Revista Cine

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón(1980) de Pedro Almodóvar

Publicado el 16 diciembre 2011 por Loquecoppolaquiera @coppolablogcine

PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980) de Pedro Almodóvar
Detrás de los planos mal rodados y con sonido mejorable que constituyen la ópera prima de Pedro Almodóvar, la sensación que a día de hoy sigue transmitiendo y nos deja esta transgresora película es la de una infinita frescura, tanta como poseía el día en que se estrenó, allá por 1980, tras año y medio de rodaje. Dicha frescura es síntoma directo del momento por el que atravesaba España en aquellos años. La dictadura franquista había muerto y una jovencísima democracia había empezado andar poco a poco, y en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón se palpa todo ello en cada uno de sus atrevidos pero mejorables fotogramas.
Pepi, Luci, Bom… funciona, ante todo, como reflejo y documento de una época, del primer al último plano. Desde su inolvidable comienzo en el piso de Pepi, (una Carmen Maura fresca y divertida como nunca más ha estado) donde ésta pega cromos en un álbum de Superman (1978, Richard Donner), todos los elementos indican y reflejan la época en la que está concebida, una era todavía algo confusa, algo inmadura, todavía sin plena confianza en sí misma, pero con unos aires indudables de libertad. Dentro de esos fascinantes y madrileños años ochenta, Almodóvar parece utilizar cada ejemplar de la fauna urbana del Madrid de la Movida para insertarlo de alguna forma u otra en su film, creando un universo propio en el que caben desde un ama de casa masoquista, unos jóvenes chaperos, un grupo de música punk y travestis por doquier, hasta un policía facha (impagable Félix Rotaeta) de doble moral que trata a su esposa como a una madre mientras que él se desinhibe sexualmente por su cuenta, personaje-símbolo que en el conjunto del film sirve a modo de reflejo de las dos Españas.
PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980) de Pedro Almodóvar
La riqueza de Almodóvar como cineasta no reside en esta ocasión precisamente en su proeza técnica (cuyas más altas cumbres en lo que a cutrez se refiere podemos apreciar especialmente en la secuencia del concurso “Erecciones generales”, donde en plano general un jovencísimo Almodóvar con bigote aparece con la cabeza cortada como consecuencia de un mal encuadre), sino en una imaginación desbordante enriquecida con elementos propios de una cultura popular perfectamente insertada en cada momento (lo que, por cierto, siempre ha constituido uno de sus sellos personales): desde los acordes de Psycho de Bernard Herrmann a la marcha procesional de Semana Santa en la mítica secuencia de la meada, sin olvidar la inclusión de La revoltosa como banda sonora en el momento de la paliza o el bolero final. Recursos excelentemente empleados que suplen las carencias de un estrecho presupuesto recaudado por amigos entre los que se encontraban la propia Carmen Maura y el genial Félix Rotaeta.
PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980) de Pedro Almodóvar
PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980) de Pedro Almodóvar
La historia resiste bien el pulso al espectador por un sinfín de secuencias memorables y poderosamente divertidas, donde Almodóvar ya demuestra ser un maestro de la comedia al igual que un flamante director de actores (el caso de la jovencísima Alaska no tenía solución), con poderosas e inolvidables frases (“Tú te comes un moco como te comes un cacho de pan” o "Creí que al casarme con un policía me iba a tratar como una perra, pero hija, me trata como a su madre"), si bien el guión adolece de ciertas lagunas sobre todo al final. También apreciamos como un notorio fallo utilizar únicamente al principio de la cinta el brillante recurso de los carteles a modo de cómic o novela gráfica para estructurar el relato y olvidarse de ellos rápidamente, o las largas secuencias de las distintas actuaciones del Bomitoni Grup (interpretado por Los Pegamoides), que más bien parecen publicidad gratuita y promoción a cambio de intervenir en la película. Pero sin embargo en este irregular collage aparecen temas que siempre han acompañado al cineasta manchego, como la amistad, el amor o la soledad, lo que indica sobradamente que un genial autor existía ya en ese momento más allá del Super 8 de sus primeros cortos.
Pepi, Luci, Bom… no es ninguna maravilla ni nunca lo ha pretendido ser, a lo que hay que añadir que vista hoy resulta envejecida en ciertos aspectos, aunque no en su totalidad. Pero que este film sigue siendo único en su género es algo que salta a la vista. A nadie más que a Almodóvar se le hubiera ocurrido el brillante sketch de los anuncios de las “bragas Ponte” protagonizado por Cecilia Roth, por ejemplo, ni las citadas y disparatadas secuencias del concurso de penes largos o la meada en la cara de Luci (Eva Siva). En manos de otro cineasta que no hubiera gozado del genio del manchego el film hubiera resultado soez y grosero para las mentes más puritanas, pero su magnífica capacidad cómica consigue un resultado alejado de dichos calificativos para convertirse desde su nacimiento en film de culto.
PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980) de Pedro Almodóvar
En definitiva estamos ante una película imprescindible, plagada de defectos, eso sí, pero en eso mismo radica su peculiar grandeza. Aunque sea hija de su época y halla que entenderla sobretodo en su contexto (pecando quizás demasiado de ello), se sigue apreciando con una gran carcajada que sirve, al mismo tiempo, para entender un sentimiento ganado con no poco esfuerzo y que muchas veces los que hemos nacido en democracia no valoramos lo suficiente: la libertad.
EDUARDO M. MUÑOZ BARRIONUEVO


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