Revista Economía

Por qué muchos nuevos emprendedores no lo consiguen

Publicado el 30 mayo 2013 por Recursosparapymes

Hay algo que he visto que se repite en el caso de muchos nuevos emprendedores, especialmente cuando es su primera actividad por cuenta propia.

Es la dificultad de calibrar el esfuerzo y el tiempo que requieren algunas cosas, especialmente las de:

1) Conseguir clientes.

2) Obtener unas ventas suficientes que nos den cierto impulso e inercia positiva.

3) Recuperar la inversión.

Por ejemplo, en el punto 3. Muchos se sorprenden cuando hablo del tiempo medio que cuesta recuperar una inversión al crear una empresa. Muchas iniciativas tardan fácilmente más de un año en recuperar lo invertido (eso si no son muy grandes o han tenido que hacer inversiones importantes, con lo cual la cosa se va a tres años o más). A muchos le comento cómo, si analizas números, estadísticas y experiencia, es esperable y normal que durante bastantes meses no consigamos ni cubrir los costes y que, para empezar a andar, vamos a precisar tener suficiente colchón de caja como para aguantar esos primeros momentos.

Los casos contrarios existen, pero son raros.

Conozco a unos amigos que montaron un local de ocio y, como me comentaba uno de ellos, había dado beneficio desde el primer mes.

Algún otro cliente me ha escrito y me ha dicho que a veces nota que me pongo en el extremo más difícil a la hora de comentar estas cosas y que él no lo ve así, pues creó el negocio X y le fue bien desde el principio o al poco tiempo.

Y eso existe, pero no es la norma en mi experiencia y no es lo que debemos esperar.

Esas historias positivas se cuentan más que las otras, son a las que hacemos más caso como futuros emprendedores, porque son las que más nos interesan, las que deseamos, las que nos inspiran y queremos imitar. Las tenemos pues más presentes y les dedicamos más atención porque nos atraen, pero eso no las hace más reales ni más probables. Además, pueden alterar nuestra percepción acerca de lo comunes que son, porque si las escuchamos todo el rato y las imaginamos constantemente, nos parecen más probables, pero mirando las cifras no realmente son las más habituales.

Especialmente al planificar, los emprendedores subestimamos (yo también) lo mucho que cuesta conseguir un cliente.

Obtener una venta no es fácil y cada día que pasa es una labor más complicada, especialmente cuando el contexto económico no es bueno y todo el mundo mide al milímetro cada compra.

Muchas veces intento explicar todos estos temas con el símil de cultivar.

Si yo planto una semilla y al poco tiempo ya estoy esperando que salga algo y me quejo amargamente porque no veo brotar planta alguna, la mayoría de las veces es porque no he calculado de antemano lo que va a tardar en aflorar lo plantado. No me doy cuenta de que un árbol tarda años y una planta más pequeña meses.

A esto se le une otro fenómeno. Como no vemos salir la planta “ya” (y todos sin excepción deseamos resultados instantáneos), empezamos a frustrarnos. El siguiente efecto de esa frustración es que, ante la ausencia de resultados, vamos descuidando el cultivo.

Ya no regamos tanto, ya no echamos un vistazo y quitamos las malas hierbas, ya ni le dedicamos tiempo…

Es normal y muy humano que la motivación real que tenemos por algo venga dada por los resultados tangibles que observemos.

Si vamos al gimnasio pero no vemos cómo se va la grasa y aparece el músculo, nos frustramos y, poco a poco, vamos pensando que no merece la pena el esfuerzo.

Sin embargo, si cada vez nos vemos mejor en el espejo, nos levantaremos con más ganas de ir.

Y es la falta de resultados visibles rápidos lo que desmotiva a muchos nuevos emprendedores.

Cuando las sirenas de alarma se disparan las dos principales “estrategias” que he visto han sido la de ir haciendo cada vez menos porque no ven que el esfuerzo merezca la pena (y que es lo que acabo de comentar) y la de empezar a cambiarlo todo constantemente y a apretar todos los botones que se puedan para ver cual suena.

He visto varios casos de esos. Recuerdo el de otra emprendedora de otro local de ocio que, desesperada por la falta de resultados rápidos, cada fin de semana probaba una cosa. Primero un tipo de música y la semana siguiente el contrario, primero un ambiente y dos días después otro distinto…

Muchas empresas hacen lo mismo, echando unas semillas y a los dos días otras porque no ven crecer nada, es es probar de todo durante demasiado poco tiempo como para que tenga algún efecto.

Ser emprendedor se parece a ser agricultor y además a una carrera de fondo constante, por eso requiere preparación previa y muchas capacidad de aguantar épocas miserables.

El emprendedor debe tener el superpoder de no verse motivado solamente por resultados tangibles.

Es así y no es fácil. Hay veces que uno da en la diana a la primera, y su negocio es rentable desde el primer día, pero no es lo más común.

Esta vez, la lección práctica de todo esto es pararse un segundo y meditar si esto nos está ocurriendo o nos sentimos identificados con esta situación.

¿Es posible que hayamos plantado y queramos que la semilla dé fruto más rápido de lo que debe si sigue su curso natural?

¿Empezamos a esforzarnos sólo cuando nos entra la urgencia o somos como el corredor de fondo y su esfuerzo sostenido?

En el caso del emprendedor eso significa ir sacando poco a poco más productos, obtener otro cliente más, hacer que repitan más compras los anteriores, poner en marcha otra estrategia de Marketing que nos dé a conocer, ir haciendo crecer la libreta de contactos…

Esfuerzo firme y sostenido.

Porque ser emprendedor es como correr, pero sobre una cinta transportadora que se mueve en dirección contraria.

Sólo avanzas si no dejas de moverte.

Si te paras, vuelves atrás.

Si corres demasiado y te tienes que detener quemado y sin fuerzas, cuando te des cuenta volverás a estar en el punto de partida.


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