No, nunca, jamás – @alasenvuelo

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Cuando llega el dolor de lo innecesario y la voz se despide, aún después de la última mirada, tratando de no soltar el infinito instante en que el mundo colapsará por completo.

-¿Volverás?

-No lo sé. No debes esperarme.

Y entonces, el remolino de vidas que se desvanece, donde todo lo importante, deja de serlo y se reescriben los libros de historia desde el principio. No siempre fue así, antes.  Antes no existe. ¡Antes es ahora! Respondió con voz de hielo. Saldría por aquella puerta de madera clara desgastada por el viento y el mar. Barniz deshecho en las tempestades, la sal que ha roído las entrañas del recuerdo para decirle, ahora que abrió los ojos, que sólo era cuestión de tiempo. Ella volvió sus pasos hacia atrás. Si él se iba, las maletas lo extrañarían. Ellas siempre lo hacían volver, pero esta vez era diferente. No se llevó nada de equipaje.

Antes, en ese antes que ahora, nunca existió. Antes, él empacaba primero sus palabras, las envolvía con pañuelos de viento con mucho cuidado. Luego colocaba el pensamiento en una caja de ébano perfumada. Allí, le decía, llevaba lo más valioso. Las tardes caminando de la mano, y aquel minuto absurdo donde ella decidió que esos dos que eran podrían convertirse en uno.

Llevaba, enredados entre los calcetines y la ropa interior las caricias de noches aullantes de pasión. Sus gestos, sus sonidos. La mirada bestial de la caída al abismo mientras, impulsados por sus cuerpos, definían el amor en nuevas dimensiones. Sí, él jamás viajaba ligero. En su pequeño neceser, donde llevaba artículos de baño, cepillo de dientes, rasuradora, escondía, para las noches frías algunos besos de ella y millones de imágenes. Los sabores iban acomodados altisonantes entre las camisas, los pantalones, los zapatos de piel brillante. Llevaba con él su loción, aquella inconfundible que llenaba sus manos de ella, en cada mirada, cada gesto.

Pero esta vez él se iba sin equipaje, sin maletas, sin ellos. Ella sabía lo que vendría después. Lo vio cerrar la puerta tras de sí.

-Adiós.

No, NUNCA, Jamás.  Le respondió el silencio.

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