27/03/2025

Tratado fronterizo de los Pirineos de 1659


El Tratado de los Pirineos, también llamado Paz de los Pirineos, fue pactado por las coronas de las Monarquías española y francesa el 7 de noviembre de 1659 para poner fin a un conflicto iniciado en 1635, durante la Guerra franco-española de 1635-1659. La firma tuvo lugar en la isla de los Faisanes, sobre el río Bidasoa, lugar que hace frontera entre ambos reinos.

Francia inició este enfrentamiento contra España como consecuencia de las victorias obtenidas por los Reales Tercios de Infantería durante el transcurso de la Guerra de los Treinta Años contra los rebeldes holandeses, en 1620, y contra los suecos en Nördlingen, en 1634.

pintura tratado pirineos españa francia luis felipe
ENCUENTRO ENTRE FELIPE IV DE ESPAÑA Y LUIS XIV DE FRANCIA

En 1640, Francia comenzó a interferir en la política española, apoyando a los catalanes durante la sublevación de Cataluña, al tiempo que España apoyaba la Revuelta de la Fronda, en 1648. En las negociaciones de la Paz de Westfalia, en 1648, que pusieron fin a la Guerra de los Treinta Años, Francia se anexionó los territorios de Alsacia y Lorena, cerrando el llamado Camino Español que unía las posesiones españolas en Italia y en Flandes a través de Suiza y el Franco Condado. Todo esto llevó a una guerra abierta entre Francia y España.

Después de diez años de guerra, Francia venció a la Armada española en la batalla de las Dunas, en 1658. La paz se firmó un año después en la isla de los Faisanes, siendo los signatarios Luis de Haro, representante de Felipe IV de España, y el cardenal Mazarino, representante de Luis XIV de Francia.

En la frontera del norte, Francia recibió el condado de Artois y una serie de plazas fuertes en Flandes, Henao y Luxemburgo, entre las que se encontraban Metz, Toul y Verdún. Los franceses devolvieron a España el Charolais, situada en el Franco Condado, y las conquistas de Italia. En la frontera catalana del sur, se concertó la cesión a Francia del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña, situados en la vertiente septentrional de los Pirineos y que las tropas francesas habían ocupado en apoyo de los sublevados catalanes. La frontera con España se fijó desde entonces siguiendo los montes Pirineos, salvo en lo que se refiere al diminuto enclave de Llivia.

isla faisanes bidasoa tratado pirineos frontera españa francia
ISLA DE LOS FAISANES EN EL RÍO BIDASOA

El tratado también preveía la boda entre Luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, hija de Felipe IV de España, cuya dote se fijó en medio millón de escudos de oro, a cambio de renunciar a sus derechos sucesorios al trono de España. Esta compensación no se pagó nunca, sirviendo de excusa a Luis XIV para anular el tratado e iniciar nuevas hostilidades, siendo uno de los factores que llevó a la Guerra de Sucesión Española en 1702.

La Paz de los Pirineos se completó un año después por el Tratado de Llivia de 1660, que acordó el paso a soberanía francesa de treinta y tres pueblos y lugares del valle de Carol y el Capcir, quedando el enclave de Llivia bajo dominio español. De esta forma se fijó de un modo más preciso la división de la Cerdaña entre España y Francia.

23/03/2025

Cruzada de Teobaldo II de Navarra a Túnez


Teobaldo II el Joven pasó a la historia de Navarra por convertirse en un auténtico rey cruzado. El conde Champaña y rey de Navarra había sido alzado en el trono gracias al apoyo del rey Luis IX de Francia, su principal mentor.

En marzo de 1267, reunido en París en una asamblea ante sus nobles, juró el voto de cruzada y tomar parte en la campaña militar tal como le habían pedido los papas Urbano IV y Clemente IV. Fue decretada la octava cruzada. Se había adelantado unos días al juramento de su suegro y protegido Luis de Francia. Una segunda ceremonia tuvo lugar el 5 de junio de 1267 ante un legado papal en Notre-Dame de París, donde el rey Teobaldo II de Navarra, que también había tomado la cruz, estuvo presente.

Lo siguiente que hizo Teobaldo fue la recogida de fondos para la campaña, ejerciendo peticiones a sus súbditos del Reino de Navarra y del Condado de Champaña. El llamamiento no causó mucho entusiasmo ya que no se presentaron ni una docena de caballeros. Consta con seguridad la participación de cuatro navarros, dos de ellos clérigos, Simón de Val y Pedro López de Sarria, y dos caballeros, García Martínez de Uriz y Alfonso Díaz de Falces, testigos del testamento otorgado por Teobaldo en Túnez, en noviembre de 1270.

TEOBALDO II DE NAVARRA

El objetivo estratégico de la cruzada era la defensa del reino cristianos asentado en tierras sirias, que estaba siendo hostigado por el Sultanato de Egipto. Poco antes de embarcase, la campaña empezó a perder visión de su cometido real. La primera acción fue un ataque sobre Túnez, algo incomprensible ya que este reino moro mantenía relaciones pacíficas con los cristianos de Castilla y Aragón.

