos. Esta República está situada en pleno Océano Pacífico y ocupa tan solo 21 kilómetros cuadrados y tiene solo 12.000 habitantes; es decir, mi pueblo tiene más gente que este estado. En cuanto a tamaño, supera a la Ciudad del Vaticano y Mónaco, pero es el estado insular más pequeño de todos. Lo bonito de este destino es que está rodeado por una cadena de coral.

Mapa de Nauru. Fuente: CIA / Wikimedia Commons — Dominio público

Este pequeño atolón fue colonizado por Alemania en el siglo XIX. Los germanos establecieron plantaciones de copra en la isla (primer apunte para los del último informe PISA: la carne seca del coco) y explotaron sus recursos naturales. Sin embargo, Alemania perdió la Primera Guerra Mundial y, con ella, este territorio, que pasó a ser controlado por Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido bajo el mandato de la Sociedad de Naciones. En 1968, consiguió la independencia. De hecho, ellos adoptaron su antiguo nombre porque a los extranjeros les resultaba muy difícil de pronunciar, por pura conveniencia, hecho que cambió este año cuando decidieron regresar a su auténtica denominación: República de Naoero.

Es conocido por sus campos de fosfato (para los del último informe PISA: un ingrediente importantísimo en los fertilizantes agrícolas) que, durante años, les granjeó mucho dinero, convirtiéndose incluso en uno de los países más ricos del mundo en los años 70. Sin embargo, la explotación de este recurso ha dejado un paisaje muy similar al lunar y ha confinado a su población a un estrecho anillo de tierra a lo largo de la costa, superficie que se erosiona rápidamente, por lo que es mucho más propensa a inundaciones. Con el paso de los años, las reservas de fosfato de mayor calidad se fueron agotando y, con ellas, buena parte de la riqueza que había generado.

CdaMVvWgS / Wikimedia Commons — Dominio público

En la actualidad, la República de Naoero se enfrenta a uno de sus problemas más graves: el calentamiento global. La subida del nivel de mar ha provocado que su extensión merme. Para intentar paliar esta situación mediante la recaudación de dinero, el atolón ha lanzado un programa que permite a extranjeros obtener su ciudadanía por una importante suma de dinero, lo que se conoce como el pasaporte dorado, con el cual pueden tener acceso a más de 80 destinos sin necesidad de visado. Con ello se busca financiar proyectos de lucha contra el cambio climático.

Courtesy: U.S. Department of Energy’s Atmospheric Radiation Measurement Program

Pero esto no es todo. Después de ser uno de los países más ricos en los años 70, en la práctica uno de cada cuatro habitantes vive en la pobreza. Para poder hacer frente a su actual situación, Naoero se ha convertido en la cárcel migratoria de Australia, puesto que recibe a personas que no tienen derecho legal a permanecer en Australia y que no pueden ser deportadas a sus países de origen. Todo por el módico precio de 408 millones de dólares australianos inicialmente y unos 70 millones más cada año durante 30 años. Imaginad esa situación en un reducidísimo espacio.

Así que sí, Naoero puede ser un destino muy tranquilo y paradisiaco, pero detrás de sus playas y arrecifes de coral hay una historia bastante menos ideal. Veremos qué les depara el futuro con las medidas que han implantado y que no tengamos que contar que ha dejado de existir.