Revista Vino

¿Porque algunos vinos cuestan tanto.... y se venden?

Por Louzan
Estaba yo pensando en esta columna de Diego Rodríguez Rey en Lo Mejor de la Gastronomía y me ha asaltado una duda que, siendo eterna, veo poco reflejada en este submundo dedicado al vino, a su afición, degustación y conocimiento. Y es que, aunque en muchas ocasiones ha salido el tema de los precios nunca nos hemos preguntado dispuestos al debate, creo yo, ¿porque algunos vinos cuestan tantísimo... y sin embargo se venden?
Pongamos un ejemplo real a la vez que conocido; Chateau Petrus. Este legendario vino bordeles ha llegado a alcanzar, de modo corriente y no en añadas especiales, los mil euros por botella. Esta mañana, en una minima búsqueda daba con un Petrus del 92 a 659 €, algo impensable hace dos años. Igual comparativa se podría hacer con otras marcas bien conocidas por todos tanto en Francia (Ch. Latour, Ch. Lafitte, Romanee Conti..) como en España donde caro va unido a Dominio de Pingus y a su vino estrella, Pingus, actualmente a 799 € en Vinissimus (añada 2003). Pero la gran pregunta sigue siendo la misma ¿se paga? y lo que es peor aún ¿los vale?
Dejando a un lado el hecho de que vivimos en una sociedad de mercado donde la demanda justifica el precio y siempre que exista alguien dispuesto a pagarlo habrá productos que tengan un precio, lo discutible aquí serían dos cosas. La primera, si aquellos que pueden acceder a estos vinos tienen capacidad real para valorar la diferencia de calidad. Una cosa es ser millonario y otra conocer, haber probado y saber sopesar la calidad real de un producto como estos. En segundo lugar la duda se presenta por pasiva ¿que hace que un vino así mantenga esos precios por encima del momento económico y añada tras añada?.
¿Porque algunos vinos cuestan tanto.... y se venden?
Los más veteranos saben que Vega Sicilia lleva décadas ofreciendo su "Único" a un precio siempre superior a los 100 euros (incluso cuando la cosa se cifraba en pesetas) sin que mengüen, según algunos, ni calidad ni por supuesto precio. Y la pregunta sigue flotando en el ambiente ¿lo vale?. Bueno, yo he probado dos añadas distintas de Vega Sicilia, la 94 y la 98, con resultado dispar pero ambas estupendas. ¿Lo suficiente para pagar, año tras año, los precios que cuesta?. Bien, para mí no... pero esta visto que no formo parte de la media, a la vista del hecho cierto de que la bodega de la Ribera continua año tras año en la línea marcada.
Entonces ¿cual es el limite, si existe?, ¿el del tamaño de la cartera de cada uno?, ¿el de la locura enfermiza que lo envuelve a uno cuando de probar vinos se trata?, ¿el puro esnobismo?, ¿la idiotez consumista sin parangón en la que vivimos sumergidos?. Supongo que de todo habrá pero, si es cierto que existen vinos y limites que cada uno se autoimpone en función sobre todo de su capacidad económica pero, también, de su sentido común. Porque al igual que no es oro todo lo que reluce tampoco todo son éxitos continuados al hilo de un Vega Sicilia.
Todos conocemos casos, variados y en múltiples DO´s, de vinos que se han ofrecido de buenas a primeras a precios exagerados para propuestas que eran o novedosas o de zonas no especialmente agraciadas por buenas añadas o vinos conocidos previamente. Y sin embargo, ahi estaban, a 30 y 40 euros, sin rubor algunos, vinos de cepas foráneas, Shiraz, Merlot, Cabernet Sauvignon, a precios de allá pero elaborados aquí. La cosa duro.. lo que dura un suspiro. Una añada y fin del experimento. O dos. La realidad de un vino corriente o directamente malo se acaba imponiendo así que convendremos en que, para pasarse décadas costando más de 140 euros no solo hay que vivir de rentas sino que hay que ofrecer algo más. Pero, ¿Que mas?.
¿Porque algunos vinos cuestan tanto.... y se venden?
La primera vez que probé un Flor de Pingus, un 2001, lo confieso, me gusto y mucho. Claro que se trato de una nada buena añada (una de las peores dicen) y que el precio fue mucho menor a lo que estila Peter Siseck (65 € me costo) pero el hecho es que, para el bagaje que hace cinco años tenia de tintos de cualquier origen o variedad para mi este era un vino genial. Probé otras añadas tiempo después y descubrí que se puede hacer muchísimo mejor, pero no puedo decir que cuando tome aquel primer Flor de.. me disgustase porque mentiría. Y por aquel entonces habría vuelto a pagar los 65 euros y 70 incluso o mas, porque para mi entonces aquel era un gran vino. Hoy no daría 30 por aquella añada, pero es que yo y mi gusto por el vino ya no somos los mismos.
No digo que suceda con los mas grandes, seguro que no, pero creo que la capacidad de valoración es primordial, fundamental. La única vez en mi vida que tuve delante un Petrus no sabía nada en absoluto sobre el mundo del vino. Recuerdo la etiqueta y la añada, un 1990. Recuerdo el rumor de los que si sabían de lo que se trataba en la mesa. Recuerdo que me hizo mucha gracia aquella silenciosa devoción, miradas cruzas que decían "te has pasado" al que pagaría la comida y que había pedido la botella. Yo lo bebí, una copa, lo encontré mucho mas interesante que el vino de cartón con el que hacíamos el Kalimotxo y... fin de mi recuerdo. Una lástima.
Sea como fuera el hecho es que esos grandes dinosaurios seguirán presentes vaya como vaya el mundo y siempre y cuando ningún cataclismo acabe con sus lugares de origen. Pero, en mi humilde opinión, el tiempo de los otros, los que en base a operaciones de marketing, añadas extrañamente buenas o supuestas bases históricas en una tradición familiar inexistente o insuficiente, ha terminado. Habrá, seguro, coletazos, habrá relanzamientos y novedades pero seguramente tardemos décadas en ver otro tiempo como el vivido, donde el primero que aparecía y se vendía bien, que provenía de la Ribera del Duero o que decía ofrecer un estilo y clase originales y elevadísimos... desde la nada tenia que costar, por narices, mas de 30 euros. La escasez, la exclusividad y la calidad son factores medibles (la ultima en función además de los gustos de cada uno). Ya nunca palets de botellas ocultos por Madrid a la espera del boom navideño. Después de muchos años, cabe el riesgo de que uno se acabe teniendo que beber esos palets a la vista de no haberlos vendido, ni siquiera a menor precio que el de salida.
Jean Claude Berrouet, legendario enólogo de Petrus afirmaba en una ocasión, preguntado por los altísimos precios que alcanzaban sus vinos, que "Yo duermo muy tranquilo. El vino sale a 300 euros la botella de la bodega. Lo demás no es culpa mía".

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