Oppenheimer y su visión humanista de Einstein

Publicado el 05 junio 2026 por Carerac @abcienciade


La UNESCO organizó un evento internacional denominado “Science and Synthesis” (Ciencia y Síntesis) con motivo del décimo aniversario de la muerte de Albert Einstein (1955) y también de Teilhard de Chardin y el 50 aniversario de la teoría general de la relatividad. Entre los participantes se encontraban René Maheu (Presidente de la UNESCO), Ferdinand Gonseth, J.Robert Oppenheimer, Werner Heisenberg, Dominique Dubarle, Louis de Broglie, Sir Julian Huxley, Giorgio de Santillana, Gerald Holton, Pierre Auger, B.M. Kedrov, François Le Lionnais, Rene Poirier, Jean Piveteau, Pierre Leroy. Una gran variedad de disciplinas se unieron, como la física, la filosofía, la historia y la biología, reflejando la idea de síntesis. Heisenberg dio una ponencia titulada “The Unified Field Theory” (La teoría del campo unificado), donde continuaba el programa que Einstein había perseguido al final de su vida, la unificación de la física. Heisenberg representa el futuro como programa inacabado de Einstein. Oppenheimer, sin embargo, mira al pasado, a Einstein como figura histórica. En este artículo me centro en el discurso de Oppenheimer y su relevancia sobre el Einstein humano.

Oppenheimer en la UNESCO. 13 de diciembre de 1965. Modificado con Gemini 3.1


Robert Oppenheimer y su lectura sobre Albert Einstein


Oppenheimer pronunció la conferencia en la sede de la UNESCO el 13 de diciembre de 1965, en la cual ofrece un retrato íntimo y profesional de Albert Einstein. En su lectura busca desmitificar la figura del genio para destacar su profunda originalidad científica y su arraigo en tradiciones filosóficas y físicas fundamentales. A pesar de celebrar sus logros en la relatividad y la mecánica cuántica, Oppenheimer describe con honestidad el aislamiento profesional de Einstein durante sus últimos años en Princeton. Sin embargo, también resalta su faceta como humanista y pacifista, subrayando su rechazo a la violencia y su limitada responsabilidad directa en la creación de armas nucleares. Finalmente, describe a Einstein como un hombre de una pureza intelectual única, cuya sencillez y compromiso ético dejaron una marca indeleble tanto en la ciencia como en la política global.
Impartió la conferencia por la tarde del primer día del coloquio, enfermo ya con el cáncer de garganta que lo mataría un año y medio después.
Einstein admiraba a Oppenheimer por su redacción y promoción del plan Acheson-Lilienthal. Este fue un informe oficial de marzo de
1946, titulado “Report on the International Control of Atomic Energy”, encargado por el gobierno de EE.UU y dirigido políticamente por Dean Acheson. Elaborado técnicamente por un grupo de expertos encabezado por David Lilienthal con Oppenheimer como figura científica central. Es decir, Oppenheimer era el cerebro científico del plan. El cual intentaba resolver un problema que empezaba a evidenciarse como el mayor problema del siglo XX: ¿Cómo evitar una carrera nuclear después de Hiroshima?. La idea de Oppenheimer consistía en crear una autoridad internacional, una especie de organismo mundial atómico, cuya función sería la de quitar a los estados la capacidad material de producir armas atómicas.
Coincidía en lo fundamental con Einstein, quien tenía una idea similar: la de establecer un gobierno mundial como una necesidad moral para evitar para siempre el miedo a la guerra nuclear. Sin embargo, Oppenheimer lo consideraba más como una solución política; claramente, era el padre de la bomba atómica y quería o necesitaba solucionar el problema que él mismo había ayudado a crear. El resultado final ya nos lo podemos imaginar: fue un fracaso y comenzó la carrera armamentística nuclear.
El plan Acheson-Lilienthal fue el punto más cercano en la historia a la realización política de la visión de Einstein; y Oppenheimer fue su principal arquitecto técnico. Einstein tenía un profundo aprecio por Oppenheimer, no por ser el creador de la bomba, sino por el científico que, tras su creación, comprendió que únicamente una autoridad global podía controlar su poder. Sin embargo, no entendía la razón por la cual Oppenheimer no se integró al Comité de Emergencia de Científicos Atómicos, y por qué, en la primavera de 1947, se negó a ser el orador en una de sus cenas de recaudación de fondos.
En el otoño de 1947, cuando Oppenheimer se convirtió en director del Instituto de Estudios Avanzados y profesor de física allí, él y Einstein se convirtieron en colegas. Adquirió un profundo respeto por él, describiéndolo como un “hombre de capacidad inusual y educación multifacética”. Por su parte, Oppenheimer instaló una antena de FM en el tejado de la casa de Einstein en el 112 de Mercer Street y le regaló una nueva radio de FM por su cumpleaños para que pudiera escuchar los conciertos de la Filarmónica de Nueva York, transmitidos desde Manhattan, a unos 80 km de Princeton.
Volvamos a la conferencia. En su lectura, en el principio ya dice que el mito tiene su encanto, pero la verdad es mucho más bella y lo elogia diciendo: “Einstein era un físico, un filósofo natural, el más grande de nuestro tiempo.”
Más adelante señala: “La teoría general de la relatividad, que incluso hoy no está bien verificada experimentalmente, nadie excepto él la habría desarrollado durante mucho, mucho tiempo”. Oppenheimer tenía en mente la teoría de Brans-Dicke, la cual en ese momento planteaba una alternativa científica válida que sugería que la relatividad general podría ser errónea. Desde finales de la década de 1940, Oppenheimer consideraba que la relatividad general era uno de los campos menos prometedores para la investigación debido a la escasez de datos experimentales que permitieran confirmarla o descartarla definitivamente. Oppenheimer llegó incluso a impedir que los investigadores del Instituto de Estudios Avanzados se enfocaran en estos asuntos, considerándolos labores poco satisfactorias en ese momento.
Después sugiere que “En los últimos años de la vida de Einstein, los últimos veinticinco, su tradición, en cierto sentido, le falló. Fueron los años que pasó en Princeton, y esto, aunque motivo de tristeza, no debe ocultarse. Tenía derecho a ese fracaso”. Einstein pasó los últimos veinticinco años tratando de refutar la teoría cuántica, buscando sus defectos. Sin embargo, estos defectos no existían. “Lucho contra la teoría que él mismo había concebido pero que odiaba.” “…perdió gran parte del contacto con la profesión de la física, porque había descubrimientos que llegaron demasiado tarde en su vida como para que él pudiera ocuparse de ellos.”
Oppenheimer continuó diciendo que Einstein estaba solo y solitario. Y lo más curioso: “Sus primeros escritos son de una belleza sobrecogedora, pero contienen muchas erratas. Más adelante, no hubo ninguna.” Al final de su conferencia comenta: “Después de lo que has oído, no hace falta decir cuán brillante era su inteligencia. Carecía casi por completo de sofisticación y de mundanidad. Creo que en Inglaterra se habría dicho que no tenía mucha formación, y en Estados Unidos que le faltaba educación.”

