Real Madrid-Atlético, una eliminatoria de Copa del Rey que solo ofreció malos ejemplos

Publicado el 17 febrero 2014 por Aposilio @aposilio

Ambos encuentros demostraron lo que no debe ser el fútbol: vergonzosa actuación de algunos jugadores, falta de ambición de entrenadores, aficiones cobardes y una federación que imparte de todo menos justicia


Fuente: 91minutos.com

La eliminatoria de las semifinales de la Copa del Rey disputada por el Real Madrid y el Atlético de Madrid debería pasar a la historia como una de las más vergonzosas que se ha disputado en la historia de esta competición. En los dos encuentros celebrados, tanto en el del Bernabéu como en el del Calderón, se han visto actuaciones dignas del máximo desprecio por parte de todos aquellos a los que les guste el fútbol y defiendan la honestidad, la decencia, la valentía y la justicia. Solo los más forofos y los que piensan que todo vale con tal de conseguir la victoria estarán contentos con el espectáculo presenciado en ambos choques y sus consecuencias. Y lo peor de todo es que los protagonistas de este bochorno están repartidos entre todos los estamentos de este deporte: jugadores, entrenadores, árbitros, aficiones y Federación. No se libra ninguno de la nefasta imagen ofrecida al mundo.

Fuente: cuatro.com

Empecemos por los artistas del balón. El encuentro de ida de la eliminatoria jugado en el coliseo blanco fue de los más barriobajeros que se ha visto en las últimas temporadas. Las marrullerías, las entradas a destiempo, los golpes gratuitos, las provocaciones, los fingimientos y las impudicias se presenciaron por decenas durante los noventa minutos, y fueron muy pocos los jugadores que se mantuvieron al margen. Si se hubiera aplicado a rajatabla el reglamento de este deporte, más de la mitad de los protagonistas deberían haber sido expulsados por un colegiado que se vio completamente superado por la excesiva adrenalina supurada por gran parte de los contendientes. Y en el top de este nefasto ránking de indignidades se encuentra la asquerosa sonada de narices del madridista Pepe en el rostro del atletista Costa. Este ultimo es un impresentable, el jugador más sucio que se mueve hoy por los campos españoles, un bronquista de tomo y lomo, que entiende la virilidad de este deporte como la forma de hacer daño al rival a base de codazos, patadas o encontronazos. Lo atestiguan los continuos rifirrafes que ha mantenido con jugadores de todos los equipos a los que se ha enfrentado. Pero nada de esto faculta al central blanco para llevar a cabo una de las marranadas más vergonzosas que se ha visto en un campo de fútbol. Esa acción descalifica a su autor en todos sus términos, como profesional y como persona. Y como no es la primera vez que se le cruzan los cables, vuelve a evidenciar que no debería tener cabida en el club blanco.

Fuente: cuatro.com


En el siguiente escalón de culpables se encuentran el resto de pendencieros, empezando por Arbeloa, y siguiendo por Costa, Ramos, Godín, Raúl García, Alonso, Juanfran, Marcelo y Filipe Luis. Todos ellos y alguno más se dedicaron más a repartir estopa de los suburbios que a practicar lo que mejor deberían saben hacer, que es jugar al fútbol. No hubo córner, falta, choque o carrera en la que no se presenciara alguna acción reprensible: una patadita a escondidas, un codo suelto, un manotazo, un movimiento de hombro para provocar daño, un choque de cabezas cual berracos en celo, o reacciones desaforadas simulando daño o agresiones por ambos bandos. Daba igual que el balón estuviera en juego o fuera del campo. Todos ellos lanzaron la piedra y escondieron la mano como vulgares cobardes. Fue el típico partido que se debería mostrar en todas las escuelas de fútbol para dejar claro qué no se debe hacer y cómo no se debe portar un profesional de este deporte a la hora de ejercer su más que bien remunerado trabajo, que se supone que es lo mejor que saben hacer. Pero tras este lamentable espectáculo, hay que ponerlo en duda, pues todos, sin distinción, demostraron que dominan el manejo a la perfección de los bajos fondos de esta actividad deportiva. Si el árbitro se hubiera atrevido, no hubiera habido jugadores suficientes para terminar el enfrentamiento a su hora.

