Obama y la leyenda de Osama

Publicado el 03 mayo 2011 por Abel Ros

Los atentados del 11 de septiembre del año 2001 perpetrados por la organización  yihadista Al Qaeda, liderada por Osama Bin Laden, simbolizaron la fragilidad del gigante y cohesionaron a la sociedad civil ante la amenaza incrustrada de probables réplicas terroristas orquestadas por “la figura invisible de Laden”.

Después de diez años de  herida histórica y frustración política por los intentos fallidos de búsqueda y captura del líder de Al Qaeda, la prensa internacional ha conseguido escribir su ansiado titular.
Los efectos colaterales de la noticia han elevado los bajos índices de popularidad del premio nobel de la paz, Barack Obama y ha contagiado el virus de la “inseguridad crónica” al continente occidental. 

El titular desierto de imagen, o dicho de otro modo, la muerte anunciada sin la prueba del cadáver, siembra la duda en la opinión pública y alimenta la “leyenda de Laden”.  Con la euforia del instante pasado y sin el ruido mediático de la noticia, el juicio histórico de los hechos inmortalizará la figura del enemigo a la categoría de aquellos personajes históricos, que sin el testimonio de la prueba, han sido objetos de cientos de hipótesis “post-mortem”.
El “fantasma de Laden”, como ha sido llamado por periodistas del sector crítico de Obama, seguirá latente en la incoherencia popular de sectores de la “sociead civil”,  incrédulos y descontentos , por la ausencia de imagen ante el “crimen perfecto” y esperado durante una “guerra de diez años”.
La frase de la sabiduría popular “una imagen vale más que mil palabras”,  seguirá enquistada en el pensamiento occidental y será difícil asimilar una muerte sin cuerpo visible. Las imágenes de la supuesta finca del líder de Al Qaeda con el plano general del “colchón y el suelo ensangrentado”, muestran indicios de un trágico suceso pero no solucionan la ecuación: “Bin Laden igual a cadáver”.
Los grandes titulares del siglo XX se correspondieron con el rigor periodístico de la imagen, la noticia “Franco ha muerto” fue seguida con su correspondiente entierro, cumpliendo con el ritual occidental. El titular “Sadan Husein ha muerto” estuvo ilustrado con su correlativo cuerpo presente. Ahora bien, ¿dónde está el cuerpo sin vida que ilustra y otorga la credibilidad colectiva al titular “Bin Laden ha muerto?.

La supesta muerte de Osama no pondrá el punto final al terrorismo yhiadista sino que será un punto y seguido en las posibles turbulencias del mal herido “statu quo” internacional.
Con la herida abierta en el corazón del radicalismo islámico y la presencia de Estados Unidos en el coflicto libio, se abre un nuevo ciclo de probables respuestas bélicas en territorio occidental.  El tanto a su favor auspiciado por Obama abre un episodio de inseguridad extrema ante posibles réplicas de venganza y atentados al “modus operandi de Al Qaeda“.
A pesar de las declaraciones recientes realizadas por la señora Aguirre sobre la puesta en duda de la autoría de los atentados del 11-M en Madrid, en visperas de elecciones municipales y autonómicas, ponen en evidencia la herida sin curar de la derecha española ante la derrota en las urnas, por la soberanía de un pueblo  indignado que sufrió las represalias del supuesto “líder muerto”.