Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
Pirineos, Cataluña y Napoleón
Pactos de valle más antiguos que los reyes, una frontera que apenas se ha movido desde 1659 y un emperador que quiso hacer de Cataluña cuatro departamentos franceses.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
Sinopsis
Los pactos de valleDesde antes de 1300, facerías, patzeries y lies et passeries funcionaron como auténticos tratados internacionales.
Montañas que unenLa cordillera no separó a los pueblos: la vecindad creó beneficios y afinidades a ambos lados.
Autonomía de los vallesDurante siglos, los valles actuaron como «cantones suizos» entre España y Francia.
Pervivencia del derecho consuetudinarioHeredero único, trashumancia y pastos comunes resistieron incluso a los fueros reales.
Una frontera estableLa raya hispano-francesa apenas ha variado desde el Tratado de los Pirineos de 1659.
Centralismo de forma, no de fondoFrancia siguió siendo lingüística y localmente diversa hasta bien entrado el siglo XIX.
El occitano y MistralEl Nobel de 1904 a un autor en lengua de oc prueba esa diversidad.
Napoleón en CataluñaGobiernos militares (1810) y anexión al Imperio (1812): administración francesa arriba, municipios a los vecinos.
Rechazo catalánLa burguesía industrial y comercial rechazó la anexión por sus intereses económicos.
De los pastos a la naciónLas disputas de pastos y la invasión forjan una identidad española frente a la francesa: nace el «gabacho».
La tradición vivaEl Tributo de las Tres Vacas (1375) sigue celebrándose cada 13 de julio.
Cronología, 1375-1982
1375Sentencia arbitralOrigen del Tributo de las Tres Vacas1659Tratado de los Pirineos
7 de noviembre, isla de los Faisanes1660Entrevista de los reyes
Luis XIV y Felipe IV en el Bidasoa1808Invasión napoleónica
José I, rey de España1810Decreto de 8 de febrero
Gobiernos militares en Cataluña1810Mariscal Augereau
El catalán, lengua oficial con el francés en la región1812Decreto de 26 de enero
Cataluña, anexionada al Imperio1814Retirada francesa
Fin de los departamentos catalanes1856-1868Tratados de Bayona
Delimitación de la frontera, mojón a mojón1863Encuesta lingüística
7,5 millones de franceses sin francés1904Nobel a Mistral
Compartido con José Echegaray1982Leyes Defferre
Francia se descentraliza
I. Los pactos de valle
Antes de 1300, los valles limítrofes del Pirineo ya concertaban acuerdos para el aprovechamiento de los pastos: resolvían los conflictos que surgían y alcanzaban cierto grado de concordia para subsistir con lo que el valle daba. Eran las llamadas facerías en Aragón y Navarra, patzeries en Cataluña o lies et passeries en Francia, verdaderos tratados internacionales a escala de valle.
Como señalaron Andrés Giménez Soler y Jean Sermet1, los Pirineos no habían separado a los pueblos de ambas vertientes. Desmintiendo el aforismo de que «los ríos unen y las montañas separan», las relaciones de vecindad habían producido beneficios para todos y afinidades para muchos, por encima de las fronteras de los hombres. Más aún: lo accidentado del terreno, lo inaccesible, lo desafiante de una naturaleza caprichosa hizo que
«durante más de dos siglos los Pirineos se constituyeran como cantones suizos interpuestos entre España y Francia y aprovechando exclusivamente a los valles contratantes»
J. M. Guilera (1963)2
II. Una frontera que no se mueve
Podría decirse que el tiempo se detuvo ante montañas tan escarpadas, que conservaron modos de vida y culturas ancestrales, ajenos a una modernidad rara para quienes medían el tiempo por orografías inmutables; costumbres defendidas con el corazón y pactos sellados con palabras que eran ley y hierro.
Algo de ello se refleja en la propia frontera hispano-francesa, que apenas ha variado desde el Tratado de los Pirineos, firmado el 7 de noviembre de 1659 en la isla de los Faisanes, sobre el Bidasoa. Su trazado quedó precisado, mojón a mojón, por los Tratados de Bayona de 1856, 1862, 1866 y 1868. Pocas fronteras en el mundo pueden exhibir tal estabilidad.
Instituciones jurídicas de tanta raigambre como el régimen de heredero único, la trashumancia o los pactos de uso compartido de los pastos se mantuvieron, ignorando incluso los fueros de sus reyes. Primaba lo local, primaba el valle; permanecían, centuria tras centuria, los acuerdos de antiguos señores y antiguos justicias.
III. «París y el desierto francés»
Todo ello pudo pervivir en el Pirineo francés y, por capilaridad, en el español, porque el centralismo francés operaba más en la forma que en el fondo. Recuerda Nassim N. Taleb3 hasta qué punto Francia estaba lejos de ser un país homogéneo en pleno siglo XIX: según la encuesta oficial de 1863, unos 7,5 millones de sus 38 millones de habitantes —en torno a uno de cada cinco— no hablaban francés, y muchos más solo lo chapurreaban. No se logró uniformar el país pese a los designios de Luis XIV, de Napoleón y del programa de educación nacional de Jules Ferry. Francia era, como escribiría en 1947 el geógrafo Jean-François Gravier, «París y el desierto francés».
La vida local o comunal gozaba de amplia autonomía de hecho, con el prefecto —equivalente a nuestro antiguo gobernador civil— como representante del Estado en el departamento, circunscripción equivalente a nuestra provincia. La verdadera homogeneización fue obra lenta de la escuela de la Tercera República, del servicio militar, de la Gran Guerra y, ya en el siglo XX, de la modernización de la V República. Paradójicamente, cuando el sueño napoleónico de la integración parecía cumplido, las leyes Defferre de 1982 emprendieron el camino inverso: la descentralización.
