En el pasado mes de junio de 2026 Europa ha vivido una de las olas de calor más intensas registradas hasta la fecha. Las temperaturas extremas han puesto de manifiesto no sólo la vulnerabilidad de sus ciudades frente al cambio climático, sino también una realidad menos evidente: la importancia que los espacios donde vivimos tienen en nuestro bienestar físico y psicológico.
En Francia, acaba de suceder algo insólito, un supermercado (LidL) anunció la venta de 200000 ventiladores y aires acondicionados en todas las sucursales del país, provocando un -hasta hace un tiempo-impensado fenómeno masivo.
Largas colas frente a cada sucursal culminaron con golpes y violencia cuando al abrir las puertas, todos buscaron hacerse con su equipo, generando un ambiente de tensión que culminó con la intervención policial.
Más allá de la irresponsabilidad demostrada por la empresa, lo que se abre a debate es cómo el cambio climático ha puesto contra las cuerdas a ciudades y hábitats preparados para enfrentar no al calor extremo sino al frío y la falta de luz.
Techos de chapa, ventanas pequeñas y ausencia de ventilación cruzada, calles estrechas y edificios antiguos o reglas absurdas como la prohibición por “seguridad” de abrir las ventanas en algunos hospitales alemanes, se convierten en una trampa para las personas y aumentan los riesgos no solo para los grupos más vulnerables como niños, ancianos y enfermos, sino también para sus cuidadores y el equipo de salud o docente.
Esos espacios habitados durante largas horas( hogares o escuelas o edificios públicos)ya sea por razones de trabajo, envejecimiento , enfermedad, educación — dejan de ser un refugio para convertirse en un entorno que puede perjudicar nuestra salud mental y física.
En este contexto cobran especial relevancia dos disciplinas estrechamente relacionadas: la psicología ambiental y la neuroarquitectura asociadas en un cambio de paradigma hacia
una arquitectura más humana.
¿Qué es la neuroarquitectura?
La neuroarquitectura es un campo interdisciplinario que combina conocimientos de la neurociencia, la arquitectura, la psicología ambiental y las ciencias cognitivas para estudiar cómo los espacios construidos por el hombre influyen en el funcionamiento de la mente, las emociones, el estrés, la atención y el comportamiento humano.
Intuitivamente todos sabemos que algunas habitaciones transmiten calma mientras que otras generan incomodidad aunque no sepamos bien por qué.
La neuroarquitectura intenta responder a una pregunta fundamental a través de evidencias científicas:
¿Qué características del entorno físico explicarían nuestras sensaciones y nuestra cognición
Variables como:
- la iluminación natural
- la ventilación y la calidad del aire
- la temperatura ambiental
- la acústica
- la distribución de los espacios
- los colores y materiales
- la presencia de vegetación y elementos naturales
¿Influyen o no en los cambios fisiológicos y psicológicos relacionados con el estrés, la concentración, la memoria espacial, las funciones ejecutivas o la regulación emocional?
La respuesta paraece ser que sí, que influyen y bastante, por eso muchas personas sometidas a mucho calor durante muchos días en muchos lugares pueden tornarse violentas ante lo que perciben una respuesta de escasez de su entorno :
NO HAY AIRE, es leído por el cerebro como una amenaza que activa la necesidad de equilibrio interno y la sensación de estrés extremo.
Observar la resolución del uso del espacio en algunos proyectos en donde se han aplicado las reglas de la neuroarquitectura nos ayuda a entender cómo funcionan los lugares desde éste enfoque.
Un ejemplo es el D Pediatric Cancer Center Barcelona (España), centro del Hospital San Joan de Deu dedicado a tratar el cáncer infantil, que utilizó la biofilia, con grandes ventanas y vistas a la Sierra de Collserola, colores vivos e iluminación natural .
Hospital Sant Joan de Déu
Los asientos de espera fueron diseñados inspirandose en animales invertebrados formando conjuntos de sofás, bancos, butacas y pufs que encajan entre sí, en un continuo de juego y descanso.
Otro ejemplo es el High Line (Nueva York, EE. UU.): Un parque elevado sobre antiguas vías de tren que enlaza naturaleza y diseño urbano en una propuesta de Piet Oudolf, Ofrece un recorrido de más de 2 kilómetros de microclimas verdes aislados del tráfico en un proyecto de reutilización brillante con más de 500 especies de herbaceas, gramíneas y árboles
La psicología ambiental: mucho antes de la neuroarquitectura
Aunque la neuroarquitectura es un concepto relativamente reciente, muchas de sus preguntas habían sido planteadas por la psicología ambiental hace ya décadas , concretamente, a finales de los ´60.
Esta rama de la psicología estudia la relación bidireccional entre las personas y su entorno físico, analizando el impacto que los espacios tienen en nuestras emociones, pensamientos y conductas, pero también cómo nuestras decisiones transforman esos espacios.
Desde esta perspectiva, una vivienda no es nunca “simplemente” un conjunto de habitaciones, sino una extensión de nuestra identidad en donde descansamos, trabajamos, criamos a nuestros hijos, afrontamos conflictos, recuperamos energía y construimos parte de nuestra narrativa personal.
Ambas disciplinas, si bien están relacionadas, presentan diferencias, la más notable es sin duda metodológica.
Mientras que la psicología ambiental tradicional se ha apoyado en estudios descriptivos y cuestionarios, la neuroarquitectura incorpora herramientas propias de la neurociencia, por ejemplo, la resonancia magnética funcional, el electroencefalograma o el seguimiento ocular (eye tracking) además de la medición de indicadores fisiológicos del estrés, para comprender cómo responde el cerebro en diferentes entornos.
