Encontramos decenas de ejemplos en la historia sobre fallecimientos a causa de una risa continuada.
Se dice que el pintor griego Zeuxis murió de risa en el año 398 A.C mientras pintaba una escena cómica. Otra variante de la historia narra que murió de risa cuando una anciana le encargó una pintura de Afrodita, pidiendo al pintor que la usara a ella como modelo.
De Pietro Arentino se dice que murió de un sofoco por reírse demasiado. Algunos autores afirman que Aretino murió cuando su hermana le contaba un relato erótico. En ese momento, le entró un ataque de risa que hizo que cayera de espaldas preso de una apoplejía.
Un último ejemplo relata como la noche del 21 de octubre de 1893, el cubano Julián del Casal murió súbitamente durante una cena cuando uno de los comensales contó un chiste que le provocó un severo ataque de risa. El ataque de risa fue acompañado de una hemorragia y la mortal rotura de un aneurisma.
Los extremos no son buenos... Así que ¡ríanse! pero con moderación.
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