Esta entrada se publicó en el blog originalmente el 11 de marzo de 2010. Hoy la recuperamos con motivo del décimo aniversario de Juguetes del viento.
Hace poco un amigo me envió dos e-mails, uno a continuación del otro.El primero contenía (¡intolerable!) una falta de ortografía; creo que una b en lugar de v, o algo similar.El segundo correo consistía exclusivamente en una disculpa por dicha falta, de la cual se había percatado mentalmente justo después de haberme enviado el mail (demasiado tarde, amigo).A mí me pareció que el chico se preocupaba mucho por un simple error que cualquiera puede cometer, y que además no tenía ninguna trascendencia.O quizá para él sí la tenía, pues es persona escrupulosa al máximo con lo que escribe. De hecho, yo siempre alabo su esmerada redacción y su perfecta ortografía.Es curioso, dicho sea de paso, que hayamos llegado a tal extremo de ignorancia de nuestro propio idioma y de dejadez en su uso, que nos llame la atención, nos sorprenda y hasta nos maraville que una persona escriba con corrección, cuando esto debería ser lo habitual y lo más normal.Es como si al ir a una tienda nos sorprendiera que nos dieran el cambio, o que los artículos estuvieran en buenas condiciones.Pero, como decía, hemos llegado al extremo de que lo correcto y lo lógico se han convertido en lo raro.Y claro, como toda acción tiene su reacción, y todo bote su rebote, van surgiendo por doquier contumaces correctores, personas que para contrarrestar esa tendencia generalizada a escribir mal, se dedican a vigilar lo que otros escriben para señalar sus errores, regañarles y corregirlos.
En otras ocasiones hablo de la utilización errónea de determinadas palabras por parte de personas anónimas, como yo, como cualquiera que va por la calle. Como se suele decir, el que tiene boca se equivoca, y ahí no cabe recriminación ninguna.Y en esos casos especialmente, lo único que pretendo es dejar modesta constancia de lo divertido que puede llegar a ser el idioma, ya que jamás se me ocurriría criticar a nadie por una incorrección cometida en un texto o conversación coloquial, informal, sin pretensiones artísticas ni profesionales. Y además yo estoy tan expuesta al error como cualquiera.
Nota Bene: Todo lo anterior no significa que me parezca bien que cada uno trastoque la gramática como le plazca. Pero de eso hablaremos otro día.