Fue Luis quien decidió que el nuevo objetivo fuese el Emirato hafsida de Túnez, en lugar de Siria, porque habían recibido informaciones de que el rey Al-Montasir pretendía convertirse al Cristianismo. Pero seguramente que también por presiones de Carlos de Anjou, quien ambicionaba fundar el Reino de África, una prolongación cristiana de sus dominios sobre el norte de este continente y cortar las rutas comerciales de la Corona de Aragón en la zona tunecina del Mediterráneo. Una vez conseguido Túnez, la cruzada retomaría el objetivo primario a la conquista de Egipto.

En julio de 1270, Teobaldo y Luis se reunieron en Cerdeña, junto al francés estaba su hijo y heredero el delfín Felipe. Una potente flota y bien organizada zarpó una semana después de Aigues-Mortes, desembarcando cerca de Cartago, y tomaron una pequeña fortaleza costera. Al día siguiente, una segunda flota al ando de Teobaldo II zarpó de Marsella. Y ambas flotas se unieron en Cagliari, en la costa sur de Cerdeña. Los Ejército de Luis y Teobaldo comenzaron la expedición antes de que llegara el refuerzo de Carlos de Anjou, rey de Sicilia y hermano de Luis.

TEOBALDO DE NAVARRA DE CRUZADA

Pero el plan no salió como estaba previsto y los moros empezaron a asediarles, y con el pretexto de querer convertirse al Cristianismo, primero se acercaba y luego atacaban. Después, recibieron refuerzos y comenzaron a atacar de forma directa. En el Ejército franco-navarro escaseaban los víveres y había estallado una epidemia de peste, que llegó a afectar a algunos magnates galos e incluso al propio rey Luis IX, falleciendo en agosto.

Aun así, resistieron hasta la llegada a Cartago de Carlos de Anjou, que rindió homenaje al nuevo rey de Francia, Felipe, y a uno de los grandes señores de aquel reino, Teobaldo IV de Champaña y II de Navarra.

A comienzo de septiembre, los cruzados continuaron la ofensiva, y dieron un importante golpe cerca de la laguna y el castillo en el que se protegían. Por lo que ambos ejércitos mantuvieron una posición de equilibrio militar hasta firmar una tregua. De esta forma, los cristianos aganaban tiempo a la espera de la llegada de los refuerzos del príncipe Eduardo III de Inglaterra.

El 1 de noviembre, Teobaldo II formalizó un contrato comercial con el sultán de Emirato hafsida de Túnez, Abu Abd Allah Muhammad al-Mustansir. En el acuerdo, el arzobispo de Narbona condenó la capitulación al considerar que habían vendido la Cruz por un tributo al rey moro. Por otra parte, el rey de Sicilia consiguió recibir una indemnización por el de Túnez.

CRUZADOS EN TIERRA SANTA

Cuando llegó la expedición de Eduardo era demasiado tarde. Teobaldo II había tomado la decisión de regresar a tierras cristianas para rearmase todas las partes cristianas involucradas en la cruzada, que había resultado un fracaso.

El 4 de diciembre, ya estaban en el puerto de Palermo, juraron reemprender la misión. Pero Teobaldo había enfermado de disentería, muriendo el 4 de diciembre en el convento de Trápani. Su cuerpo su llevado por el rey de Francia hasta Provins, y enterrado en el convento de Les Cordeliéres.

18/03/2025

Catalina de Erauso


Alférez del Tercio de Infantería del Perú y monja en San Sebastián, conocida como la Monja Alférez, luchó en la Guerra de Arauco donde ganó gran prestigio por haber recuperado una bandera española arrebatada por los mapuches

CATALINA DE ERAUSO

Catalina de Erauso y Gallárraga nacida en San Sebastián en 1592. Era hija del militar Miguel de Erauso y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años, fue internada en el Convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora. Allí pasó su niñez y su adolescencia, llevando una austera vida monacal de oración y disciplina.

Sin embargo, su carácter inquieto y rebelde no era muy apropiado para la vida enclaustrada. Tras una pelea con una novicia, en la que recibió varios golpes, fue encerrada en su celda de la que escapó disfrazada de campesino, marchándose del convento para siempre en 1607.

Ya no abandonó su disfraz, su identidad desapareció. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Su aspecto físico le ayudó a ocultar su condición femenina ya que fue una mujer de gran estatura, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle escribió sobre ella que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". También se escribió que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad.

Desde entonces, pasó a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida, hasta que llegó a Valladolid, y de nuevo, a Bilbao. Finalmente, llegó a Sanlúcar de Barrameda, y se embarcó trabajando como grumete en uno de los grandes navíos de la Carrera de Indias que traen a España la plata extraída de las minas americanas. Curiosamente, el patrón de esa nave era Esteban Eguiño, tío de Catalina, aunque aquel nunca reconoció a su sobrina.

Desembarcó en Araya (Venezuela) y marchó a Cartagena (Colombia), en el Virreinato de Nueva Granada. En América desempeñó diversos oficios, primero trabajó en Trujillo, más tarde, llegó a Lima, en el Virreinato del Perú. Allí se alistó como soldado en el Tercio de Infantería del Perú bajo el mando de distintos capitanes.

ITINERARIO DEL VIAJE DE ERAUSO POR AMÉRICA DEL SUR

En 1619, viajó a la Capitanía general de Chile, donde, al servicio del rey de la Corona hispánica, participó en diversas guerras de conquista. En la Guerra de Araucco contra los mapuches, consiguió ganarse la fama de valiente y hábil con las armas, estacada en el combate y sin revelar que era una mujer. Durante una batalla, en un acto de valor heroico recuperó la bandera de su Tercio de Infantería que les habían arrebatado. En este lance recibió tres flechazos y una lanzada, por los mapuches, siendo ascendida con el grado de alférez por sus mandos.