En realidad, ambas disciplinas son complementarias y persiguen un mismo objetivo: diseñar espacios que favorezcan el bienestar humano.
La casa como factor de protección psicológica
La pandemia de COVID-19, hace ya 6 años y el aislamiento que se instaló a nivel global de un día para otro, puso de manifiesto algo que muchas investigaciones ya apuntaban: las características de una vivienda influyen directamente sobre la salud mental de sus ocupantes.
No alcanza que una casa tenga buena iluminación natural, ventilación o climatización, es importante analizar CÓMO están organizados esos espacios.
Un espacio diseñado teniendo en cuenta principios de neuroarquitectura puede convertirse en un auténtico factor protector.
No se trata de construir viviendas perfectas, estilo Pinterest, sino de descubrir qué modificaciones pueden producir efectos significativos sobre la salud.
Entender por qué la circulación entre ambientes, el tamaño de los objetos o los colores y texturas predominantes generan confort o disconfort emocional es el primer paso para el diseño de espacios más amigables.
La importancia de la biofilia
Uno de los conceptos que mejor conecta la psicología ambiental con la neuroarquitectura es la biofilia, término propuesto originalmente por el reconocido biólogo Edward O. Wilson.
La hipótesis central de la biofilia sostiene que los seres humanos conservamos una tendencia innata a buscar contacto con la naturaleza porque durante la mayor parte de nuestra evolución vivimos en entornos naturales.
Hoy sabemos que incorporar naturaleza al diseño doméstico puede adoptar formas muy sencillas:
- plantas de interior;
- vistas hacia zonas verdes;
- utilización de madera y piedra;
- abundante luz natural;
- ventilación cruzada;
- patios, terrazas o balcones;
- sonidos naturales o pequeñas fuentes de agua.
El diseño biofílico puede contribuir a disminuir el estrés percibido, favorecer la recuperación de la atención, mejorar el bienestar emocional e incrementar la satisfacción con la vivienda.
No hace falta vivir junto a un bosque para beneficiarse de estos efectos. Incluso pequeñas intervenciones pueden generar una sensación de conexión con la naturaleza.
Un reto para la salud mental del siglo XXI
Sabemos que la salud mental depende de múltiples factores: la genética, las relaciones sociales, el estilo de vida y las experiencias vitales.
Aquello que Freud definió como “Series complementarias” está plenamente vigente: nuestra personalidad es el resultado de tres factores : lo innato + las experiencias infantiles + los factores desencadenantes agregando que cada vez existe mayor consenso en que el entorno construido constituye también un determinante importante.
La neuroarquitectura no viene a sustituir a la psicología clínica ni ofrece soluciones mágicas. Su aportación consiste en recordar que el cerebro (hardware) y la mente (software) nunca dejan de interactuar con el espacio que habitan y por lo tanto sería un grave error ignorarlo.
En ese punto es donde la psicología de la salud y la psicología ambiental generan un modelo biopsicosocial compartido, con el objetivo común de proponer alternativas de entornos más amigables que faciliten habitos humanos más saludables
En un contexto marcado por el cambio climático, el envejecimiento de la población y el aumento del tiempo que pasamos dentro de casa, diseñar viviendas saludables deja de ser un lujo para convertirse en una estrategia preventiva.
Solo basta hacer una rápida búsqueda en Internet con las palabras “residencia de mayores” o “geriátricos”, para ver que, aún aquellos que se autoperciben como “premium”, minimizan el acceso a espacios verdes o abiertos, utilizan colores fríos, formas agudas, elementos todos poco amigables con la conservación de procesos cognitivos como atención o concentración, o emocionales como la percepción de seguridad o la alegría.
Conclusión: diseñar hogares y ciudades resilientes para proteger la salud mental
La ola de calor que ha afectado a Europa en junio de 2026 ha puesto de manifiesto que el cambio climático ya no es únicamente un desafío ambiental, sino también un reto para la salud pública y la salud mental.
Además, esta situación ha evidenciado que muchas viviendas, escuelas, hospitales y espacios públicos no solo en Europa , no han sido diseñados para soportar episodios de calor tan intensos y prolongados.
En este contexto, la neuroarquitectura y la psicología ambiental ofrecen una perspectiva especialmente valiosa. Ambas disciplinas coinciden en que el entorno construido puede actuar como un factor de riesgo o como un factor de protección para la salud mental.
El reto de las próximas décadas consistirá en trasladar estos principios desde la escala de la vivienda a la de la ciudad. Será necesario diseñar barrios más resilientes al calor, las inundaciones y los vientos y tormentas, mediante soluciones basadas en la naturaleza, corredores verdes, arbolado urbano, cubiertas vegetales, espacios de sombra, refugios climáticos y edificios que prioricen el confort térmico sin depender exclusivamente del aire acondicionado.
La neuroarquitectura y la psicología ambiental pueden contribuir a crear entornos que no solo mitiguen los efectos del cambio climático, sino que también promuevan la salud mental, la cohesión social y la calidad de vida.
Creemos que en este nuevo escenario, la arquitectura dejará de ser una cuestión exclusivamente estética o funcional para convertirse en una herramienta dentro de un enfoque interdisciplinario de prevención en salud pública.Y ahí los psicólogos tendremos mucho que aportar.
https://www.theguardian.com/environment/2026/jul/05/europe-air-conditioning-culture-wars-heat-up
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https://lac.saludsindanio.org/salud-justicia-climatica
Haz clic para acceder a LH_336-337_07_01.pdf
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