Esta disparidad, esta refracción imperfecta frente a la uniformidad centralizadora, se constata en que el Nobel de Literatura de 1904 fue otorgado —compartido con José Echegaray— al francés Frédéric Mistral, que escribía en provenzal, variedad de la lengua de oc u occitano: lengua romance milenaria del sur de Francia, hermana del catalán —y durante siglos su modelo poético, pues los trovadores catalanes escribieron en occitano hasta Ausiàs March—, hablada, con variantes en cada valle, en buena parte del Pirineo, del Bearn gascón al valle de Arán, donde aún hoy es oficial como aranés4.
IV. Napoleón y Cataluña, 1810-1814
Un ejemplo claro de aquella dualidad entre forma y fondo se observa en Cataluña durante la guerra de la Independencia. Por decreto de 8 de febrero de 1810, Napoleón sustrajo Cataluña —junto con Aragón, Navarra y Vizcaya— a la autoridad de su hermano José I y la sometió a gobiernos militares directamente dependientes de París. La anexión formal llegó después: por decreto de 26 de enero de 1812, Cataluña quedó incorporada al Imperio y dividida en cuatro departamentos —Ter, Segre, Montserrat y Bocas del Ebro—, con capitales en Gerona, Puigcerdá, Barcelona y Lérida5.
Hasta la retirada francesa de 1814, la estructura gubernativa de Barcelona quedó en manos de funcionarios franceses, mientras los municipios se dejaban a los propios vecinos. El mariscal Augereau llegó a proclamar en 1810 el catalán lengua oficial junto al francés, en un intento de ganarse a la población. No tuvieron aceptación aquellas medidas en la sociedad catalana, principalmente entre la burguesía industrial y comercial, que temía un perjuicio cierto para sus intereses económicos: la pérdida del mercado español y americano.
V. Gabachos y españoles
Es en el marco de aquellas relaciones de vecindad, en el Pirineo catalán de los siglos XVIII y XIX, cuando se recrudecen las disputas por los pastos entre ganaderos de España y de Francia. Allí, al calor de la invasión napoleónica, se afirma una identidad nacional española opuesta a la francesa: era el único recurso viable para resolver problemas sin arreglo fácil. Se extiende el término gavatx o gabacho —voz de origen occitano (gavach, ‘montañés tosco’)— como palabra ofensiva para el francés; y, en correspondencia, este empleaba el término español con agravio o desprecio6.
El Tributo de las Tres Vacas
Salvo incidentes aislados —inevitables en proporción a la extensión de la cordillera—, perviven costumbres medievales como el Tributo de las Tres Vacas, que cada 13 de julio entregan los vecinos del valle de Barétous (Bearn) a los del valle del Roncal (Navarra) junto a la Piedra de San Martín, y que se remonta, al menos, a la sentencia arbitral de 13757.
Suele considerarse uno de los tratados internacionales vigentes más antiguos de Europa.
Lugar: Piedra de San Martín, puerto de Ernaz · Fecha: 13 de julio · Origen documentado: 1375
Hay otros muchos ejemplos que hoy pueden contemplarse en los programas culturales de numerosos municipios españoles y comunas francesas: la memoria viva de unas montañas que, antes que frontera, fueron y son vecindad.
Notas
- Sermet, J. (1985): «Los problemas de la frontera hispano-francesa en los Pirineos», Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco. ↩
- Guilera, J. M. (1963): «Los pactos de facerías en los Pirineos y algunos conflictos con la Mesta aragonesa», Zaragoza: Institución «Fernando el Católico». ↩
- Taleb, N. N. (2013): Antifrágil. Las cosas que se benefician del desorden, Barcelona: Paidós. Sobre la cifra de 1863, véase Weber, E. (1976): Peasants into Frenchmen. The Modernization of Rural France, 1870-1914, Stanford: Stanford University Press. ↩
- Gallica, Bibliothèque nationale de France: bpt6k6371855w, f. 471. Sobre la relación entre occitano y catalán: Meyer-Lübke, W. (1925): Das Katalanische, Heidelberg: Winter, que lo tuvo por dialecto provenzal; réplica en Alonso, A. (1943): «Partición de las lenguas románicas de Occidente», Miscel·lània Fabra, Buenos Aires; balance en Munteanu Colán, D.: «Sobre la posición del catalán en el conjunto de la Romania», Archivo de Filología Aragonesa, LIX-LX (PDF). Sobre la poética trovadoresca en Cataluña: Ramon Vidal de Besalú, Razos de trobar (h. 1200); véase «Les Razos de trobar de Ramon Vidal: una gramàtica per al cant», Magnificat Cultura i Literatura Medievals, Universitat de València (en línea). ↩
- Decretos imperiales de 8 de febrero de 1810 (gobiernos militares de Cataluña, Aragón, Navarra y Vizcaya) y de 26 de enero de 1812 (incorporación de Cataluña al Imperio francés). ↩
- Shubert, A. (1991): Historia social de España (1800-1990), Madrid: Nerea, p. 299 [ed. orig.: A Social History of Modern Spain, Londres, 1990]. ↩
- Garibay, E. de (1628): Compendio historial de las chronicas y universal historia de todos los reynos de España, t. III, Barcelona: Sebastián de Cormellas. ↩
Para seguir leyendo
- Fairén Guillén, V.: Facerías internacionales pirenaicas, Madrid: Instituto de Estudios Políticos.
- Weber, E. (1976): Peasants into Frenchmen, Stanford: Stanford University Press.
- Gravier, J.-F. (1947): Paris et le désert français, París: Le Portulan.
- Real Academia de la Historia: Diccionario Biográfico electrónico, en dbe.rah.es.
- Enlaces: grifonepirineos.com · ossau-pyrenees.com.
Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).