Así relató su hazaña:
"Llegándoles socorro, nos fue mal y nos mataron mucha gente y capitanes, y a mi alferéz, y llevaron la bandera. Viéndola llevar, partimos tras ella yo y dos soldados de a caballo por medio de gran multitud, atropellando y matando, y recibiendo daño: en breve cayó muerto uno de los tres. Proseguimos los dos. Llegamos a la bandera, cayó de un bote de lanza mi compañero. Yo recibí un mal golpe en una pierna, maté al cacique que la llevaba y quitésela, y apreté con mi caballo, atropellando, matando e hiriendo a infinidad, pero malherido y pasado de tres flechas y de una lanza en el hombro ixquierdo, que sentía mucho."

Catalina descubrió que uno de sus mandos militares era su hermano Miguel de Erauso, el cual no consiguió reconocerle pues tenía dos años cuando él marcho a América. Por otra parte, ella no reveló su identidad, pero si que le estuvo comentando que era de su misma ciudad y de lugares comunes. Miguel acogió a Catalina en su tropa, persuadido de tener junto a sí a un paisano, además con notables virtudes militares.

Durante estos años se vio envuelta en numerosas peleas y disputas. Fue amante del juego, los caballos y el galanteo con mujeres como era normal entre los soldados españoles de la época. Pronto se ganó la fama de duelista arbitrario y peligroso espadachín. En el Virreinato del Río de la Plata fue condenada a muerte por un duelo en el que mató a su contrincante. Ya en el cadalso y con la soga al cuello, fue dada orden de liberación por haber confesado los falsos testigos que habían provocado su detención.

CATALINA DE ERAUSO Y BANDERA DE ESPAÑA EN 1619

En 1615, en la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante uno de esos duelos. Tras el intercambio de golpes su amigo y su contrincante cayeron heridos al mismo tiempo. Según el protocolo, los oponentes continuaron el combate, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su identidad, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel de Erauso, sólo pudo huir.

Continuó enrolada en los campos de batalla de Chile y Perú, en Tucumá, Potosí, La Plata, Cochamba, Cruzco, Huamanga...

En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que no podía ser ajusticiada por ser mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento.

Ella misma lo narró así:
"Señor, la verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana, que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui al tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a para en los presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima."

Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen y la demostración de tan extraordinario arrojo, recibió el apoyo del eclesiástico, quien evitó que Catalina fuese castigada por ejercer una falsa identidad e instalándola en el convento de Santa Clara de Huamanga, con el hábito correspondiente, bajo su tutela.

CATALINA DE ERAUSO Y LA GUERRA DE ARAUCO

El asunto llegó a oídos de la Corte, donde se interesan, no por la monja Catalina, sino por el heroico alférez de la Guerra de Arauco. En traje de civil, regresaba embarcada en la Armada del general vascongado Tomás de Larraspuru, natural de Azcoitia, que había prestado extraordinarios servicios a España limpiando de piratas el mar Caribe.

Fue recibida con honores por el rey Felipe IV, sorprendido gratamente por la historia de la donostiarra. El llamado "Rey Planeta", le confirmó su graduación y empleo militar, la llamó "monja alférez", autorizándola además a emplear su nombre masculino y le concedió una pensión de ochocientos escudos de renta.

El memorial que dirigió Catalina al rey para solicitar su ayuda comenzaba con estas palabras:
"Señor: el alférez doña Catalina de Erauso, vecina y natural de la villa de San Sebastián, privicia de Guipúzcoa, dice: que en tiempo de diez y nueve años a esta parte, los quince ha empleado en servicio de Vuestra Majestad en las guerras del reino de Chile e indios del Perú, habiendo pasado a aquellas partes en hábito de varón, por particular inclinación que tuvo de ejercitar las armas en defensa de la fe católica y emplearse en servicios de Vuestra Majestad."
Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras se extendían por Europa, Catalina viajó a Roma, quizás para arreglar de la mejor forma posible su extravagante situación personal. El papa Urbano VIII, le recibió en audiencia, escuchó su historia y le autorizó, de forma excepcional, a continuar usando su vestimenta de hombre, pero sin reincidir en más delitos y alborotos.

De esta forma lo escribió:
"Partí de Génova a Roma. Besé el pie a la Santidad de Urbano VIII, y referíle en breve y lo mejor que supe mi vida y correrías, mi sexo y virginidad. Mostró Su Santidad extrañar tal cosa, y con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargóme la prosecución honesta en adelante y la abstinencia de ofender al prójimo. Hízose el caso allí notorio, y fue notable el confuso de que me vi cercado: personajes, príncipes, obispos, cardenales."

CATALINA DE ERAUSO Y LA GUERRA DE ARAUCO

También fue recibida por varios cardenales. Uno de ellos, el italiano Magallón, que no debía de sentir gran simpatía por los españoles, le dijo tras conocer sus aventuras que no tenía más falta que ser español, a lo que respondió la guipuzcoana:
"A mi me parece señor, debajo de la corrección que se debe a Vuestra Señoría Ilustrísima, que no tengo otra cosa buena."
Las jornadas italianas de Catalina, en efecto, fueron de fama y agasajo. Hasta que un día se cansó y marchó a Nápoles para embarcar de regreso a España. Su presencia en Nápoles también suscitó admiración. Paseando por el puerto de aquella ciudad, comentó en sus memorias que unas jovencitas acompañadas de unos mozalbetes quisieron burlarse de ella diciéndole: "Signora Catalina, dove si cammina?"; a lo que ella respondió: "A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas."

Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso, que hoy se encuentran en el Archivo de Indias.

Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoció reposo. En 1630, la monja alférez viajó de nuevo a América y se instaló en el Virreinato de la Nueva España, probablemente en la ciudad de Orizaba en el estado de Veracruz, donde regentó un negocio de arriera o transporte de mercancías entre México y Veracruz.

A partir de 1635, poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que fue asesinada, otros que murió sola entre sus asnos en los altos de Orizaba, otros que en un naufragio transportando una carga en un bote, y otros que se la había llevado el diablo.

CATALINA DE ERAUSO Y SAN SEBASTIÁN

15/03/2025

Leyenda de la colegiata de Ziortza de Gerrikaitz


Cuenta la tradición que en la vizcaína villa de Gerrikaitz, la población asistía a la misa en Santa Lucía de Gara el día de la Asunción de la Virgen de un año 968. Entonces, un águila tomó una calavera del osario y, volando, la trasladó hasta un lugar donde la dejó caer. Ese lugar es el actual emplazamiento de la Colegiata de Ziortza, la única en toda Vizcaya, y se consideró el hecho de su existencia como milagroso.

leyenda colegiata ziotrza gerrikaitz
COLEGIATA DE ZIORTZA

11/03/2025

Bajo pólvora y estrellas. Churruca y otros marinos vascos de la Ilustración


CHURRUCA Y OTROS MARINOS VASCOS DE LA ILUSTRACIÓN

Bajo pólvora y estrellas. Churruca y otros marinos vascos de la Ilustración
José María Unsain, María Dolores González-Ripoll y Mikel Lertxundi, Editorial Diputación Foral de Gipuzkoa, Untzi Museoa-Museo Naval, San Sebastián (2000), 161 páginas

Este trabajo fue promovido por Untzi Museoa-Museo Naval de San Sebastián, bajo la organización de José María Usain, la participación de Mikel Lertxundi y elaborado en estrecha colaboración con María Dolores González-Ripoll, historiadora que ha dedicado gran parte de sus esfuerzos de investigación al estudio de las expediciones de la Ilustración española.

La asociación de la figura de Cosme Damián Churruca y Elorza con el combate de Trafalgar resulta inmediata como excluyente. Convertido en paradigma de hombre valeroso, los libros escolares incluían junto a su efigie frases de este tipo: "Churruca, héroe de Trafalgar, sacrificado a la ineptitud del mando francés" (Historia, 4º de Bachillerato, S.M., 1963). Para la gran mayoría el timbre de gloria del apellido Churruca deriva exclusivamente del temple y arrojo que Cosme Damián puso de manifiesto al batirse contra una fuerza naval muy superior: el San Juan Nepomuceno, instrumento de su hazaña y su leyenda, enfrentado a seis navíos británicos. Las nubes de pólvora de Trafalgar y un enfoque histórico tendente a enfatizar los hechos de armas difuminaron sus aportaciones de orden científico en el contexto de las expediciones del siglo XVIII. El conocimiento de su trabajo en este campo quedó reducido al círculo de los especialistas en la historia de la época o del tema en cuestión.

Divulgar el trabajo desarrollado por Churruca en el ámbito de los reconocimientos hidrográficos se planteaba en consecuencia como una labor pendiente de realizar, que encajaba en el programa de exposiciones temporales y ediciones del Untzi Museoa-Museo Naval de San Sebastián. En el proceso de maduración del proyecto la dirección planteó la posibilidad de extenderse también a otros personajes vascos ligados al mar, que tenían en su haber un trabajo de índole científica de la entidad equiparable a la de Churruca y que, popularmente, eran incluso menos conocidos.

A pesar de que la biografía de Churruca es altamente representativa de la trayectoria y el modo de vida de los marinos de la Ilustración, se optó por tratar de ofrecer al mismo tiempo una visión panorámica de la aportación vasca a las expediciones científicas del siglo XVIII. Así pues, el área de trabajo se vio ampliado y llevó a incluir información sintética sobre la vida y obra de José Iturriaga, Santiago de Zuloaga, Juan Francisco Aguirre, Andrés Oyarvide, Domingo Bonechea, Ventura Barcaíztegui, José Moraleda, Bruno de Hezeta, Manuel Agote, José Mazarredo y José Joaquín Ferrer. La nómina de "marinos científicos" resulta sin duda incompleta, pero puede resultar válida como aproximación inicial. Tiempo habrá para dar entrada a otros personajes que aún permanecen en la penumbra historiográfica: Ignacio Arteaga, Francisco Eliza, Juan José Elizalde, José Joaquín Ezquerra, Isidro Cortázar, etc.