Fuente: ecodiario.eleconomista.es

Otra actuación sorprendente, a la vez que criticable y poco ejemplarizante, fue la actitud del entrenador atlético, Diego Pablo Simeone, al negarle a su afición el sueño de la remontada. Un técnico de espíritu rojiblanco como el que indudablemente luce el preparador argentino no puede dar por perdida una eliminatoria con el eterno enemigo sea el resultado que sea en su contra. Según han publicado algunos medios, el responsable del banquillo rojiblanco se negó a llevar a cabo una campaña para enardecer a su afición de cara al partido de vuelta e intentar una proeza metiéndole cuatro al Madrid para eliminarlo. El premio era nada menos que una final de Copa. El objetivo era sin duda muy complicado, pero en una eliminatoria de esta índole, Simeone no debería haber aplacado los deseos de remontada de sus seguidores. En ninguna de sus declaraciones antes del partido de vuelta animó a los suyos a vivir un ambiente de remontada. Y eso no cuadra con el espíritu antimadridista del que debe hacer gala un buen atlético. Ni siquiera el argumento de que dos semanas después vuelve el Real al Manzanares con la Liga en juego puede ser eximente de la máxima colchonera: al Madrid, ni agua. Y no es la primera vez que el preparador argentino entrega una competición. La temporada pasada ante el Rubín Kazan en la Liga Europea llevó a cabo algo parecido (leer en mi artículo), que le dejó marcado.

Fuente: 91minutos.com

Llegó el turno de las aficiones. Ni blancos ni rojiblancos pueden presumir de gallardía ni de exigencia. Más bien al contrario. Apenas se escucharon críticas del entorno merengue a la indecente actitud de Pepe frente a Costa cuando le lanzó los mocos, o a la patadita de Arbeloa al polémico delantero en el borde del área sin el balón en juego. El 3-0 lo justificó todo y la alegría por el resultado ocultó lo abyecto de esas agresiones, sobre todo la primera. Ningún madridista que se precie puede justificar dicha acción, aunque fuera ejecutada sobre un indeseable como es Diego Costa, quien no debería ser llamado por Del Bosque para formar parte de la selección española (las razones ya las expuse en otro artículo). Y en estos mismos términos debe ser criticada la animosa afición colchonera, que defendió por omisión al desalmado que alcanzó con un mechero a Cristiano Ronaldo. Esas acciones debería ser rechazadas de plano por cualquier amante de este deporte, y si al autor le hubieran entregado a la policía, se podría afirmar que la afición atlética rechaza esa violencia. Pero no fue así, más bien al contrario, pues le protegieron y nadie le ha querido reconocer para que reciba el justo castigo que se merece. Pero como la víctima fue el odiado Ronaldo, bienvenido sea el mecherazo. Esa falta de valentía simplemente iguala a los aficionados defensores con el agresor. Su denuncia y detección hubiera situado a los seguidores rojiblancos en el altar de los justos. Su ocultamiento les mancha en el fango.

Fuente: lavanguardia.com

Y por ultimo, el papel contemplativo de la Federación Española en el leve castigo impuesto al club colchonero por los órganos federativos que imparten justicia por la agresión a la estrella lusa. Una salvajada de ese calibre no debería sancionarse con unos simple 600 euros. Esa irrisoria cantidad es una invitación a seguir lanzando objetos al césped, pues sale muy barato. Dentro de la arbitrariedad con la que suele funcionar la institución que dirige Ángel María Villar, hay precedentes para todos los gustos por un acto de similar factura, ya que en algunos casos se han impuesto multas desde 300 euros, mientras que en otros se han llegado a cerrar estadios. Por eso, los antecedentes deberían dar lo mismo. La cuantía de la multa tendría que ser millonaria, para que se pusieran todos los mecanismos necesarios para impedirlas o minimizarlas. Y si no fuera la primera vez, la clausura del campo debería estar asegurada. Pero como esta federación funciona a golpe de amiguismo e influencias, el Atlético del bien relacionado Cerezo se ha salvado de un castigo más duro y justo.
En resumen, una eliminatoria digna de olvido, pues ha escrito una vergonzosa página en esta competición, firmada y ratificada por todos los estamentos de ambos clubes. Sin distinción. Y en la que, por cierto, se pudo producir una tragedia en la caída del defensa atlético Javier Manquillo en el choque en el aire con Ronaldo. El joven lateral pudo romperse el cuello al caer de mala manera. El encontronazo fue completamente fortuito y solo los forofos pueden acusar al delantero luso de ser el culpable. En el vídeo adjunto se puede comprobar claramente que no hubo mala intención. Gracias a quien sea, se quedó en un susto.

Alejandro Posilio
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