Nebraska, un momento de felicidad en la vida de un perdedor

Publicado el 27 febrero 2014 por Carmelo @carmelogt

Buena historia sobre perdedores que encuentran triunfos pequeños monetariamente hablando pero muy grandes de sus seres cercanos, en este caso de un hijo.
Reencuentro familiar, paterno-filial, en un relato en blanco y negro que recalca la oscuridad del personaje principal, el padre, Woody (Bruce Dern), un ex combatiente de Corea, alcohólico y con un principio claro de demencia. En este caso es su hijo David el que se ocupa de él a nivel emocional y es capaz de llevarle hasta Nebraska para cobrar un premio millonario que en realidad es un timo.
Se puede considerar Nebraska como un viaje, una road movie, pero principalmente a nivel afectivo. David descubre a su padre en muchos aspectos, cuando ya el equilibrio mental de éste  está deteriorado.
Will Forte (David) tiene una cara de buen chico que va muy bien con su papel, y Bruce Dern (Woody), con esa barba y ese pelo despeinado, su modo de andar medio cojeando, y la mirada perdida en muchas ocasiones, logra una gran interpretación.
Principalmente, creo que es una película de reencuentro con el padre y de intentar meterse en su mente para saber lo que piensa, incluso ahora, cuando su cerebro ya no funciona muy bien.
El hombre quiere conseguir dinero, no sólo para su furgoneta y su compresor, sino también para dejarles algo a sus hijos. Y David le acompaña en su locura protegiéndole y quizá con la esperanza de que vuelva a la realidad y se dé cuenta de su error.
Nos perdemos por las carreteras, bebemos en los bares con los protagonistas, nos duelen los golpes de Woody, buscamos su dentadura y le damos el puñetazo merecido a su amigo. Y sufrimos, porque hemos sido toda la vida unos perdedores. Nos quedará, eso sí, el pequeño triunfo de pasearnos con una furgoneta por el pueblo y tener el nuevo compresor. No tendremos el millón de dólares pero sí un momento de gloria. Y no es poco. All fin y al cabo la vida son pequeños momentos de felicidad y muchos de tristeza, sufrimiento y humillaciones, sobre todo si, como en este caso, eres una buena persona.