No voy a decir que este fue el primer migrante que apareció esta temporada, porque tranquilamente puede haber pasado por acá alguna especie bastante más interesante y yo ni enterado. También es posible que mientras estaba haciendo alguna otra cosa el Suirirí real haya llegado, se haya acomodado un rato en el árbol, haya mirado para los dos lados y se haya ido pensando que en esta casa todavía no habían puesto el cartel de “fotógrafo disponible”.
La realidad es que uno quisiera tener la cámara siempre preparada y pasar buena parte del día mirando para afuera, esperando que aparezca algo interesante. Pero lamentablemente hay otras cosas que hacer en casa... y todavía no descubrí la manera de convencer a esas tareas de que se hagan solas mientras uno se queda sentado con la cámara en el regazo.
Así que habrá que ir repartiendo el tiempo entre una cosa y otra, y aprovechar cada oportunidad que aparezca por el barrio. Porque ahora que empezó oficialmente la temporada de visitantes, cualquier árbol, cable, techo o rincón del patio puede convertirse en una pequeña sorpresa.
Veremos qué más puedo registrar desde acá hasta el otoño. Con un poco de suerte aparecerá alguna especie más interesante que este Suirirí real... aunque, pensándolo bien, tampoco estaría nada mal que primero apareciera una que no se vaya justo cuando uno termina de agarrar la cámara.