Más adelante indica:

“Su voz se alzó con gran peso contra la violencia y la crueldad dondequiera que las viera y, después de la guerra, habló con profunda emoción y, creo, con gran contundencia sobre la extrema violencia de las armas atómicas. Dijo de inmediato con gran sencillez: «Ahora debemos crear un gobierno mundial». Fue muy directo, muy abrupto, sin duda «inculto», sin duda sin «experiencia»; aun así, todos, en cierta medida, debemos reconocer que tenía razón.”
Ciertamente, Oppenheimer hace una observación irónica y profunda sobre la personalidad intelectual de Einstein. Con estas palabras, Oppenheimer no sugiere que Einstein careciera de conocimientos, sino que poseía una ausencia casi total de sofisticación, mundanidad y estereotipo académico. Einstein carecía de complejos sociales y académicos que suelen acompañar a las personas instruidas en una sociedad convencional. Esto le permitió preservar un monismo filosófico puro, similar al de Spinoza, que es muy difícil de mantener si uno está demasiado influenciado por las corrientes de pensamiento tradicionales o la sofisticación social.
Para Oppenheimer, Einstein era de una pureza infantil y profundamente terca al no estar limitado por lo que la sociedad consideraba correcto o educado. De esta manera podía ver los problemas físicos y humanos con una claridad y originalidad que otros perdían debido a su formación convencional.
El contraste entre ambos resulta interesante. Oppenheimer veía en Einstein esta falta de educación (en el sentido de sofisticación) y Einstein describió a Oppenheimer como un hombre de «educación polifacética». Esto resalta la diferencia entre el estilo de Oppenheimer, que se destaca por su conocimiento y profundidad académica, y el de Einstein, que se caracteriza por una simplicidad que «disipaba las nubes del mito».

Einstein y Oppenheimer en Princeton. Color por Gemini 3.1 Oppenheimer en su despacho de Princeton. Color por Gemini 3.1