El problema de Jeroen Dijsselbloem (Eindhoven, 1966) no es que parezca nazi, sino que parece que piensa como tal, al considerar que hay países europeos que malgastan el dinero en “alcohol y mujeres” (sic), por lo que no se merecen la “ayuda” que reciben de los países ricos de la Unión. Establece desde su sillón de eurobanquero diferencias entre el Norte y el Sur de Europa, mostrando su verdadera mentalidad cuando se le escapan ese tipo de afirmaciones ofensivas y gratuitas contra Estados sureños que no gozan de su complacencia. Para él, como con los repudiables nazis, existen naciones puras y naciones zánganas a las que hay que “limpiar” de gastos para que ajusten sus cuentas al gusto de los acreedores del Norte, sin valorar las consecuencias en la población de una austeridad contable e inmisericorde. Es lo malo de los tecnócratas, que piensan que la sociedad se debe poner al servicio de la economía y no al revés. Así, las pensiones, los salarios, la sanidad, la educación, las prestaciones por desempleo y las ayudas a la dependencia han de amoldarse a las exigencias de los ricos prestamistas del Norte con pinta de nazis. Pero, si sólo fuera la pinta…
El problema de Jeroen Dijsselbloem (Eindhoven, 1966) no es que parezca nazi, sino que parece que piensa como tal, al considerar que hay países europeos que malgastan el dinero en “alcohol y mujeres” (sic), por lo que no se merecen la “ayuda” que reciben de los países ricos de la Unión. Establece desde su sillón de eurobanquero diferencias entre el Norte y el Sur de Europa, mostrando su verdadera mentalidad cuando se le escapan ese tipo de afirmaciones ofensivas y gratuitas contra Estados sureños que no gozan de su complacencia. Para él, como con los repudiables nazis, existen naciones puras y naciones zánganas a las que hay que “limpiar” de gastos para que ajusten sus cuentas al gusto de los acreedores del Norte, sin valorar las consecuencias en la población de una austeridad contable e inmisericorde. Es lo malo de los tecnócratas, que piensan que la sociedad se debe poner al servicio de la economía y no al revés. Así, las pensiones, los salarios, la sanidad, la educación, las prestaciones por desempleo y las ayudas a la dependencia han de amoldarse a las exigencias de los ricos prestamistas del Norte con pinta de nazis. Pero, si sólo fuera la pinta…