La raza es vista como una categoría mental de la modernidad. Para el autor: la formación de relaciones sociales fundadas en dicha idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo, que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen, desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una connotación racial. Y en la medida en que las relaciones sociales que estaban configurándose eran relaciones de dominación, tales identidades fueron asociadas a las jerarquías, lugares y roles sociales correspondientes, como constitutivas de ellas y, en consecuencia, al patrón de dominación colonial que se imponía. En otros términos, raza e identidad racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social básica de la población. El capitalismo puede ser una variante de las formas de dominación de la metrópolis sobre los colonizados. El autor la asimila como la nueva estructura del control del trabajo. Quedaron incluidos la esclavitud, la servidumbre, la pequeña producción mercantil, la reciprocidad y el salario. En tal ensamblaje, cada una de dichas formas de control del trabajo no era una mera extensión de sus antecedentes históricos. Todas eran histórica y sociológicamente nuevas. En primer lugar, porque fueron deliberadamente establecidas y organizadas para producir mercaderías para el mercado mundial. En segundo lugar, porque no existían sólo de manera simultánea en el mismo espacio/tiempo, sino todas y cada una articuladas al capital y a su mercado, y por ese medio entre sí. Configuraron así un nuevo patrón global de control del trabajo, a su vez un elemento fundamental de un nuevo patrón de poder, del cual eran conjunta e individualmente dependientes histórico-estructuralmente. Una visión eurocentrista se torna notoria pese al posicionamiento de América como zona especial de extracción y de colonización, para el autor esta es otra forma mediante la cual Europa maneja a su favor las dinámicas comerciales con las zonas de ultramar. Con la consolidación del capitalismo en el mundo esta visión se reitera y acrecienta de nuevas formas. Ya en su condición de centro del capitalismo mundial, Europa no solamente tenía el control del mercado mundial, sino que pudo imponer su dominio colonial sobre todas las regiones y poblaciones del planeta, incorporándolas al "sistema-mundo" que así se constituía, y a su específico patrón de poder. Para tales regiones y poblaciones, eso implicó un proceso de re-identificación histórica, pues desde Europa les fueron atribuidas nuevas identidades geoculturales. De ese modo, después de América y de Europa, fueron establecidas Africa, Asia y eventualmente Oceanía. En la producción de esas nuevas identidades, la colonialidad del nuevo patrón de poder fue, sin duda, una de las más activas determinaciones. Pero las formas y el nivel de desarrollo político y cultural, más específicamente intelectual, en cada caso, jugaron también un papel de primer plano. La problemática de la “modernidad” se convierte en un cumulo de argumentos del autor sobre los cuales deja claro no querer sumergirse en esta discusión de la que tanto hemos oído y nos atañe por diversas situaciones, pero la presenta entendiendo el patrón eurocentrista que se lleva a cabo con el capitalismo que luego empieza a tener cambios. Más adelante el autor nos habla del nuevo dualismo, de la disparidad entre homogeneidad y continuidad y heterogeneidad y discontinuidad. Luego el autor nos habla de la experiencia en América latina y los procesos de conformación de los estado-nación frente a la latente presencia del eurocentrismo. Luego nos habla de la experiencia en Estados Unidos y su particularidad. También nos habla de las diferencias raciales y su representación en la configuración de los estado-nación. Finalmente nos comenta los retos de la sociedad latinoamericana y la revolución social que se ha llevado a cabo de diversas formas en nuestros países. De hecho, el debate político del último medio siglo en América Latina ha estado anclado en si la economía, la sociedad y el Estado eran feudales/semifeudales o capitalistas. La mayoría de la izquierda latinoamericana, hasta hace pocos años, adhería a la propuesta democrático-burguesa siguiendo ante todo los lineamientos centrales del socialismo real o campo socialista, sea con sede en Moscú o en Pekín. Las últimas palabras del autor en el texto son un verdadero reto: Es tiempo, en fin, de dejar de ser lo que no somos.Aquí tienes en un link el texto completo por si deseas leerlo, descargarlo y/o llevarlo contigo: RTF(da click sobre RTF)para citar texto:Quijano, Anibal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y America Latina. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina, Julio de 2000. P.246
Que dice anibal quijano en colonialidad del poder, eurocentrismo y américa latina?
