El dueño de una pequeña tienda quería vender su casa. Hacía años que se honraba con la amistad de uno de los grandes poetas de su época así que le pidió a él que le redactara un anuncio para el periódico que llamara la atención y le ayudara a venderla antes.
El poeta tomó lápiz y papel y escribió: "Se vende una encantadora casa, donde cantan los pájaros al amanecer. Está rodeada por las cristalinas aguas de un riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente ofrece una refrescante y tranquila sombra por las tardes".
Varios días después el comerciante y el poeta se encontraron por la calle y este le preguntó a aquel si ya había conseguido vender la casa.
"No volví a pensar en ello. Después de leer el anuncio que escribiste me di cuenta de la maravilla de casa que tenía".
Y es que a nosotros muchas veces nos pasa algo parecido. Caminamos detrás de falsos tesoros que la sociedad nos presenta y nos olvidamos de valorar más las cosas recibidas: la vida, la salud, el amor, los amigos, la sonrisa de los hijos, la familia, la inteligencia que poseemos, la paz...
Quizá si nos paráramos a redefinir lo que realmente tenemos, como realmente es, veríamos la vida con otros ojos.