Revista Coaching

Quien no arriesga, no gana; quien no arriesga no vive

Por Juan Carlos Valda @grandespymes

Quien no arriesga, no gana; quien no arriesga no vive

Hay dos maneras de ver o vivir la vida: una es desde la grada, desde la seguridad del asiento del espectador, sin arriesgar nada. La otra requiere más valentía, requiere exponerse, atreverse, ser más vulnerable a la derrota, al fracaso y la crítica.

1. Quien no arriesga nada en la vida es un mero espectador que ve el tiempo pasar

¿Qué hace un espectador o la gente del público? Opina, grita, anima, critica, juzga, se queja, comenta y, sobre todo, habla de cómo los demás deberían hacer las cosas. En el fondo, no intervienen, son comentaristas pasivos que simplemente observan cómo las cosas suceden.

No hablan del futuro, hablan del pasado, de lo que acaban de ver; hablan después de ver lo que acaba de suceder, simplemente reaccionan a lo que hacen los demás. ¿Cambian algo con sus opiniones? ¿Cambian el resultado?

En realidad, se animan a sí mismos, sacan sus frustraciones, sus pasiones ocultas, se desahogan, creen que influyen en el resultado, sobre todo si su equipo vence. Sin embargo, la grada nunca pierde un partido, son los demás, los que juegan. Pero si lo ganan, también ganan ellos.

Por eso, la gente se pone más la camiseta de su equipo cuando ganan, así se sienten más involucrados. Sin embargo, se la ponen mucho menos cuando pierden, porque ahí muchas veces se borran a sí mismos.

¿Recuerdas lo que decía la portada de mi segundo libro ( Un lugar llamado destino)?

El cambio es posible para quienes se atreven a arriesgar...

2. La vida está en el campo, no en la grada

En cualquier área de la vida en la que optas por arriesgar y salir a jugar te va a hacer daño, habrá golpes y fracasos. Por supuesto que te van a criticar, juzgar, señalar... pero si no sales a jugar el partido de la vida (con todas sus consecuencias), jamás sabrás de qué serás capaz, ni sabrás hasta dónde podrás llegar.

Ver la vida pasar desde el asiento del espectador es más fácil, no corres riesgos, pero el vacío de no haber dado un paso al frente (y el posible arrepentimiento de no haberse atrevido) no será momentáneo, sino que perdurará en el tiempo y será mucho mayor.

Porque en la vida en pocas ocasiones nos arrepentimos de lo que hemos hecho, pero en demasiadas nos arrepentimos de lo que dejamos de hacer.

3. No arriesgar es vivir prisionero de tus miedos

Cuando no nos atrevemos a hacer algo que realmente deseamos, algo con lo que soñamos, nos sentimos retenidos, prisioneros del miedo, con una poderosa coraza que supuestamente nos protege de amenazas. Pero en realidad, lo único que hace es impedirnos ser libres, expresarnos y ser realmente en toda su dimensión. Viviendo sin arriesgar sólo descubrimos y mostramos una pequeña parte de lo que realmente somos (y podríamos llegar a ser).

Coraje es la decisión de atreverse a intentarlo; es escoger y hacer lo correcto aunque sea lo más difícil; es dar un paso al frente en vez de quedarse mirando en la sombra, sin destacar para no correr el riesgo de ser visto y señalado.

La verdadera vida es aquella en la que te atreves, en la que sales a jugar el partido a pesar de los miedos, en la que no te escondes sino en la que te expones; en la que te arriesgas para descubrirte a ti mismo.

Si no te has caído, si no te han criticado, a lo mejor es que aún no te has atrevido y no has salido a jugar.

4. Ser valiente es atreverse a ser vulnerable

Aunque debes saber una cosa: ser valiente es atreverse a ser vulnerable, es exponerte y saber que si te atreves a vivir una vida digna, una vida en la que respetas y te haces respetar, en la que das un paso al frente, en la que opinas y defiendes lo justo.

Tan solo existe una garantía: la de que en más de un momento te vas a caer y en la que si destacas al asomar la cabeza del rebaño, te van a criticar. Por eso, te recomiendo que veas una conferencia Ted muy potente sobre la vulnerabilidad.

V ivir de verdad y ser valiente significa decidir y actuar desde tus valores, con dignidad y honor. Es vivir en integridad ante ti mismo, no para demostrar nada a nadie, sino para sentir tu propia plenitud y sentirte en paz contigo mismo.

Y ahora dime tú: ¿cuándo fue la última vez que optaste por arriesgar y vivir de verdad? Déjame tu reflexión el zona de comentarios.

Fuente: https://javieririondo.es/2018/05/06/arriesgar/

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