Por qué no aprendemos nada de la historia

Publicado el 24 octubre 2016 por Wig

Es una lástima. La Historia sirve para aprender y comprender por qué lares del Universo nos movemos. Estamos deseosos de encontrar alguna especie extraterrestre que nos justifique nuestra propia existencia y olvidamos nuestros albores. Mientras, tenemos a nuestros dioses de antaño y a los actuales monoteístas dándonos lecciones morales. Pero lo más inteligente sería, como nos enseña la Historia, que no nos encontremos a ninguna otra civilización, pues una se comerá a otra, u otra será devorada por una. Y aunque ocurriera que se mezclasen, serán unos repudiados mestizos víctimas del racismo humano o extraterrestre. La Historia de España que me enseñaron nada tiene que ver con la Historia de España. Lo que me enseñaron de Historia Universal es sólo un grano de la arena del desierto más grande de este planeta. Ninguna Historia que nos enseñaron es como fue. No hay héroes que no sean vencedores, pues los perdedores no pueden tener héroes. Los hechos ocurrieron supuestamente, y tal vez alguna vez sepamos como fueron, pero son las interpretaciones de la sociedades que los encumbran lo que marca la creencia de la historia en sí, en minúscula, porque ésta historia encumbrada por los intereses fácticos no sirve para aprender ni comprender nada, sino para adherirnos a un plan estratégico social determinista. Así que sólo nos queda la Historia que vivimos y aquella del pasado que podemos criticar racionalmente para intentar aprender y comprender como será el futuro que se nos viene encima. La Historia, como la Literatura o la Música son las asignaturas "Marías" de cualquier educación actual. Vayan sumando inconvenientes para sacar algo de petróleo de la Historia. Einstein temía que el avance de la tecnología nos volviera ridículamente faltos de raciocinio. No quiera nadie que llegue a ser verdad, aunque estén asomando las orejas del lobo. Sólo nos queda nuestro interés contra viento y marea de no perder la curiosidad por aprender, comprender y avanzar. Encumbramos a nuestro cerebro al podio más alto de las especies, y espero que no lo bajemos de ese lugar. La única esperanza está en que siempre ha sido así, y siempre ha habido mentes que han superado esa gran barrera.