Y sin enrollarme más vamos con la receta de esta semana, brownies. Sí, ya sé, ya sé, hay mil recetas de brownies en internet. Esta no está sacada de ahí, es más, ésta está hecha a base de prueba y error, y os juro que tal como yo os lo cuento, están buenísimos porque conservan la esencia de un buen brownie: la capa de arriba crujiente a la vez que abizcochado por el centro y con un fuerte, y a veces empalagoso, sabor a chocolate. Gracias a mi pareja, vais a tener enumeración en las imágenes junto con la explicación, ya que a mi no se me había ocurrido que esto supusiera un mejor entendimiento de la entrada, pero realmente lo consigue. ¿Empezamos ya?
Para empezar vamos a precalentar el horno a 200 grados para que luego se hagan más rápido. Después ponemos en una cacerola al baño María* aproximadamente 150 gramos de chocolate para postres, en el formato que tengas, da igual si es en tableta o en gotitas como es mi caso. La idea es que se funda junto con 200 gramos de mantequilla, que equivale a casi una tarrina entera. (1)Mientras se funde eso a fuego lento lo vamos moviendo de vez en cuando (2) y mientras tanto podemos ir echando en otro recipiente más grande, para poder batirlo después, 80 gramos de harina, 200 gramos de azúcar y 4 huevos. (3)Cuando sea una masa ligera ya podremos juntarlo con el preparado que teníamos en la cacerola (2) añadirle unas gotas de esencia de vainilla y volverlo a mezclar. (4) *El baño maría consiste en poner una cacerola, que es aquella que tiene mango, dentro de una olla, que es la que tiene las asas, conteniendo esta última agua para que se caliente uniformemente lo que echemos dentro de la cacerola. Espero haberme explicado bien.
Espero que os haya gustado esta entrada, comentadme aquí en el blog o en la Página de Facebook si queréis más recetas o preferís DIY u otra cosa, porque me lo tomo muy en serio. Nos vemos el próximo viernes. Gracias por leerme y apoyarme simplemente con tu visita.