Pabellón del Uruguay, Bienal de Venecia 2012

Por Jaumep

(Gracias a Pedro Livni, Gonzalo Carrasco y Daniela Freiberg por su amabilidad y por la calidez de su recibimiento)

Foto: Oscar Ferrari

El Uruguay es uno de los tres únicos países suramericanos con pabellón permanente en los Jardines de la Bienal de Venecia, juntamente con Venezuela y Brasil. Si se visita la exhibición que los suizos Diener & Diener han hecho sobre los pabellones de los Jardines de la Bienal, se descubre que el Uruguay es el único sin arquitecto conocido. Esto se debe a que su pabellón permanente es producto del reciclaje del almacén de los Jardines, cuatro paredes que forman una habitación con una antesala añadida en una reforma posterior, levantadas por un constructor anónimo, cubierta a dos aguas con teja árabe y un lucernario longitudinal en medio. Las fachadas con completamente ciegas, revocadas, pintadas de color blanco y, sobre la puerta, el nombre del país. Nada más. Su ubicación es problemática, tirando a perjudicial: completamente rodeado de detrases. Ningún pabellón se enfrenta a él. Su entorno cercano son, por tanto, paredes ciegas y los árboles espectaculares del recinto: plataneros y almeces, singularmente. Si alguien camina del Pabellón de Francia hacia el puente que lleva a la Isla de Santa Elena, donde está la otra parte de los Jardines, o va a visitar el Pabellón de Australia, se lo encuentra de frente. En su interior se guarda una de las exposiciones más interesantes de esta Bienal.
El Pabellón está organizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, y es el resulado de un concurso ganado por Daniela Freiberg como comisaria y Pedro Livni y Gonzalo Carrasco como curadores. El tema de la exposición (que liga bien con el tema global de la Bienal, Common Ground, es decir, lugar común, o suelo, terreno, común, si se quiere) es triple: por un lado, mostrar el trabajo de seis estudios de arquitectura del país dirigidos por arquitectos de una edad que ronda los treinta-medios, reflexionar sobre el propio espacio expositivo, estandarizar y fijar el trabajo de estos arquitectos en un formato que permita que sus sensibilidades diversas dialoguen de tu a tu. El trabajo de cada uno de los seis arquitectos queda sintetizado en una maqueta. Todas las maquetas presentan una propuesta para el Pabellón del Uruguay de la Bienal. Todas ellas son, por orden de los curadores, un cubo de la misma medida presentado a escala 1:25. Esta regla de juego tan rígida les ha permitido ordenarlos en forma de una instalación que es arquitectura en sí misma. Se ha cegado el lucernario, se han atenuado las luces al máximo y, en la sala vacía, presidida por una pantalla de video, se ha dispuesto una gran mesa con las maquetas expuestas en fina de a dos en fondo. Una vuelta y lo habremos visto todo. La instalación es austera, sobria y efectista. Su lógica es fractal: dentro del pabellón, pabellones exhibidos de un modo que forma, por sí mismo, un pabellón. La propia exhibición, sin entrar todavía en el análisis de cada una de las propuestas, proporciona, pues, temas de reflexión: la exhibición de arquitectura (tema permanente de reflexión de la Bienal), qué ha de ser un  pabellón expositivo, qué ha de ser un pabellón expositivo nacional, cómo exhibir una serie de propuestas de arquitectura y, finalmente, el último nivel más obvio: la exhibición de las piezas en sí mismas.

