"Gente, que se despierta cuando aún es de noche y que cocina cuando cae el sol (...)". "Gente". Presuntos Implicados.El despertador es uno de esos inventos que nadie echaría de menos. Despertarse con un pitido estridente no puede ser bueno para la salud. Lo natural sería que las primeras luces del día se colaran por nuestra ventana y fueran iluminando suavemente la habitación. Sin embargo no hay casa en la que falte un despertador. Es algo indispensable cuando tus obligaciones no te permiten esperar el amanecer, cuando te tienes que levantar antes que el sol.
En la parada del autobús me encuentro con más personas como yo, con los ojos brillantes y somnolientos, que nunca me hablarán de la película o la serie de anoche porque era ya demasiado tarde para ver el final y no adormilarse en el sofá. Cada uno se espabila como puede, con música, dejando mensajitos en las redes sociales, leyendo en el e-book, pensando que los repartidores del periódico gratuito necesitan un despertador tempranero o sintiendo el aire frío de la mañana en la cara. Entonces un tímido resplandor convierte el negro del cielo en azul oscuro y lentamente comienza a aclararse hasta transformarse en rojizo.
Por suerte, siempre amanece y, aunque la ciudad o la autovía no es el mejor lugar para apreciarlo, el bello espectáculo acaba haciéndome pensar que ha merecido la pena el esfuerzo de madrugar más que el sol.