Narcos (Netflix, 2015. EEUU): primera serie creada en el seno de Netflix, la conocida plataforma de streaming, de admirable contenido en su versión americana y discutible en la versión española (hablo de oídas), ya que su plataforma de cine en nuestro país creo que es más bien escasa. Ambiciosa producción que cuenta el (parcial) biopic del mayor barón del narcotráfico que el mundo ha conocido, o sea, Pablo Escobar (bien interpretado por un actor…brasileño), a través de los ojos de uno de los agentes de la DEA obsesionado por capturarle en los años 80 del siglo pasado. Escobar, una figura jugosísima para el cine americano (se ha hablado, durante años, de grandes proyectos, a cargo de Antoine Fucqua o Joe Carnahan, los cuales prometían ser, al menos el del primer realizador mencionado, el Scarface del siglo XXI y que de momento parece que no va a ver la luz, apareciendo también, de forma impactante pero momentánea, en la muy scorsesiana Blow), tan aficionado a los relatos de auge y caída de mafiosos. Pero de momento, tan sólo algunos libros, documentales y algún que otro proyecto tan reciente como olvidado, como Paradise lost, arrojan algo de luz, en pantalla grande, sobre tan indeseable personaje. Así que estos primeros 10 capítulos de Narcos se presentan como un relato clásico de sexo, drogas y mucha, mucha violencia. O sea, nada que no hayamos visto, y mucho mejor, guiados por algunos de los grandes cineastas estadounidenses de las últimas décadas que no vale la pena volver a mentar aquí. Netflix, en un alarde de “originalidad”, incluso tomó prestado aquella frase de Al Pacino en El precio del poder que decía “en este país primero tienes que ganar dinero; cuando tienes el dinero, entonces tienes el poder; y, con el poder, tienes a las mujeres”, para el eslogan de esta entretenida aunque nada original propuesta, modificándola según convenía. Su logrado diseño de producción y su rigor, ya que, en un compromiso de autenticidad, resulta una serie completamente bilingüe, sobresalen sobre una historia conducida con oficio, ganas y haciendo gran uso, acertado a mi parecer, del género documental, pero mil veces vista antes. E incompleta, como sus personajes, al menos el del agente USA (Boyd Holbrook), lo que hace indicar que habrá continuación. Bastará con que entretenga lo mismo.
Narcos (Netflix, 2015. EEUU): primera serie creada en el seno de Netflix, la conocida plataforma de streaming, de admirable contenido en su versión americana y discutible en la versión española (hablo de oídas), ya que su plataforma de cine en nuestro país creo que es más bien escasa. Ambiciosa producción que cuenta el (parcial) biopic del mayor barón del narcotráfico que el mundo ha conocido, o sea, Pablo Escobar (bien interpretado por un actor…brasileño), a través de los ojos de uno de los agentes de la DEA obsesionado por capturarle en los años 80 del siglo pasado. Escobar, una figura jugosísima para el cine americano (se ha hablado, durante años, de grandes proyectos, a cargo de Antoine Fucqua o Joe Carnahan, los cuales prometían ser, al menos el del primer realizador mencionado, el Scarface del siglo XXI y que de momento parece que no va a ver la luz, apareciendo también, de forma impactante pero momentánea, en la muy scorsesiana Blow), tan aficionado a los relatos de auge y caída de mafiosos. Pero de momento, tan sólo algunos libros, documentales y algún que otro proyecto tan reciente como olvidado, como Paradise lost, arrojan algo de luz, en pantalla grande, sobre tan indeseable personaje. Así que estos primeros 10 capítulos de Narcos se presentan como un relato clásico de sexo, drogas y mucha, mucha violencia. O sea, nada que no hayamos visto, y mucho mejor, guiados por algunos de los grandes cineastas estadounidenses de las últimas décadas que no vale la pena volver a mentar aquí. Netflix, en un alarde de “originalidad”, incluso tomó prestado aquella frase de Al Pacino en El precio del poder que decía “en este país primero tienes que ganar dinero; cuando tienes el dinero, entonces tienes el poder; y, con el poder, tienes a las mujeres”, para el eslogan de esta entretenida aunque nada original propuesta, modificándola según convenía. Su logrado diseño de producción y su rigor, ya que, en un compromiso de autenticidad, resulta una serie completamente bilingüe, sobresalen sobre una historia conducida con oficio, ganas y haciendo gran uso, acertado a mi parecer, del género documental, pero mil veces vista antes. E incompleta, como sus personajes, al menos el del agente USA (Boyd Holbrook), lo que hace indicar que habrá continuación. Bastará con que entretenga lo mismo.