Quedan fuera de esta relación aquellos marinos del siglo XVIII que tuvieron una trayectoria marcadamente militar, protagonistas de terribles jornadas bélicas, como Blas de Lezo, Francisco Hidalgo de Cisneros, Antonio Areyzaga, Ignacio Mendizábal, Pablo Agustín Aguirre, Ignacio Olaeta, José Lorenzo Goicoechea, Tomás de Ayalde, Manuel Emparan, Baltasar Gomendio, José Manuel de Goicoa o Pedro Mendinueta. Tampoco figuran en ella, aunque en el libro incluye alguna mención, otros como Manuel de Guirior, Ignacio María de Álava, José Ramón de Gardoqui o Luis María Salazar, marinos con muchos días de mar y guerra de experiencia, que tuvieron ocasión de poner de manifiesto su formación y mentalidad ilustrada, y llegaron a desempeñar cargos de trascendencia política. La revisión contemporánea de sus biografías tendría sin duda un considerable interés histórico, humano y hasta literario.

Los personajes objeto de atención en este libro en su mayor parte se trata de marinos formados en las Academias de Guardiamarinas e integrados en la Real Armada. Las empresas científico-técnicas del siglo XVIII español estuvieron en buena medida vinculadas al ejército y a la marina. En cualquier caso, la red de conexiones entre instituciones civiles y militares se percibe con claridad repasando simplemente el listo de miembros de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País o estudiando los vínculos que mantuvieron José de Iturriaga, Manuel Agote o José Joaquín Ferrer con la Armada y las Compañías comerciales de Caracas y de Filipinas.

Los viajes hidrográficos y de descubrimiento organizados por la Corona española en el siglo XVIII responde en primera instancia a intereses geoestratégicos y comerciales muy concretos, pero su contribución al conocimiento de la geografía, la etnografía y las ciencias naturales de América y Filipinas constituye una realidad innegable. La gran cantidad de cartas, mapas, diarios y relatos de viaje generados en torno a las expediciones marítimas conforman un legado de indudable entidad cultural. La satisfacción de prestar servicio a un rey, a una nación o a un imperio que exteriorizan los marinos que tomaron parte en los viajes de carácter científico, resulta compatible con la conciencia de trabajar en favor de la humanidad. En los escritos redactados durante la expedición hidrográfica a las Antillas, Churruca expresa en varias ocasiones el convencimiento de que sus levantamientos cartográficos eran útiles a la Monarquía y al "bien general de la humanidad".

El cosmopolitismo y el anhelo de progreso y felicidad universales, frutos del pensamiento ilustrado, se encuentran sin duda en la raíz de esa voluntad de contribuir al bienestar general mediante el desarrollo científico-técnico, voluntad que manifiesta con suma nitidez el astrónomo y geógrafo José Joaquín Ferrer. Tratando de precisar la finalidad de sus trabajos hidrográficos escribió en 1792:
"Todo el que tenga alguna noción del arte de Navegar, conocerá los graves perjuicios que puede acarrear un error en la verdadera situación de las tierras que tiene que descubrir el navegante; que la confianza en una posición errada puede ser causa de la pérdida total de una expedición… El deseo de contribuir al bien de la humanidad ha sido la única causa que me ha movido a tomar el trabajo de recopilar unos cálculos tan áridos como necesarios."

(Posiciones geográficas de varios puntos del seno Mexicano, Antillas y Azores, manuscrito del Museo Naval, Madrid)

El objetivo que pretende alcanzar Untzi Museoa-Museo Naval con este libro es contribuir a un mayor conocimiento de la vida y la obra de algunos de aquellos marinos que en palabras de Pío Baroja construyeron "la parte más brillante de la historia vasca".

05/03/2025

Juan de Zuazola e Idiáquez


Juez de la Audiencia de Sevilla en 1559 y oidor de la de Valladolid en 1567, miembro del Consejo de Órdenes en 1572 y del Consejo de Castilla en 1582, y obispo de Astorga en 1589

JUAN DE ZUAZOLA E IDIÁQUEZ

Juan de Zuazola e Idiáquez era natural de Azcoitia, Guipúzcoa, donde nació en la primera mitad del siglo XVI. Su padre, Pedro Zuazola, fue consejero real y miembro del Tesoro Real del emperador Carlos V, y su madre María Idiáquez y Loidi. Además de Pedro, tuvo como hermano a Francisco Zuazola y Idiáquez, miembro del Consejo de Estado y oidor en la Chancillería de Valladolid.

Realizó estudios de derecho canónico en la Universidad de Salamanca, la más prestigiosa en la España del Renacimiento y una de las más avanzadas de Europa gracias a las aportaciones de su escuela jurídica y filosófica.

Pero sería en la ciudad de Sevilla, donde iniciaría su carrera burocrática en la administración del rey Felipe II. El 12 de marzo de 1559, fue nombrado juez de grados en la Real Audiencia de la ciudad hispalense. Entre otras autoridades, pudo conocer a Antonio Rodríguez de Pazos, general inquisidor de Sevilla y más tarde presidente del Consejo de Castilla.

Entre los años 1567 y 1572, Zuazola estuvo trabajando en la Chancillería de Valladolid, bajo el cargo de oidor.

En septiembre de 1572, recibió el acceso como miembro del Consejo de Órdenes, tras conseguir merced de título en Alcántara. En este órgano de poder actuó como presidente interino durante el interregno que se produjo entre la marcha de Antonio de Padilla y la llegada a la presidencia de Francisco Zapata de Cisneros, el primer conde de Barajas.

