Este enigmático caso ya lo exploró desde el género documental con la miniserie "Asesinato en Schull" pero por algún motivo es un tema que no puede olvidar. De hecho, en esta película utiliza la ficción para ser narrador y expositor de todas las pruebas incriminatorias y exculpatorias que afectan al sospechoso Ian Bailey. De esta forma, en un ejercicio al más puro estilo "JFK" de Oliver Stone, dirige al espectador hacia teorías acreditadas y también ciertamente conspiranoides.
Utiliza al jurado popular para transmitir toda la incertidumbre y contradicción que rodea al caso. Con el referente de "Doce hombres sin piedad" (que nos recuerda hasta en las transiciones), como en prácticamente todas las películas que se acercan a este género, el director plantea dudas razonables que invitan a debatir al espectador.
No estamos ante una película especialmente original ni pretende serlo pero sí consigue el objetivo de poner sobre la mesa un caso que le atormenta y que necesita revisar una y otra vez. Y lo hace con el talento que le caracteriza, con actores de alto nivel como Vicky Krieps y un ritmo constante que no permite que aceche el aburrimiento.
Se puede discutir si esta película es necesaria o no, si es suficientemente relevante el tema como para llegar a juicios ficionados, pero no se puede poner en tela de juicio la capacidad de Jim Sheridan para generar debate, enganchar al público y ofrecer un más que correcto producto judicial que reabre un caso rodeado de misterio.
José Daniel Díaz
