Hace unos días, asistí como ponente a una Jornada sobre “Regionalização e Desenvolvimento” en Évora, dentro de la campaña que en Alentejo se está llevando a cabo para dar cumplimiento a la implantación de las “Regiones Administrativas”, reconocidas en la Constitución portuguesa de 1976 y diversas leyes de desarrollo de la misma, que no han conducido a su aplicación todavía.El obstáculo parece ser siempre el mismo: ¿hay una identidad regional que lo justifique?, ¿un hecho diferencial? Porque en esto parece que chocamos con el mayor impedimento. Incluso en España, después del acuerdo en que se formalizaron las Comunidades Autónomas, a poco de aprobarse la Constitución de 1978, se debatía sobre esta cuestión, que parece no acabarse de resolver. No son pocas las voces que se alzan en contra de lo que se dio en llamar “café para todos”, basándose en que “identidades diferenciales” apenas si estaban y están en Cataluña, el País Vasco… y por extensión aquellas comunidades que tienen idioma propio.Esta visión del idioma como “hecho diferencial” esencial, aparejando a ello cultura diferente, idiosincrasia especial, y por tanto “comunidades nacionales o nacionalistas” de primera, frente a regiones de segunda, es al menos simplista.Si nos circunscribimos al idioma, el castellano abarca Centroamérica y gran parte de Suramérica, que en forma alguna se sienten -ni nadie reivindica que lo hagan- integrantes de una hipotética “nación castellana”.Y si nos fijamos en la historia, el legado artístico-patrimonial, la cultura, el desarrollo socio-económico, las condiciones geomorfológicas…, o sea, aquello que conforman nuestro ser y estar, nuestro desenvolvimiento cotidiano, ¿cómo no darnos cuenta de lo mucho que sí nos define e identifica?
¡Claro que somos un “hecho diferencial”! Con un pasado de luchas y pesares, y un legado altamente valioso y peculiar. Con un presente dificultoso y como de “reloj parado”, que ha de ponerse a funcionar. Con un futuro que hay que diseñar conociendo y viviendo muy bien y muy de cerca la realidad. Por eso, un eficaz autogobierno con competencias de legislación y ejecución nos son tan necesarias como a aquellos que reivindican un mayor alcance de las mismas por sus “hechos diferenciales”, que no son más (ni menos) importantes que los que conforman nuestra identidad.