Recurso emocional: Los cuentos

Por Bergeronnette @martikasprez
No podía faltar entre los recursos para educar las emociones, el cuento. Hay infinidad de cuentos, y D. nos ha indicado un enlace en su fb, sobre los diversos cuentos que hay para reconocer las emociones y saber expresarlas.
Pero yo... Prefiero los cuentos personalizados para cada niño.
Siguiendo con el diálogo del post anterior, podemos hacer partícipes a los niños de historias en las que ellos sean los protagonistas. Es una manera divertida de sacar los miedos afuera, y de saber qué les preocupa. Puede ser un cuento infantil clásico al que cambiamos ciertos personajes, o una historia inventada en la que les damos el hilo de una situación, y ellos deben completar. Como padres, podemos aprender no sólo cómo se ven a sí mismos, sino también de qué manera resuelven los -sus- problemas.
Igualmente, una manera sutil de averiguar el motivo por el que está enfurruñado, o hiperactivo, o alegre, o frustrado -rellenar por la emoción del momento-, es contar una historia en la que se reproduzca el "incidente" que ha dado lugar a esa emoción, sin poner nombres, y dar posibles soluciones, o caminos para desentrañar el "misterio".
Ejemplo: Mi hija sale enfadada de clase, porque se ha equivocado en un ejercicio, y la maestra le ha dado un toque de atención. -> Había una vez una niña que iba al colegio. (como tú) Le gustaba pintar, jugar con los amigos en el patio y bailar. Estaba aprendiendo muchas cosas, y lo que más le gustaba era escuchar a la profesora y hacer los ejercicios, tal y como decía que había que hacerlos. Pero un día se equivocó. Y la maestra le riñó. (aquí es cuando la niña se da cuenta de que el cuento habla de ella, y presta más atención para ver la resolución de problemas que le propongo; pero no se la propongo yo, sino que le doy opciones). (Yo creo que la niña se equivocó porque no prestaba atención, o porque quería cambiar la norma, o porque no sabía cuál era la diferencia entre lo que había que hacer y lo que no. ¿Qué crees tú?)
Está basado en un caso real, mi hija confundió triángulos y cuadrados, y la maestra la riñó. (mal) Llegamos a la conclusión (el padre y yo) de que se había confundido y que no había entendido como tenía que hacer el ejercicio. Le dije que si no entendía como tenía que hacer un ejercicio, bastaba con preguntar, que el error es posible, y que todos nos equivocamos. Ella dejó de estar frustrada y no ha vuelto a equivocarse. Pero la educación, tanto emocional como la académica, muchas veces, se basa en el ensayo y el error.
¿Te ha gustado? Este mes, ¡Mamá qué sabe! continua su -nuestra- propia revolución, con el mes de las emociones, podréis leer muchos más recursos en su página de fb, así como durante estos días en mi blog. Animaos a participar y a comentar.