En febrero de 1579, Felipe II le concedió el patronato de la Iglesia de Santa María de Azcoitia, su ciudad natal, que diez años después, en 1589, le sucedió a su sobrino Martín de Idiáquez y Ortiz de Balda, secretario real del Consejo del Norte.

Durante su carrera burocrática, intentó en varias ocasiones acceder al Real Consejo de Castilla, sin resultados. Por fin, en noviembre de 1581, fue aceptado, y al año siguiente oficializado. Durante su consejería, Zuazola se implicó en varios asuntos, entre las que destacó su presidencia del Honrado Concejo de la Mesta, en el año 1587.

Por contra, sufrió algunos enfrentamientos con Zapata de Cisneros, cuando esté tomó el control del Real Consejo castellano, quien promovió que se enviase al guipuzcoano a algún obispado, desde febrero de 1587.

Así, en 1589, Zuazola fue requerido para dirigir el Obispado de Astorga, ciudad a la que llegó el 2 de septiembre. Poco tiempo después, el 1 de noviembre de 1590, Juan de Zuazola e Idiáquez falleció durante una visita a la localidad zamorana de Santa María de Tera. Fue enterrado en la catedral de Astorga.

Su hermano Francisco Zuazola y Idiáquez estudió en la Universidad de Salamanca e ingresó en el Colegio Mayor de Cuenca. En enero de 1577, fue nombrado oidor de la Audiencia y Chancillería Real de Valladolid, oficio que juró en febrero del año siguiente. Allí estuvo hasta que pasó a ser miembro del Consejo Real de Castilla, hasta agosto de 1589, fecha de su muerte.

01/03/2025

Alegoría de la defensa de Filipinas por el alavés Simón de Anda y Salazar


Alegoría de la defensa de Filipinas por el alavés don Simón de Anda y Salazar es un óleo sobre lienzo pintado en 1762, cuya autoría es desconocida. Tiene unas dimensiones de 238,5 centímetros de alto por 335 de ancho, y se expone en una sala del Museo de Bellas Artes de Álava en Vitoria.

El magistrado en la Audiencia de Manila, el alavés Simón de Anda y Salazar, se distinguió en la resistencia española del archipiélago, siendo el principal artífice de la permanencia en el Imperio español.

Tras ser apresado el gobernador en funciones Manuel Antonio Rojo, el oidor Anda se proclamó de manera interina gobernador y capitán general de Filipinas desde 1762 a 1764, en la ciudad de Bacolor de Pampanga, en la isla de Luzón. Desde allí, encabezó un movimiento de resistencia al invasor, a quien mantuvo sitiado en la capital Manila y en el puerto marítimo Cavite, con la ayuda de españoles y nativos filipinos leales. Posteriormente, fue nombrado gobernador titular desde 1770 hasta 1776.

ALEGORÍA DE LA DEFENSA DE FILIPINAS POR EL ALAVÉS SIMÓN DE ANDA

El lienzo está dividido en 22 secciones que describen la defensa española de las islas Filipinas frente a un ataque de la Armada inglesa en 1762, aprovechando el contexto de rivalidad entre España y Gran Bretaña durante la Guerra de los Siete Años.

En el centro de la obra se encuentra un mapa del archipiélago y en su parte superior destaca un retrato de Simón de Anda junto a un ángel con trompeta anunciando la victoria española. En la parte inferior aparece un pergamino con un texto explicativo en español de la época sobre las 22 secciones. La letra está bastante desgastada y algunas palabras desaparecidas de forma parcial o total, por lo que es difícil su comprensión en algunas frases, resultando un mensaje ilógico o sin sentido.

También aparece el escudo real de Carlos III y el escudo nobiliario de Anda.

AÑO DE 1762

1. El día 4 de octubre a las 10 de la noche, estando sitiada la ciudad d Manila por los ingleses, salí de esta el oidor Simón de Anda y Salazar con Ricardo Villaseñor, abogado fiscal, y José de Villegas Flores, con real provisión de juez, visitador general de todas las provincias, y teniente de gobernador y capitán general.



2. El día 5 en la Provincia de Bucalan, inteligenciado de haber tomado por asalto en enemigo inglés la ciudad de Manila declara conservarle y continuarse en el solo la Real Audiencia, y que a esta correspondía el Gobierno y Capitanía

4. En contraposición la Real Audiencia Gobernadora declara a el Gobierno, y Consejo Británico de Manila por no vasallo de su soberano y ser piratas, y ofreció diez mil pesos a el que prendiese a cualquiera de sus individuos, o entregase sus cabezas.

A… Da Ord' la misma A … …ra que el cancill' de S. M. y de el Comercil, q trajo el Filipino y estaba… P… aquí por la Contra costa a Sa…fe con fig…



3. Declarado y publicado en 4 de noviembre el Consejo, y Gobierno Británico por rebelde a las dos Coronas Británica y Católica repitió este execrable exceso por 2ª y 3ª vez ofreciendo cinco mil pesos a quien lo entregasen vivo o muerto.



5. Convoca a Juna General a las dos Provincias de Bucalan y Pampariga en 7 de (…) da(…) y resuélvase en ellas conservar el país en la obediencia de su majestad católica … la posesión q pretendía por la cesión violenta que se le había hecho.



6. Acamparon dos regímenes de indios pamparigos, Bulaces en las cercanías de Midoro de Meislylo, avistados del enemigo, huyeron advertidos por el traidor Orendain, y los llevaron a Manila.