Foto: Jaume Prat

Cada una de ellas tiene interés suficiente como para que sean examinadas por separado. Hay que remarcar el respeto absoluto de los arquitectos por las reglas de juego de los curadores, que han permitido montar la exhibición final. Los curadores me hicieron llegar el catálogo de la exhibición, un esfuerzo editorial remarcable que me ha servido para poder estudiar con cuidado las diversas propuestas, que paso a reseñar por orden de aparición:
1.- Fábrica de Paisaje
Mantener la función original del pabellón como almacén de jardinería. Jugar con el nombre del estudio y darse cuenta que éste puede ser entendido de dos modos diferentes: literalmente y adaptado a las circunstancias del lugar, dándose cuenta que un jardinero fabrica, literalmente, paisaje. El cubo propuesto queda conformado por una trama regular de pilares verticales muy esbeltos, en el interior de la cual, en una posición elevada, hay una caseta arquetípica (cubierta a dos aguas, volumen puro abierto por un testero) adosada a una de las caras para que se pueda ver perfectamente, a la que se accede por una rampa. Por tanto, el material principal del pabellón es aire. Es la vista lo que reconstruye el volumen a partir de estas operaciones geométricas. Muchas propuestas de pabellón, y esta es una de ellas, mantienen el carácter fractal de la exhibición (o, al haberse hecho ésta a posteriori, la exhibición amplía el carácter fractal de muchas propuestas). En este caso, del jardín original se pasa a un pabellón-jardín que contiene, en su seno, un espacio más pequeño, completamente limpio, de una escala similar al pabellón original, único espacio neutro de toda la intervención. El resto del espacio, un bosque de pilares dispuestos cada pocos metros, con toda una serie de instalaciones en su interior, con la rampa de acceso al pabellón, funcionaría suficientemente bien como espacio de exhibición, si reflexionamos sobre otros pabellones ya construidos, como pueden ser el de Venezuela, de Carlo Scarpa, o el de los Países Nórdicos, de Sverre Fehn, espacios con mucha personalidad, nada neutros, los cuales, año tras año, acomodan propuestas muy diferentes.

Foto: Oscar Ferrari

2.- Estudio G+
La propuesta más clásica de toda la muestra. G+ proponen un edificio que ocupa todo el volumen propuesto, consistente en superponer en altura la antesala existente a la sala, dotándolas de idéntica dimensión. La diferencia principal entre ellas será, pues, que la antesala toca el suelo y el pabellón queda suspendido en el aire. Literalmente. Como rasgos comunes principales, las dos salas quedan perfectamente abiertas al exterior. La antesala, a través de tres paredes vidriadas, con un cerramiento removible, apartable, que permite variar la medida de esta sala o, incluso, integrarla completamente a los Jardines. La superior tiene una cara, donde da la escala de subida, recta y de un solo tramo, completamente vidriada. El cristal tiene, en este caso, tres posiciones: delante de la escalera, detrás de la escalera (dejándola exterior) o apartada. De modo que, si apartamos las dos vidrieras, el pabellón es susceptible de convertirse en un espacio exterior cubierto. Con este sencillo gesto se consigue una flexibilidad máxima. El principal rasgo que separa las dos salas (y que caracteriza a una de ellas como antesala y la otra como pabellón) es la altura de techo. La de la antesala debe de rondar los dos metros cincuenta, y el pabellón tiene todo el resto del cubo como volumen. El objeto, con su formalización tan clara, seria, también perfectible: customizable por dentro y por fuera, con posibilidad de incorporar más filtros para matizar esta relación interior-exterior. Su compacidad, su carácter centrípeto hasta cuando está completamente abierto, quedaría perfectamente integrado en los jardines.

Foto: Jaume Prat

3.- Alejandro Baptista + Horacio Flora
Es el primero de los dos pabellones definidos por una multiplicidad de láminas paralelas en sección. La manera de trabajar cada una de las láminas y su sucesión conforman el espacio interior. Estas láminas podrían equipararse perfectamente a la estructura portante del edificio. En este caso, Baptista y Flora parecen llegar a posteriori a este sistema, después de haber definido el espacio interior más complejo que aparece en todas las propuestas. El pabellón sigue una lógica de muñeca rusa, con espacios dentro de espacios. La estructura es gruesa, todo un espacio en sí misma, y un primer espacio interior a escala del pabellón contiene un segundo espacio, una bolsa blanda dentro del primero, que forma un altillo, un bulbo inserto en el espacio principal que lo tensa decididamente. La lógica de recorrido es espiral: se entra, se rodea la sala pequeña y encontramos una escalera recta de un solo tramo que nos conduce al altillo superior, el mejor punto para observar toda la complejidad del espacio interior. Las diversas costillas presentan, cuando se miran al escorzo, una vibración, volúmenes perforados entre ellas que producen el acceso, vibraciones en la cubierta, ventanas y otras operaciones formales que dan carácter a la intervención. Este sistema de trabajo, adicionalmente, separa las fachadas dos a dos según la orientación de las costillas.

