Cuando una película consigue que tenga ganas de dar un puñetazo a la protagonista o de gritarle algo, es que merece la pena, es que ha conseguido implicar al espectador en lo que les pasa a los personajes, que, en este caso, fundamentalmente, es lo que les ocurre en el interior. Por tanto, doble difucultad. Y doble mérito, también.
Con un cierto estilo documental, sin grandes alardes técnicos, pero con mucha sensibilidad y, sobre todo, mucho talento para contar el encuentro de estas dos personas condenadas a vivir con sus recuerdos y, aunque les pese, a convivir con otros seres humanos (como todos, claro), Nothing personal nos recuerda lo sencilla que puede ser la vida. Y lo sencillo que puede ser el cine. ¡Dejad de lado las complicaciones!
FRANK