7. Descúbrase la conjura de los sangleses (chinos afincados en Filipinas) en Manila, y el 22 de diciembre. En batalla campal fueron vencidos con muchos muertos por ambas partes. Fueron presos más de 400 y por consejo de guerra padecieron la pena de degüelle.



8. Procuran los ingleses tener inteligencia con los pamparingos por medio del traidor Orendain. La Real Audiencia los descubrió, y el 16 de enero celebra Junta Provincial, y en ella queda acordado padezca el que delinquiere en infidencia, con lo que se evitó el peligro.



9. Tomó el enemigo en 23 de enero el pueblo de Bucalan, por haberse acabado la pólvora. El alcalde mayor Francisco Cavada, Francisco Ibarra y el fraile Agustín de la orden Agustinos Recoletos murieron matando. Fueron prisioneros pocos españoles e indios, y entregados a la crueldad de los chinos para que los matases. Quedan libres José Eslaba, Francisco Galán y treinta fusileros, con los cuales y los indios de la Pamparinga y Bucalan cedieron la Real Audiencia al enemigo, desampara este su puesto y huyó a Manila.



10. Rebelase la Provincia de Ylocos, engañada por Diego Silan, nombran a este por alcalde los ingleses. Espele al que estaba por rey, mata a los españoles, prende al obispo Iztariz y religiosos agustinos para degollarlos, ofree a la Real Audiencia Gobernadora mil pesos por la cabeza del traidor a Miguel Gerónimo Vicos, mata este al tirano de un trabucazo cargado por María Leonor Josefa India pral y mujer de Esteban de los Reyes natural de Cádiz en la primera refriega.

11. José de Busto, Francisco Galán, Mario Cabanillas y otros trece españoles combaten a dos mil chinos, ingleses y sipayes. Libertan al cura del pueblo de Quiapo quien someten crueldades. Pero vencidos con pérdida de muchos se retiraron precipitadamente a Manila, llevando los nuestros las campanas del pueblo a la fundación de la Pampariga.



12. En la fundación de Manila, mandado por José de Busto, sale derrotado el inglés. No obstante, fue desmontada la artillería y perdida la formación, el costado izquierdo ocupado por una compañía Pampariga.



13. La Provincia de Pangalihan se revela y envía a la Real Audiencia Gobernadora a Fernando de Araya a aplacarlos. Les gana el estandarte en Bayamban y se fingen reducidos para que se retirase la tropa española. Reinciden con más furor en la revuelta. La Real Audiencia procura atraerlos de paz, les ofrece en rehenes a Tomás de Anda, su hijo, no le admiten, matan al justicia mayor, pegan fuego al Convento de Calasian en cuia Torre se liberto el alcalde con dos españoles. Envía la Real Audiencia a Pedro Bonardel y a Mariano Anza y Urrutia con tropa para llevarlo todo a sangre y fuego, como se ejecutó libertando al alcalde y gobernador provincial el castigo.



14. Esta Audiencia Gobernadora su residencia en Bacolor, capital de la Pamparinga y planea la defensa de las islas, y fábricas de pólvora. Dispones de medios de beneficiar salitre, con que consigue hacer pólvora de mejor calidad que la de los ingleses.



15. Emprende fundición de artillería y lo consigue y establece para el mismo efecto.



16. Forma herrerías para la construcción y composición de armas y suministros de obras reales.



17. Consigue formar un lúcido Ejército de Infantería y Caballería española, con regimientos bojolanos y tagalos, con que se formó el real campo en el pueblo de Polo a cientos de leguas de Manila, al comandante José Busto.



18. Forma la Compañía del Príncipe y Cuerpo de Infantería amparo en Guaya pueblo de la Pampinga al mando de Fernando Araya.



19. Toman los ingleses el Convento de Orión en la Provincia de Batan, y son son rechazados por los españoles y naturales de ella comandante Pedro Boan.



20. Van los ingleses a Binan en la laguna de Bay, y son también rechazados por los españoles e indios.



21. Entra el ejército del rey a tomar posesión de Manila y a su frente el oidor Simón de Anda y Salazar con José de Busto.



22. En virtud de la cesión de las islas hecha a favor de los ingleses, estos señores de nombrados títulos de alcaldes y gobernadores de servidumbre del rey de Inglaterra. Lo que resiste interinamente, la Real Audiencia, Gobernación de su majestad entregan títulos que pertenecen.



23. Declarado de Anda por rebela a las dos majestades, despachan los ingleses. Persona, quien para evitar el peligro, aunque dio en audiencia, a todos fue con la preocupación de dos pistolas amartilladas y bayoneta sobre la mesa.



NOTA. Los militares vestidos de encarnado son ingleses, los demás españoles o indios.


25/02/2025

Título del Señor de Vizcaya


El Señorío de Vizcaya siempre estuvo encabezado por una persona ajena al mismo, en el sentido de no estar integrado en el sistema de linajes y bandos vizcaínos, pero se situó por encima de estos como autoridad suprema. Esta autoridad tenía un carácter jurisdiccional y, en cierto modo, estaba mediatizada por las Juntas Generales celebradas a requerimiento de los Parientes Mayores.

La autoridad señorial se vio difuminada a partir de 1379, ya que el señor de Vizcaya se convirtió en el propio rey de Castilla, y más tarde monarca de España, lo que hacía confundir a ambos poderes y beneficiar a los vizcaínos, en el sentido de alejar aún más la autoridad señorial respecto a su territorio.