Foto: Oscar Ferrari

4.- MBAD arquitectes
El volumen del pabellón se conforma extruyendo una sola sección, una especie de C muy cerrada de gruesos irregulares, la banda abierta mucho más gruesa que las otras, no siendo una O por tan sólo un corte de unos dos metros y medio, a nivel del suelo, por donde se produce, precisamente, el acceso. Habiendo definido esta operación geométrica tan simple, la planta es de una gran complejidad. Se hace necesaria una pantalla de hormigón para sujetar el voladizo de la V, que organiza, ella sola, el acceso. Toda la parte baja del pabellón está organizada alrededor de una rampa en C, perimetral, que termina, precisamente, en el lado abierto y grueso de la C. Éste se ha vaciado por dentro a toda altura, dejando un espacio limpio, neutro, altísimo de techo, que podría leerse, el sólo, como el pabellón. De hecho, una de las virtudes principales de esta propuesta es, precisamente, su multiplicidad de lecturas. Una de ellas (la del pabellón-dentro-del-pabellón) lo lleva a ser considerado, también, un pabellón fractal, otra vez un juego de muñecas rusas donde la habitación principal estaría dispuesta dentro de un grueso constructivo. El espacio principal, cruzado por la rampa, tendría diversas calidades de luz al estar horadado el techo con un lucernario muy inteligente, a base de pequeñas perforaciones en el gran grueso que forma el edificio. No he sabido encontrar información sobre si este gran espacio estaría o no cerrado con vidrio, y este grado de ambigüedad hace un gran bien a la maqueta y al proyecto.

Foto: Oscar Ferrari

5.- Bendmark + Mirabal
La propuesta más construible de todas. Y, simultáneamente, la que más separa el pabellón del objeto exhibido, dialogando los dos formatos mediante un truco sencillísimo que después contaré. El pabellón es, en sí, una estereotomía realizada enteramente en hormigón, muy horizontal, consistente en poco más que una cubierta soportada por un muro de contención que cubre un espacio abierto a tres vientos. Parte del suelo se levanta para hacer accesible dicha cubierta, con escalón final para mantener intacta la integridad de esta cubierta, sin que haya voluntad de confundirla con el terreno. Una serie de paredes de cristal totalmente practicables, dispuestas en diversas posiciones, cierran el espacio interior. Poco más. La pieza es tan sencilla que no hace falta ni luz cenital para funcionar. El edificio no es, ni remotamente, un cubo. Para adaptarlo al formato expositivo, la pieza presenta un zócalo completamente macizo aproximadamente dos veces más grande que la propia maqueta. Este artificio desnaturaliza la pieza, sacándole el contexto que la ha creado para darle el contexto propio del formato a exponer, creando, a cambio, uno de los objetos más atractivos (por escultóricos) de toda la muestra.

Foto: Jaume Prat

6.- MAAM
La otra propuesta definida por planos paralelos en sección diagramas perforados que configuran el espacio expositivo. En este caso, esta decisión es claramente apriorística, y define un espacio interior bien definido, neutro, iluminado por cinco caras, surcado en diagonal por una pasarela que permitiría explorar el espacio en altura y tener otro punto de vista sobre la exposición, servida por un juego de escaleras que ofrecerían, también, multiplicidad de vistas cruzadas sobre el exterior y el propio espacio expositivo. Los diafragmas se formalizan en hormigón y los cerramientos entre ellos son ligeros, fácilmente reformables. El pabellón es, pues, totalmente perfectible. 

Foto: Oscar Ferrari