La primera nevada llegó a Tremaya una madrugada silenciosa, de esas en las que uno despierta sin saber bien por qué. Quizá fue el viento que cambió de tono, quizá la casa que cruje distinto cuando pesa el frío. O quizá fue simplemente que recordé a mi abuela Ninfa, que siempre decía:—El invierno avisa, pero hay que saber escucharlo.Ninfa | Piedad IslaMe levanté y abrí la puerta con ese respeto