Pero aunque difuminada, la autoridad del señor se mantuvo sobre el Señorío de Vizcaya, y su tenencia sobre las Provincias de Álava y Guipúzcoa, así como sobre sus habitantes, a los que aquel denominaba sus hidalgos y labradores o bien sus vasallos. Estos, en reconocimiento de su señorío y según su propia condición, le pagaban tributos o le prestaban servicios de armas.

Hidalgos del señor eran aquellos que prestaban servicios militares, recibiendo normalmente a cambio mercedes y privilegios. El resto de los vizcaínos eran pecheros del señor, quienes contaban a su vez con sus propios labradores, los llamados censuarios en la Baja Edad Media, a los que libremente podía donar o enajenar tanto a favor de otros nobles como de las villas.

señores Vizcaya Haro Lara Castilla
SEÑORES DE VIZCAYA JUNTO AL REY DE CASTILLA

Como señor jurisdiccional de Vizcaya obtenía rentas provenientes tanto de los pechos pagados por los habitantes de las villas y los labradores, como del ejercicio de la justicia, derechos derivados de los prebostes de las villas y, sobre todo, los derechos de las ferrerías, cobrando también algún censo más. Junto a esto, el señor gozaba también de ciertas propiedades: montes y seles, como queda de manifiesto en el Cuaderno de 1342, cuando se delimitó la propiedad que correspondía a los hidalgos y al señor.

No obstante, el señor de Vizcaya debía recibir sólo una parte, a veces mínima, de todos estos derechos. Tanto antes como después de que dicho Señorío recayera en la Corona, las donaciones eran abundantes y fueron aumentando a lo largo de todo el período. Ejemplos de este hecho los hay en abundancia y en ellos se donaba tanto determinadas cantidades de maravedís, generalmente para el mantenimiento de flotas mareantes que aseguren el apoyo armado del receptor, como monasterios con todos sus derechos.

Desde los siglos XI y XII, tanto los reyes de Navarra como los de Castilla, alternativamente, encontraron a veces resistencia en los señores de Vizcaya para imponer su dominio y autoridad. El historiador Juan Antonio de Ibarra cita varios casos:

1. Sancho VI el Sabio, rey de Navarra, fue rechazado en 1160 por Lope I Díaz de Haro

2. Fernando III el Santo, rey de León y de Castilla, llegó a Valmaseda pero se detuvo al pactar con Diego III López de Haro

3. Sancho IV el Bravo, rey de León y de Castilla, mató a su valido y gran jerarca en el Reino de Castilla, Diego IV López de Haro, en Alfaro, en 1288, y luego ocupó Vizcaya por la fuerza (salvo Orduña y Valmaseda), retirándose después.

4. Fernando IV, Alfonso XI y Pedro I, reyes de León y de Castilla, realizaron sucesivos intentos de ocupación de castillos y casas fuertes con el propósito de imponer su poder en el Señorío, fracasando en sus intentos.

SEÑORES DE VIZCAYA EN LAS JUNTAS DE GUERNICA

En aquellos tiempos, esto sucedía en muchas zonas de los Reinos de Castilla y Aragón, donde grandes magnates semi-soberanos imponían su poder por sus señoríos. Pero estos hechos se produjeron para imponer la autoridad real ante señores díscolos o por razones familiares en casos sucesorios; en ningún caso para suprimir libertades y fueros de que gozaran muchas regiones y villas de los reinos medievales. Por otra parte, los señores de Vizcaya, Haros o Laras, aceptaron siempre la autoridad superior de los reyes navarros o castellanos, de los que en cierto modo eran vasallos, con las rebeldías y cambios de bandos que eran corriente en aquellos tiempos.

Según Juan Antonio de Ibarra, el señor de Vizcaya era soberano e independiente en su territorio y vasallo de los reyes de Navarra o Castilla, sólo en los estados que les concedían en sus Reinos, pero no en el Señorío. Es un juego inteligente sobre ficciones jurídicas, pero sin peso histórico suficiente en relación a la realidad de los hechos. El propio Ibarra reconoce que:
"los vínculos y ligaduras entre los Señores de Vizcaya y los Reyes de Castilla fueron tantos que caminaron juntos en muchas empresas durante la Reconquista y parecieron en algunos momentos estar unidos políticamente."

"Relativamente soberanos e independientes" respecto a la Corona, señores de horca y cuchillo, con sus propias mesnadas, inclinándose por un bando o por otro, al servicio del rey o enfrentándose a él, lo fueron los Guzmán y los Ponce de León en Andalucía, los Fajardo en Murcia, los Pardo de Cela en Galicia, los Benavente en Zamora, los Mendoza en tierras de Guadalajara y de Madrid, etc., y fueros y privilegios tuvieron muchas ciudades. La diferencia con Vizcaya, muy importante históricamente y respetable en lo político y jurídico, estuvo en la especie de capitanía de lo vasco ancestral que tomó esta admirable zona vasconizada en la Edad Media, manteniendo con afán su singularidad histórica, que los reyes de Castilla, y de España después, no sólo aceptaron sino que juraron y conservaron.

Sepultura señor Vizcaya Casa Haro claustro monasterio Santa María Real Nájera
SEPULTURAS DE SEÑORES DE VIZCAYA