Publicado el 30 junio 2015 por Abvec @abvecLa raza es vista como una categoría mental de la modernidad. Para el autor: la formación de relaciones sociales fundadas en dicha idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo, que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen, desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una connotación racial. Y en la medida en que las relaciones sociales que estaban configurándose eran relaciones de dominación, tales identidades fueron asociadas a las jerarquías, lugares y roles sociales correspondientes, como constitutivas de ellas y, en consecuencia, al patrón de dominación colonial que se imponía. En otros términos, raza e identidad racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social básica de la población. El capitalismo puede ser una variante de las formas de dominación de la metrópolis sobre los colonizados. El autor la asimila como la nueva estructura del control del trabajo. Quedaron incluidos la esclavitud, la servidumbre, la pequeña producción mercantil, la reciprocidad y el salario. En tal ensamblaje, cada una de dichas formas de control del trabajo no era una mera extensión de sus antecedentes históricos. Todas eran histórica y sociológicamente nuevas. En primer lugar, porque fueron deliberadamente establecidas y organizadas para producir mercaderías para el mercado mundial. En segundo lugar, porque no existían sólo de manera simultánea en el mismo espacio/tiempo, sino todas y cada una articuladas al capital y a su mercado, y por ese medio entre sí. Configuraron así un nuevo patrón global de control del trabajo, a su vez un elemento fundamental de un nuevo patrón de poder, del cual eran conjunta e individualmente dependientes histórico-estructuralmente. Una visión eurocentrista se torna notoria pese al posicionamiento de América como zona especial de extracción y de colonización, para el autor esta es otra forma mediante la cual Europa maneja a su favor las dinámicas comerciales con las zonas de ultramar. Con la consolidación del capitalismo en el mundo esta visión se reitera y acrecienta de nuevas formas. Ya en su condición de centro del capitalismo mundial, Europa no solamente tenía el control del mercado mundial, sino que pudo imponer su dominio colonial sobre todas las regiones y poblaciones del planeta, incorporándolas al "sistema-mundo" que así se constituía, y a su específico patrón de poder. Para tales regiones y poblaciones, eso implicó un proceso de re-identificación histórica, pues desde Europa les fueron atribuidas nuevas identidades geoculturales. De ese modo, después de América y de Europa, fueron establecidas Africa, Asia y eventualmente Oceanía. En la producción de esas nuevas identidades, la colonialidad del nuevo patrón de poder fue, sin duda, una de las más activas determinaciones. Pero las formas y el nivel de desarrollo político y cultural, más específicamente intelectual, en cada caso, jugaron también un papel de primer plano. La problemática de la “modernidad” se convierte en un cumulo de argumentos del autor sobre los cuales deja claro no querer sumergirse en esta discusión de la que tanto hemos oído y nos atañe por diversas situaciones, pero la presenta entendiendo el patrón eurocentrista que se lleva a cabo con el capitalismo que luego empieza a tener cambios. Más adelante el autor nos habla del nuevo dualismo, de la disparidad entre homogeneidad y continuidad y heterogeneidad y discontinuidad. Luego el autor nos habla de la experiencia en América latina y los procesos de conformación de los estado-nación frente a la latente presencia del eurocentrismo. Luego nos habla de la experiencia en Estados Unidos y su particularidad. También nos habla de las diferencias raciales y su representación en la configuración de los estado-nación. Finalmente nos comenta los retos de la sociedad latinoamericana y la revolución social que se ha llevado a cabo de diversas formas en nuestros países. De hecho, el debate político del último medio siglo en América Latina ha estado anclado en si la economía, la sociedad y el Estado eran feudales/semifeudales o capitalistas. La mayoría de la izquierda latinoamericana, hasta hace pocos años, adhería a la propuesta democrático-burguesa siguiendo ante todo los lineamientos centrales del socialismo real o campo socialista, sea con sede en Moscú o en Pekín. Las últimas palabras del autor en el texto son un verdadero reto: Es tiempo, en fin, de dejar de ser lo que no somos.Aquí tienes en un link el texto completo por si deseas leerlo, descargarlo y/o llevarlo contigo: RTF(da click sobre RTF)para citar texto:Quijano, Anibal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y America Latina. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina, Julio de 2000. P.246