Acompañada por Montgomery, el atractivo y joven asistente de su padre, y por Edward, un enigmático náufrago, se dirige al lugar en el que quizá encuentre las respuestas que anhela. Sin embargo, allí le aguarda la oscuridad y el peligro…
“Para el mundo, mi padre era un villano, mientras que para mí era aquel hombre delgado vestido con un traje de tweed que me llevaba a hombros a los desfiles de la Guardia Real. Quería descubrir cuál de los dos era realmente: el monstruo o el genio incomprendido.”
Debajo de una preciosa edición se esconde una historia de la que no esperaba mucho y que me ha sorprendido gratamente. Megan Shepherd, la autora, se ha inspirado en el relato de H.G. Wells, La isla del Doctor Moreau, para escribir Naturaleza Salvaje, el primer libro de una trilogía. No he leído el clásico de Wells y, por lo tanto, no voy a poder deciros cuánto hay de original y cuánto hay de inspiración, aunque sí he leído el argumento y están bastante relacionadas.
¿Por qué me ha sorprendido? Creía que Naturaleza Salvaje se enfocaría en el triángulo amoroso que sugiere el argumento entre Juliet, Montgomery y Edward, y aunque sí que ha tenido su importancia, la novela se ha centrado más en lo que sucede en la misteriosa y exótica isla y en cómo Juliet lo afronta. Ella es una joven valiente, que no se va a dejar amilanar por nadie: no ha tenido una vida fácil desde que su padre desapareciera y, años más tarde, su madre muriera, es por eso que cuando se topa con Montgomery ve en él una vía de escape de su desgraciada vida.
No estará sola. Contará con la ayuda de Montgomery, el ayudante de su padre con el que se siente muy unida, y con Edward, el extraño náufrago que siente devoción por ella. Normalmente los triángulos amorosos me cansan pero en este caso no ha sido así, como he dicho, no es lo importante en la novela y, además, está bastante bien justificado. Ambos son jóvenes totalmente opuestos pero con mucha personalidad y dispuestos a hacer cualquier cosa por Juliet, salvo quizá desvelar sus propios secretos. La manera de actuar de todos los personajes es muy acorde al siglo XIX, sin embargo, al principio de la novela no me los llegué a creer del todo porque utilizaron cierto vocabulario que, personalmente, me cuesta pensar que se decía así en el siglo XIX londinense, pero tampoco soy una experta en el tema.
Megan tiene la capacidad de introducirte sigilosamente en la historia y, en un momento dado, darte cuenta que te has perdido como Juliet en pleno bosque. Las descripciones en los momentos de máxima tensión son de infarto y el suspense está muy palpable en la mayor parte del libro. Ha habido partes que me han sorprendido y otras que me las he visto venir, pero he quedado muy satisfecha de la lectura. La novela tiene un buen ritmo, aumentando a cada capítulo, y dejándote con ganas de seguir leyendo hasta un final desolador, de esos en los que odias profundamente a la autora por dejarte con ganas de más. Lástima que toque esperar hasta, mínimo, 2014 para saber cómo continua.
“Con cuidado, puse mi pálida palma sobre la cuenca que formaba su mano morena. Me subió la manga y me tocó suavemente con un dedo la zona en la que me pinchaba. Contuve el aliento. Estaba sola en la habitación de un hombre y le estaba dejando que tocara partes de mi cuerpo que ni siquiera debía ver.”
- Editorial Molino -